<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-445530617821665582</id><updated>2011-07-31T07:32:13.108+02:00</updated><title type='text'>Las Memorias de mi abuelo José Romero Aguilar.</title><subtitle type='html'>Guerra Hispano-Norteamericana 1898.
Rendición de Marianas. Capitulación de Manila.
Viaje: Agaña-Cavite-Manila-Agaña, 20 de Junio al 17 de Septiembre de 1898.
Memorias manuscritas que Jose Antonio y Federico Romero conservan de su abuelo José Romero Aguilar, medico militar destacado en las Marianas en las fechas que ocurrieron estos hechos. 
Las citadas Memorias serán el nucleo principal de este blog y se complementaran con otros escritos e información diversa.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://federico-romero.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://federico-romero.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00037866427259958103</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-445530617821665582.post-6866644986063104657</id><published>2009-07-14T14:10:00.000+02:00</published><updated>2009-07-14T14:10:25.174+02:00</updated><title type='text'>THE FILIPINO MIND</title><content type='html'>&lt;a href="http://thefilipinomind.blogspot.com/2005/11/mock-battle-of-manila-bay-beginning-of.html#comment-form"&gt;THE FILIPINO MIND&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/445530617821665582-6866644986063104657?l=federico-romero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://thefilipinomind.blogspot.com/2005/11/mock-battle-of-manila-bay-beginning-of.html#comment-form' title='THE FILIPINO MIND'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://federico-romero.blogspot.com/feeds/6866644986063104657/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=445530617821665582&amp;postID=6866644986063104657' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/6866644986063104657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/6866644986063104657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://federico-romero.blogspot.com/2009/07/filipino-mind.html' title='THE FILIPINO MIND'/><author><name>federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00037866427259958103</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-445530617821665582.post-2075858865631774987</id><published>2008-07-16T17:57:00.001+02:00</published><updated>2008-07-16T17:57:59.150+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHoYfAvDHfI/AAAAAAAAAAc/N6p1f-33FP4/s1600-h/MANILA000.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp3.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHoYfAvDHfI/AAAAAAAAAAc/N6p1f-33FP4/s400/MANILA000.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222513638941859314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/445530617821665582-2075858865631774987?l=federico-romero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://federico-romero.blogspot.com/feeds/2075858865631774987/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=445530617821665582&amp;postID=2075858865631774987' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/2075858865631774987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/2075858865631774987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://federico-romero.blogspot.com/2008/07/blog-post_16.html' title=''/><author><name>federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00037866427259958103</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHoYfAvDHfI/AAAAAAAAAAc/N6p1f-33FP4/s72-c/MANILA000.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-445530617821665582.post-8291285868231264496</id><published>2008-07-16T13:39:00.176+02:00</published><updated>2008-09-03T18:35:57.994+02:00</updated><title type='text'>RENDICION MARIANAS</title><content type='html'>&lt;em&gt;- 1 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;H&lt;/em&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;abíamos llegado al día 20 de Junio y nos encontrábamos ya impacientes por la venida del vapor-correo "Saturnus" procedente de Manila. Yo había recibido en días anteriores una comunicación del Gobernador Político-Militar, Teniente Coronel de Infantería Don Juan Marina, en la que me rogaba que, por enfermedad del médico titular de la provincia me hiciese cargo de la visita de Sanidad del Puerto que aquél desempeñaba, á cuyo oficio yo había contestado accediendo á lo que se me pedía, en atención á que el preferente servicio de la Enfermería militar no me impedía el cumplimiento de otros y principalmente el de visita de naves tan importante para la Isla, y para todos nosotros&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;en aquellos días en que esperábamos el correo de Manila con las tan ansiadas noticias de esta capital, de España y del resto del mundo, de las cuales carecíamos hacía ya dos meses. Y en efecto, el día 18 ya había tenido yo ocasión de desempeñar el citado servicio de Sanidad marítima dando entrada en el Puerto de San Luis de Apra á la goleta japonesa "Minatogawa" de 130 toneladas, que procedente de Carolinas Orientales se dirigía á Yokohama haciendo escala en nuestra Isla de Guajam; dicha goleta permaneció anclada en el puerto durante los sucesos que he de relatar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Poco después de amanecer en el día 20, ya citado, yo no sé quién fué el primero en divisar los barcos y en dar la noticia, ni en qué forma, sólo recuerdo que fuí avisado, en mí propia casa, por un ordenanza y en nombre del Gobernador, de que había varios vapores á la vista de la Isla y que al parecer se dirigían al Puerto. Vestí de uniforme y saliendo en dirección á la playa, me encontré al Gobernador con los P.P. Recoletos Fr. Francisco Resano, Vicario de Agaña y Fr Crisógeno Ortin que lo era de Merino y que accidentalmente se hallaba en la Cabecera, dirigiéndonos todos á la orilla del mar desde donde pudimos observar, en efecto, cuatro grandes vapores que llevaban rumbo á S. Luis de Apra, único puerto habilitado en la Isla. Pocas veces, casi ninguna, se habían visto reunidos en Marianas tal número de barcos y de tal tonelaje y, por consecuencia, la gente del pueblo que en la playa había estaba poseida de la más viva curiosidad, y todo era comentarios y conversaciones acerca de la nacionalidad probable de los buques y el objeto que por alli podría traerles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vista la dirección de los barcos y su proximidad á la Isla era evidente su entrada en el Puerto, y por lo tanto, previa la autorización del Gobernador salí inmediatamente de Agaña en el carruaje de el Administrador de Hacienda de Marianas Don José Sixto, acompañado de este y del P. Crisógeno Ortín llegando á la media hora á el embarcadero de Punta Piti, en San Luis de Apra, donde nos reunimos con el &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 2 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Capitán del Puerto Teniente de Navío, Don Francisco García y Gutierrez que por motivos de salud residía temporalmente en dicho puerto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A nuestra llegada todavía no se habían divisado desde Piti los vapores, pues se encontraban entonces ocultos por la pequeña isla de Cabras, pero al poco tiempo pudimos ver el primero de ellos que avanzaba por detrás de esta y que inmediatamente después enfilaba la bocana de Punta Orote, entrando por fin en el puerto y fondeando á corta distancia de ella; los demás buques destacados ya de la isla de Cabras, quedaron manteniéndose sobre la máquina, fuera del fondeadero, pero próximos á él. (Vease el croquis).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHpLNg9g7_I/AAAAAAAAAA8/ulJ82LFaZCM/s1600-h/FILIPINAS002.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222569413447839730" style="width: 384px; height: 254px;" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHpLNg9g7_I/AAAAAAAAAA8/ulJ82LFaZCM/s400/FILIPINAS002.jpg" border="0" width="351" height="174" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;-------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No menor de la que nosotros traíamos de Agaña fué la sorpresa del Capitán del Puerto al saber lo que ocurría, y entretanto se alistaba el pequeño bote de dotación de la Capitanía para marchar á bordo, seguíamos haciendo comentarios y emitiendo opiniones sobre el asunto; todos mirábamos el barco que acababa de fondear, el cual era un crucero de guerra con dos palos militares pintado de color oscuro y cuya silueta proyectada sobre el follaje y vegetación de la península de Orote impedía la clara distinción de su completa arboladura y los detalles de su artillería, á lo que contribuía también, y no poco, la distancia á que el barco se encontraba y la bruma de la mañana, que estaba nublada y poco clara; sin embargo, con la ayuda de anteojos de gran alcance pudimos observar tenía arbolada la bandera de los Estados-Unidos de la América del Norte.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nos disponíamos á embarcar en el bote sin sospechar siquiera lo que pocos momentos después habíamos de saber, y sobre todo después de haber oido la opinión del Capitán del Puerto, según la cual aquella&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- 3 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;flota americana vendría de paso para los puertos de la costa de China visitando al mismo tiempo algunos de los nuestros á fin de entibiar la tirantez de relaciones que desde algún tiempo antes venía existiendo entre los Estados-Unidos y España.&lt;/em&gt; &lt;em&gt;En este mismo instante observamos que el crucero empezó á hacer disparos que eran confusamente oidos en el sitio donde nos encontrábamos á causa de la contraria dirección del viento, pero se distinguían perfectamente los fogonazos; trece cañonazos pudimos contar, y aunque ya tan extraño número de disparos podía habernos hecho sospechar algo, ó por lo menos causarnos extrañeza, nada de esto ocurrió sino que al contrario, según el mismo Sr. García y Gutierrez los barcos "venían como amigos y aquellos disparos eran las salvas de ordenanza saludando á la Plaza". Y la verdad, poco acertado estuvo aquél día en sus opiniones el Capitán del Puerto, pues claramente se vé que hubo detalles más que suficientes para sospechar, de modo evidente, antes de nuestra llegada á bordo del crucero lo que ocurrió después; verdad es, también que la ignorancia en que estábamos de lo que pasaba por el resto del mundo desde hacía dos meses, la sorpresa de encontrarnos, en vez del correo de Manila, con cuatro vapores americanos de tal tonelaje, cosa nunca vista en Marianas, y la precipitación y deseo que teníamos de saber lo que era aquello, contribuyeron muy mucho á ofuscar la mente en aquellos momentos y á tal punto que antes de embarcarnos en el bote, todavía García Gutierrez se detuvo unos minutos en su casa para escribir una carta al Gobernador manifestándole que "estaba entrando una escuadra americana en el Puerto y había hecho los saludos de ordenanza á la Plaza" y lo ponía en su conocimiento para que, si lo consideraba oportuno, viniese á Piti, como se había hecho en otras ocasiones con otros buques de guerra extranjeros, la Sección de Artillería de Agaña con sus cinco cañoncillos para contestar al saludo reglamentario.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Despachado un emisario á caballo para llevar esta carta al Gobernador, embarcamos, por fin, en el bote de la Capitanía del Puerto que ostentaba la bandera de guerra española en la popa, el Sr. García Gutierrez, que vestía su uniforme de Teniente de Navío, el Sr. Sixto y el P.C. Ortín ya citados, D. José Portusach, antiguo comerciante en Agaña y recién llegado ahora de Barcelona y yo, siendo el bote tripulado por cuatro marineros indígenas y el Cabo de Mar, -todos de uniforme-, que estaban afectos á la dotación de la Capitanía. Proseguían nuestros comentarios durante el viaje del bote al propio tiempo que íbamos mirando con gemelos al crucero fondeado y á los otros tres barcos que aún permanecían fuera del Puerto, y acerca de los cuales ya pudimos distinguir que no eran barcos de guerra como el que ya estaba anclado sino trasatlánticos de gran porte, dos de ellos de cuatro palos y uno de tres. A la mitad del camino observamos también que el crucero &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- 4 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;hacía señales por medio del telégrafo de banderas á los demás buques y al mismo tiempo vimos izada en su cofa militar de popa una hermosa bandera española, detalle que á todos los que íbamos en el bote nos sorprendió, y más todavía cuando el Sr García Gutierrez, á quién como oficial de marina preguntamos sobre la significación de aquella bandera, no pudo contestar á nuestra pregunta ignorando lo que aquello podría querer decir. Observación fué esta sobre la que hemos hablado muchas veces después de estos sucesos, y ninguna de las personas con quién he tratado de este detalle, entre ellos algunos oficiales americanos, me han podido dar razón acerca de lo que podía significar aquella insignia española izada en el crucero en los momentos en que nosotros nos dirigíamos á bordo; verdad es, que por olvido nunca pregunté sobre ello á los mismos oficiales de aquél que eran los que mejor me podían haber sacado de la duda.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sea de esto lo que fuere, nosotros seguimos con nuestra pequeña embarcación acercándonos poco á poco al buque, al cual íbamos distinguiendo cada vez más en sus detalles á medida que acortábamos la distancia, confirmando en primer término la nacionalidad del mismo viéndose ya claramente en su popa la bandera de los Estados-Unidos. Un poco después, leímos también su nombre escrito en pequeñas letras doradas : era el &lt;strong&gt;"Charleston&lt;/strong&gt;". No dejaré de apuntar aquí el detalle, de que momentos antes de atracar á su escala de estribor vimos en la cubierta de popa varios oficiales de uniforme blanco, como el que nosotros llevábamos, que nos miraban atentamente con gemelos, y además algunos otros individuos vestidos de paisano (después supimos eran periodistas) que manejando pequeñas máquinas fotográficas tomaron algunas instantáneas&lt;/em&gt;&lt;em&gt; del bote que nos conducía.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las nueve y media serían próximamente cuando este atracaba á la escala del "Charleston". Hubo un momento en que nadie salía al portalón y durante el cual yo permanecía de pié en el bote esperando poder preguntar todo lo concerniente á la visita de sanidad que me estaba encomendada; poco después apareció en lo alto de la escala un oficial, alto, delgado, de agradable presencia y ya de cierta edad, que después resultó ser el Segundo Comandante de el buque; á él me dirigí y en idioma inglés le hice, desde el bote, las preguntas que nuestro Reglamento de Sanidad marítima exige, á las cuales aquél señor parecía prestar poca atención, contestando á todo afirmativamente y diciéndome de palabra y por ademanes podía desde luego subir á bordo. Todavía dudaba yo de poner los piés en la escala, no satisfecho de haberse cumplido las formalidades sanitarias cuando apareció en el portalón otro Sr. que saludándome me indicaba la subida, contestando al propio tiempo y de modo afirmativo á mí pregunta de si era el Comandante del crucero. Juzgando ridícula ya toda &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- 5 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;detención subí rápidamente la escala seguido de todos los que conmigo venían en el bote. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHyWKXUmEmI/AAAAAAAAABM/bMrCJwJosX4/s1600-h/FILIPINAS003.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5223214772646187618" style="width: 443px; height: 184px;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHyWKXUmEmI/AAAAAAAAABM/bMrCJwJosX4/s200/FILIPINAS003.jpg" border="0" width="271" height="113" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;The Cruiser "Charleston"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;No olvidaré nunca la escena; curiosa era, por demás, la vista que ofrecía la cubierta y reducto del crucero : á cada lado del portalón había dos centinelas armados sólamente de revólveres y cuadrados militarmente, entre ellos me detuve yo para saludar á un gran círculo de oficiales formado por todos los de la dotación del buque, y en medio del cual estaban el 1º, 2º y 3º comandantes, con la mano derecha levantada á la altura de la gorra saludándome á su vez; detrás de la oficialidad estaba media compañía de soldados formada en línea y con las armas en descanso; y por último, en el resto de lo que se veía de cubierta, apoyados en las baterías, escotillas y demás sitios del reducto, había un verdadero hormiguero de hombres, toda la marinería del barco, 400 ó 500 caras cuyos ojos fijos en mí y en los que detrás estaban en la escala, denotaban la extrañeza y curiosidad grandes que nuestra presencia en aquél sitio les causaba. ! Era natural ¡; aquellos hombres traían ya un mes de viaje desde San Francisco de California, la Isla de Guajam era la primera tierra española que veían, y yo el primer oficial enemigo&lt;/em&gt; &lt;em&gt;que á su vista y en su propio barco se presentaba; ¿ era, pues, de extrañar aquella especie de asombro que mostraban en sus semblantes ?. En el momento que yo, detenido entre los cuatro centinelas contestaba al saludo militar que hacían los oficiales de á bordo, un grupo de guardias marinas y periodistas que estaban apostados en los sitios convenientes asestaban al portalón sus pequeñas máquinas instantáneas volviendo á tomar fotografías de los que acabábamos de pisar la cubierta.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;.- &lt;em&gt;6 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una vez en ésta, adelántose hacia mí el Primer Comandante saludando militarmente por segunda ó tercera vez y preguntándome si yo era el Oficial de Sanidad; respondíle afirmativamente al propio tiempo que me volví hacia el Sr. G&lt;/em&gt;&lt;em&gt;arcía Gutierrez á quién presenté como Teniente de Navío de la Armada y Capitán del Puerto en Marianas, y antes de que yo siguiese haciendo las presentaciones del Administrador de Hacienda y demás acompañantes, el Comandante nos invitó á los dos, al Capitán del Puerto y á mí á seguirle á la cámara, lo cual hicimos acompañados también del Segundo y Tercer Comandante, permaneciendo nuestros amigos sobre cubierta.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bajamos, en efecto, á una gran habitación lujosamente decorada y provista de todo lo más necesario y de lo que el más exigente confort pudiera desear y después nos sentamos en grandes y cómodas butacas que nos señaló el Comanda&lt;/em&gt;&lt;em&gt;nte, hubo un momento de pausa, durante el cual, nos ofreció cigarrillos de papel, así como cerillas y ceniceros con ademanes y movimientos de la más exquisita cortesía, y que nosotros aceptamos en la misma forma, esperando á que rompiese aquél silencio sepulcral y estando pendientes de sus palabras.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yo observaba detenidamente á aquél hombre de cuyos labios íbamos á saber dentro de poco estupendas nuevas. Aparentaba tener de 50 á 55 años de edad, de regular estatura, rubio, facciones duras y enérgicas, de ojos grandes y pupilas verdes, bigote entrecano y largo, con la piel de el rostro afeitada y de un color pálido verdoso; todo su conjunto denotaba un temperamento bilioso y un nerviosismo exagerado,&lt;/em&gt;&lt;em&gt; sus manos temblaban de un modo extraordinario cuando las extendía al ofrecernos los cigarros, brillaban sus ojos y se movían inquietos y lo propio sucedía á su mandíbula inferior agitada por un ligero, pero perceptible temblor cuando empezó á hablar. Por fín lo hizo en pausado inglés y como conteniéndose ó como si se encontrase sufriendo una gran contrariedad, y se dirigió á nosotros con las siguientes frases : " Ustedes deben saber que la guerra está declarada entre los Estados-Unidos y España " !!! .... aunque ya el recibimiento tan ceremonioso y grave hecho en cubierta lo mismo que&lt;/em&gt;&lt;em&gt; en la cámara, la actitud de aquél hombre, etc... nos habían hecho suponer algo extraño que sucedía, la verdad es que no esperábamos semejante suceso y noticia tal y de tan grave naturaleza. Yo no sé si porque instantáneamente cruzó &lt;/em&gt;&lt;em&gt;por nuestro pensamiento la imposibilidad, en lo que á Marianas se refería, de hacer frente á aquél núcleo de fuerzas imponente que teníamos en el Puerto y que ya nos decía era claramente enemigo ó bién porque nuestra imaginación queriendo adivinar, por sólo las palabras oidas, todo lo que había pasado en el tiempo que estábamos sin noticias, hacía hipótesis y cálculos alejándonos de el instante actual y del sitio en que nos encontrábamos, el caso fué que nuestra actitud era, al exterior la de&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- 7 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;la impasibilidad y serenidad más absolutas. Cierto es que no nos imaginábamos tampoco lo que había de suceder allí en Marianas al siguiente día, pero de cualquier modo en aquél instante contrastaba nuestra actitud tranquila ya que no indiferente con la del Comandante Norte-americano. Sería tal vez por motivo del temperamento nervioso de este hombre, ó bién porque él se viera contrariado esperando tal vez en&lt;/em&gt;&lt;em&gt;contrar en Marianas barcos de guerra españoles, guarnición numerosa, etc.. con quién entablaría lucha y satisfacer así su deseo de gloria y su honor militar, ó ya, en fin, porque su contrariedad resultara de la escena algo cómica que estábamos allí representando dos hombres, que ignorábamos que nuestra patria sostenía una guerra extranjera &lt;strong&gt;hacía dos meses&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;, &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;el caso es que aquél señor mostraba en sus &lt;/em&gt;&lt;em&gt;gestos y ademanes una intranquilidad y una falta de posesión de si mismo que nosotros no teníamos ó por lo menos no demostrábamos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Reanudada la conversación después de un largo silencio y ya repuesto el Comandante de su nerviosismo y agitación, prosiguió hablando y á grandes rasgos nos hizo saber el curso principal de los sucesos acaecidos : nos dijo que la guerra se había declarado el 21 de Abril, que el día 1º de Mayo ya había tenido lugar un gr&lt;/em&gt;&lt;em&gt;an combate naval en Cavite del cual había resultado totalmente destruida y echada á pique nuestra escuadra de Filipinas, citando entre las bajas más importantes ocurridas durante el combate la de el Comandante del "Reina Cristina" el Capitán de Navío Sr. Cadarso á quién una granada había llevado la cabeza; nos preguntó después -hablando de nosotros- qué guarnición teníamos en la Isla, que fortificaciones, municiones, etc... poseíamos; nos hizo conocer que traía órdenes de su gobierno de tomar posesión de Guajam, dirigiéndose después á Manila con el mismo objeto y, por último, después d&lt;/em&gt;&lt;em&gt;e mostrar cortésmente su sentimiento por nuestra situación y haber sido el primero en comunicarnos tan adversas y dolorosas nuevas, terminó diciendo en un castellano bastante correcto, que "la guerra será muy corta, ! Dios lo hará ¡", últimas frases que verdaderamente agradecimos como medicina consoladora derramada sobre aquél agobiador número de heridas que sus palabras anteriores habían ido produciendo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hablamos nosotros entonces contestando á todo lo que nos había preguntado, haciéndole saber, que no le debía extrañar (! natural era su ex&lt;/em&gt;&lt;em&gt;trañeza ¡) no supiéramos nada de lo que nos había referido, pues las últimas noticias recibidas en Guajam procedían de el vapor-correo bimensual "Saturnus" que salió de la capital de Filipinas el 14 de Abril, fecha anterior á la que él citaba como de declaración de la guerra, y que llegó á Marianas el 24 del citado mes; le dije también, que precisamente las últimas noticias que habíamos tenido acerca de las relaciones entre Estados-Unidos y España habían sido tranquilizadoras, pues fueron entre otras, un cabl&lt;/em&gt;&lt;em&gt;egrama publicado por el periódico "El Comercio" de Manila, en el que oficialmente se hablaba&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- 8 -&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;de una intervención amistosa de las potencias europeas en las cuestiones de Cuba con una nota común presentada al Presidente MacKinley por todos los embajadores, interponiéndo sus buenos oficios entre los dos paises. Contestamos &lt;/em&gt;&lt;em&gt;también en lo referente á la localidad que sólo teníamos guarnición de 54 hombres en la Isla, destinados al mantenimiento del orden interior, que no había en esta fortificaciones de ningún género y que las que se encontraban indicadas en todas las cartas marítimas de Guajam, tales como el Fuerte de Santa Cruz en el Puerto, el de Santiago en la Península de Orote y otros estaban en ruinas y completamente desartillados hacía largo tiempo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Preguntamos nosotros también que significaron los 13 disparos hechos por el crucero después de fondear, disparos que el Capitán del Puerto había considerado como saludos, á lo cual nos contestó -sonriéndose levemente de la &lt;strong&gt;inocencia&lt;/strong&gt; de la consideración- que los disparos habían sido hechos al Fuerte de Santa Cruz en el concepto &lt;/em&gt;&lt;em&gt;de reto y para ver si eran hostilizados. ( Después supimos que los disparos hechos lo habían sido con bala, acertando tres de ellos á las ruinas del Fuerte ). Preguntamos, en fin, algo sobre la fuerza allí presente en el Puerto y entonces el mismo Comandante nos entregó una nota que escribió rápidamente de su puño y letra en la que se especificaba el nombre de los barcos y la fuerza de que disponía en la forma siguiente : El Crucero protegido de 4.040 toneladas "Charleston" al mando del Capitán de Navío, Mr. Henry Gla&lt;/em&gt;&lt;em&gt;ss jefe al mismo tiempo de toda la expedición y los trasatlánticos "Australia", "City of Pekín" y "City of Sydney" que conducían una División de ejército al mando del General Anderson. Total unos 5.000 hombres con todos los medios de guerra que suponen los trasatlánticos de 6 ó 7.000 toneladas y un crucero; este era el enemigo que teníamos enfrente los 60 hombres que estábamos en la Isla, sin provisiones, sin artillería y sin medios de ningún género.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Entregada que nos fué, esta nota y después de enterarse de la &lt;/em&gt;&lt;em&gt;residencia en Agaña del Gobernador de la Isla, terminó el Capitán Glass su conferencia suplicándonos que como caballeros y como militares hiciéramos presente al Gobernador el objeto de su venida á la Isla y que necesitaba celebrar una entrevista con él á bordo del crucero. Ordenó enseguida se alistase nuestro bote, que después de habernos dejado á bordo, había permanecido un poco alejado del buque y despidiéndonos afectuosamente, subimos á cubierta donde nos esperaban el Administrador y demás amigos, embarcándonos en el botecillo de la Capitanía y tomando el camino de tierra.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuando salimos del crucero ya estaban dentro del Puer&lt;/em&gt;&lt;em&gt;to y fondeados casi en la misma Punta Orote los dos trasatlánticos de cuatro palos que anteriormente habíamos visto todavía fue&lt;/em&gt;&lt;em&gt;ra y manteniéndose sobre la máquina cerca de la bocana. Indudablemente había desaparecido el peligro (?) para ser ! cañoneados por los Fuertes de la Isla ¡.&lt;/em&gt; &lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 9 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SI30VMLs-cI/AAAAAAAAACY/8AVpvMuIt-A/s1600-h/FILIPINAS026web.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp3.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SI30VMLs-cI/AAAAAAAAACY/8AVpvMuIt-A/s320/FILIPINAS026web.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5228103387331754434" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;em&gt;Destacamento de Infanteria de Marina de guarnición en Marianas. (Señalado con X, José Romero Aguilar)&lt;/em&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ocioso es decir la multitud de hipótesis, cálculos y opiniones que durante nuestro viaje de regreso en el bote hicimos todos; yo no recuerdo fijamente lo que se decía pero sí que la nota predominante en nuestra conversación y en aquellos momentos era la confusión, que por cierto no nos abandonó en algunos días; sólamente comprendimos todos la magnitud y gravedad del problema que se le presentaba al Gobernador Sr. Marina al que por su cargo correspondía la resolución del mismo y la responsabilidad de lo que había de ocurrir. También recuerdo censurábamos vivamente á nuestro Gobierno por el abandono en que nos tenía, habiéndonos expuesto aquella misma mañana á morir de una manera tonta, inicuamente, pues el crucero con perfecto derecho de las leyes de la guerra y sin obligación de saber si teníamos ó no conocimiento de la ruptura de hostilidades, podía haber disparado contra las fortificaciones de Punta Piti ó también sobre nuestro bote de la Capitanía cuando nos dirigíamos á bordo con la bandera de guerra en popa y sin bandera de parlamento. En esta disposición de ánimo llegamos á tierra siguiendo la confusión entre nosotros hasta para repartirnos entre todos los carruajes disponibles, á lo que contribuyó grandemente la necesidad de trasladar también á Agaña la familia del Sr. García Gutierrez que no podía quedar en Piti, en previsión de lo que ocurrir pudiera. Ya nos disponíamos á partir cuando tuvimos que detenernos á causa de un detalle que podía habernos originado un conflicto : era la llegada en aquél instante de la Sección de Artillería, formada por 56 hombres chamorros, que venía de&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;-10-&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Agaña con cuatro piececitas de bronce para contestar al &lt;strong&gt;saludo&lt;/strong&gt; de la escuadra y enviada por el Gobernador al recibir la carta que le fué escrita por el Capitán del Puerto. !Buena la hubiéramos hecho si nos retrasamos un poco en regresar del crucero, y antes que nosotros lo hubiéramos podido evitar empiezan los artilleros á largar zambombazos al aire ¡. Porque eso sí, como ruido era mucho el que metían aquellas chocolateras que parecían cañones. ! Terrible plancha y cómica y grave situación ¡. ¿ Qué hubieran pensado y hecho los del "Charleston" ?......En fin, no fué mala nuestra suerte, repito, de llegar á Piti antes que la Sección y poderle ordenar se volviese inmediatamente á Agaña sin corresponder á los célebres saludos de D. Paco. Salimos por último con dirección á Agaña marchando yo en el carruaje de el Secretario del Gobierno D. Pedro Duarte y acompañado de su padre político D. Enrique Milinchango; llevábamos los mejores caballos que había en la Isla y á un galope sostenido recorrimos los ocho kilómetros que nos separaban de Agaña en unos veinte minutos, llegando los primeros á la población y con media hora de adelanto á los demás carruajes.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Inmediatamente me dirigí á la Casa-Gobierno donde fuí recibido por el Sr. Marina que aguardaba nuestra llegada. Es preciso conocer á este Sr. como ya le conocíamos en Marianas para hacerse mejor cargo tanto de la primera impresión que le produjo la noticia como de los sucesos que después tuvieron lugar. Era el Sr. D. Juan Marina un hombre de especial condición : ya de edad avanzada, pero ágil todavía, lo primero que en él se notaba al poco tiempo, ó mejor dicho, á las pocas palabras de tratarle era encontrar un hombre dominado por un amor propio excesivo, gravísimo defecto que á menudo le conducía á errores graves ó al ridículo. Con tales aptitudes, el engreimiento que el puesto le producía en Marianas, la falta de comunicaciones frecuentes con los Centros superiores que siempre ha hecho de los Gobernadores de estas Islas una especie de reyezuelos despóticos ó señores de horca y cuchillo y otra multitud de circunstancias y condiciones que no son del caso señalar, ocioso es decir que el Gobernador D. Juan Marina tenía, como se suele decir "la cabeza llena de Gobierno". Este era el hombre al que se le ofrecía de repente y para resolución inmediata el serio y difícil problema de que vengo hablando.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Al recibirme y preguntarme que ocurría por el Puerto, yo le expuse rápidamente y en cuatro palabras las malas nuevas que traía y lo que pasaba. Recuerdo que al decirle que el Comandante del "Charleston" tenía necesidad de celebrar una entrevista con él á bordo me contestó encogiéndose de hombros y con el tono autoritario que acostumbraba que "a él no le importaba aquello nada y que fuese el Comandante á su casa"...... ! frases pronunciadas maquinalmente como de la persona que no sabe lo que dice y ya que no con otra cosa, sale todavía con desplantes y bravatas ¡&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;- 11 -&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;! Quién no vió al Sr. Marina en la casi despreciativa actitud que pronunció estas palabras y anteriormente á estos sucesos ordenando y mandando de modo omnímodo en Marianas, y á los pocos días sumido y humillado, no ha visto un cambio más grande y radical en el modo de ser, en el carácter y en las energías de un hombre ¡.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Fué llamado entonces á la Casa-Gobierno el Secretario de éste, Capitán de Infantería D. Pedro Duarte, y á los pocos momentos entraban los Sres García Gutierrez, Sixto y el P. Crisógeno que acababan de llegar de Punta Piti. Reunidos todos en el despacho del Gobernador, el Capitán del Puerto le hizo á aquél una relación algo más extensa y completa de lo que nos había ocurrido, terminando por entregarle la nota que nos había dado el Capitán Glass y cumpliendo el encargo de éste sobre la conferencia con el Gobernador.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;A medida que iba transcurriendo el tiempo el Sr. Marina no podía menos de ir haciéndose cargo de las circunstancias en que se hallaba colocado, tanto es así, que al terminar de hablar García Gutierrez, el Gobernador titubeaba y no sabía por donde empezar á considerar el asunto, y dirigiéndose á aquél le preguntó su opinión sobre el mismo. Contestóle el Capitán del Puerto en términos levantados y caballerosos comunes en este señor, manifestándole que durante el viaje de Piti á Agaña habíase formado su composición de lugar, que en aquél día de desgracia él dejaba á un lado todos los resentimientos que para el Gobernador tenía, y era su hermano ( existían, en efecto, con anterioridad graves discusiones entre ambos que no son del caso señalar aquí ), y terminó diciendo que en su concepto nada eficaz podía ponerse en práctica contra el imponente y real aparato de fuerzas que el enemigo nos presentaba y únicamente un Sagunto ó un Numancia era lo que en último caso podía hacerse, salvo la opinión del Gobernador que ordenaría lo que quiera que fuese.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Hablamos todos los demás en igual sentido reconociendo lo crítico de las circunstancias y la gravedad de la situación al propio tiempo que la necesidad de una urgente resolución y después de diversas consideraciones sobre el problema en general, recayó luego la conversación sobre el primero de sus términos, esto es, la conferencia con el Gobernador pedida por el Comandante del crucero. El Sr. Marina expuso entonces su opinión, según la cual, no debía asistir á la conferencia á bordo del buque, y propuso escribir una carta al Sr. Glass invitándole á que la entrevista deseada por él se verificara en tierra; así lo juzgamos conveniente todos también é inmediatamente el Gobernador escribió la misiva dirigida al Comandante, en la cual le manifestaba atentamente que sus deberes militares le impedían acceder á la celebración de una entrevista á bordo de un buque extranjero y enemigo, pero sí podía efectuarse ésta aquella misma tarde en el embarcadero de Punta Piti bajando á tierra el Cap. Glass y siéndole garantizada su seguridad personal y su regreso á bordo una vez terminada la conferencia.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 12 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dispuso entonces el Sr. Marina que la carta fuese llevada inmediatamente al "Charleston" en nombre suyo por el Alférez de Infantería de Marina, jefe del Destacamento D. José Berruezo y Garcia que fué llamado al efecto, retirándonos á nuestros domicilios todos los demás, quedando citados por disposición del Gobernador para acompañarle á Piti aquella tarde, Garcia Gutierrez, Duarte y yo.&lt;br /&gt;Poco después de esto y enterado perféctamente el A&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;lférez Berruezo de todo lo que había pasado, así como de la misión que llevaba á bordo del "Charleston",  partió de Agaña acompañándole Henry Milinchango intérprete oficial del Gobierno.A las cuatro de la tarde salimos también en el carruaje del Gobernador y acompañando á éste los Srs. ya citados, continuando nuestras conversaciones, durante el viaje, sobre el asunto y deseosos de conocer el resultado de la conferencia anunciada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Llegamos á Piti en donde nada extraño ocurría así como tampoco en el Puerto; los barcos enemigos continuaban fondeados en el mismo sitio de por la mañana y uno de ellos todavía fuera de la bocana. Ningún movimiento de botes se observaba en San Luís de Apra y todo estaba en tranquilidad hasta que después de una hora de espera, impacientes como puede suponerse, vimos llegar el pequeño bote de la capitanía que regresaba del "Charleston" conduciendo al Alférez Berruezo y al intérprete. Desembarcaron estos y el Alférez puso en conocimiento del Gobernador que entregada su carta al Capitán Glass, y leída que fué, traía contestación verbal de dicho señor, de que siend&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o imposible verificar la entrevista aquella misma tarde por lo avanzado de la hora, á la mañana siguiente entre 9 y 10, bajaría á tierra, y en el caso de que él no pudiera hacerlo enviaría un oficial de toda su confianza con amplios poderes y las instrucciones necesarias sobre el asunto. En vista de esto y siendo nuestra presencia innecesaria en Piti por aquella tarde, regresamos á Agaña todos disponiendo el Gobernador que á las 7 de la noche se celebrase un Consejo ó reunión de todos los oficiales de la Plaza para conocer la opinión de cada uno sobre tan grave conflicto y resolver lo que fuera. Yo fuí invitado por el Sr. Marina á presenciar aquella reunión ó Consejo pues aunque por mí carácter de Médico no tenía atribuciones para formar parte de aquella, siemp&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;re era conveniente conociese lo que allí se estudiara, discutiese y resultase.&lt;br /&gt;En efecto, á la hora convenida nos reunimos en el despacho de la Casa-Gobierno, el Gobernador, el Capitán del Puerto, el Secretario Duarte, y los dos Alféreces del Destacamento de Infantería de Marina D. José Berruezo y D. Marcelino&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Ramos, únicos oficiales que en la Plaza había. Yo presenciaba como mero espectador y oyente, sin voz ni voto, aquella poco numerosa per&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o en cierto modo solemne reunión de la que&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; tal vez iba á depender no sólo la suerte de la Isla, sino la propia nuestra, la de nuestras familias allí residentes, y en fín, nuestras propias vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 13 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó el Gobernador por hacer una relación no muy ordenada de los hechos, pintando la situación y sentando por base los propósitos finales del enemigo ya conocidos y expuestos á el Capitán del Puerto y á mí por el mismo Capitán Glass y que eran, como sabemos, la toma de posesión de la Isla, y manifestando que aunque com&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o autoridad superior de ella reservase su opinión y las determinaciones que oportunas creyese, quería conocer la de los demás, terminando su discurso en ambigüas frases y confusos términos, con una especie de epílogo en que habló de los deberes militares, de la cobardía, de la necesidad de un sacrificio en ciertas ocasiones, - todo ello refiriéndose á sí propio - palabras que sin duda, dejaron en el ánimo de los dem&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ás casi expresada la contestación. Invitado, en efecto, el Alférez Ramos á manifestar el primero su opinión como más moderno de todos los allí presentes, el pobre muchacho, después de una breve pausa, é influido indudablemente, repito, por las últimas frases del Gobernador, contestó lacónicamente "que debíamos defend&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ernos"......, ¡ terribles palabras cuya significación no era otra que la de "morir", y á las que siguió un silencio sepulcral, sí, pero elocuente muestra de que todos lo habíamos entendido !. Siguió después el Alférez Berruezo que manifestó "ser de la misma opinión que su compañero el Sr. Ramos". Entonces el Secretario, capitán Duarte habló más extensamente, diciendo que sin duda los Sres. Berruezo y Ramos no habían comprendido de una manera exacta el objeto de aquella reunión ni las intenciones del Gobernador al convocarla: el objeto, aquella noche, - dijo - era ver si con los medios disponibles en la Isla pod&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ía hacerse algo práctico y útil en la defensa de la misma, para lo cual él había traido á la reunión una &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;relación ó estado&lt;/span&gt; escrito de todo el armamento, municiones y demás efectos de guerra que existían en el Parque de Artillería de Agaña, á fín de que pudierámos tener en cuenta los medios con que se contaba; dió lectura, después, á dicho estado por lo cual pudimos saber, que existían en el Parque pólvora por quintales y municiones sin cuento, pero........ procedentes de fecha antiquísima y dadas de baja por inutilidad en no menos remota época. Terminó diciendo el Capitán Duarte que en su concepto, dados los medios disponibles, la fuerza que teníamos y la que traía el enemigo, juzgaba toda defensa inútil y que ésta era, en fín la opinión que allí se pedía y éste el objeto del consejo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;; sin embargo, - añadió - si algunos de los allí presentes consideraba que era posible hacer algo, que expusiera cuales fueran los medios de efectuarlo y él se pondría á sus órdenes. Habló, por último, el Capitán del Puerto mostrándose en un todo conforme con el Sr. Duarte y repitiendo sus frases de por la mañana, es decir, que lo único posible, á su entender, era un Sagunto ó un Numancia, pero ninguna defensa posible de la Isla.&lt;br /&gt;En vista del nuevo giro que el asunto tomaba, rectificaron los dos alféreces manifestando que sí, en efecto, lo que allí se pedía era una simple opinión, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;no de lo que debía hacerse, sino de la defensa de la Isla, consideraban esta defensa inútil de acuerdo con la opinión de Garcia Duarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 14 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Terminó entonces el Gobernador dando las gracias á todos por el buen espíritu que reinaba y quedó en extender un acta en la que constase lo que allí se había tratado, de cuya redacción se encargó el Capitán Duarte como Secretario que er&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;a del Gobierno, quedando todos de acuerdo en que en dicha acta constase la opinión común, y de una manera colectiva, de que la defensa de la Isla era imposible. Por último, al retirarnos, el Gobernador nos ordenó á los mismos que le habíamos acompañado aquella tarde, para que á las ocho de la mañana del día siguiente, volviésemos á  ir con él á Piti, de uniforme blanco, y sin armas, acompañándole el Capitán Duarte como Secretario y García Gutierrez y yo en el concepto de intérpretes por no querer confiar al que lo era oficial del Gobierno una misión tan delicada como la que había de tratarse en la conferencia.&lt;br /&gt;¿ Qué impresiones fueron las mías como testigo presen&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;cial de la reunión, Consejo ó lo que aquello fuera y que se acababa de celebrar en la Casa-Gobierno ?. En mí concepto, en aquella reunión no fué tratado el asunto con la dirección debida; el Gobernador no supo establecer la discusión por el camino recto que debía, ni allí se trató de todos los extremos que el problema alcanzaba; porqué al final de todo aquello no sabíamos claramente cual fuese el objeto de la sesión: ¿ era este examinar los medios de defensa, como el Capitán Duarte expuso ?, puede s&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;er, pero no hacía falta porqué de sobra nos eran conocidos á todos; ¿ era, por el contrario un verdadero Consejo de guerra en el que debieran tratarse todos los extremos sobre la suerte de la Isla, y lo que debíamos hacer como lo entendió el Alférez Ramos ?....... si esto era, nada se trató de ello, por lo tanto, sólo se pudo sacar en claro&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; el giro que Duarte dió á la cuestión, y bajo tal concepto hay que convenir que lo que resultó de aquella reunión fué la rendición de la Isla, porque tan influido quedó de ella el Gobernador como lo había sido el Alférez Ramos por las frases aquél al principio de la misma. Y hasta tal punto es esto cierto, que en el ánimo de todos estaba la idea que acabo de indicar que cuando salíamos de la Casa-Gobierno haciendo comentarios del Consejo, ya exponía Duarte su opinión acerca de la forma en que quedaría el régimen de la Isla una vez entregada, diciendo que la rendición sería exclusivamente militar y que los americanos tomarian posesión de todo lo concerniente á el ejército continuando los centros civiles e&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;n sus respectivas funciones incluso el mismo Gobernador en sus atribuciones judiciales y todas las demás de carácter no militar. ¡ Que ajenos estábamos de lo que sucedería al día siguiente !.&lt;br /&gt;Bajo estas impresiones nos retiramos todos á nuestros respectivos domicilios á descansar que bién lo necesitábamos tanto física como moralmen&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;te,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 15 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;pues, á la verdad, sólo el trabajo de la imaginación en aquél día de tan variádisimas cuanto penosas sensaciones era bastante para agotar las fuerzas del más fuerte. Y sin embargo el descanso fué nulo, ¿ quién podía entregarse al sueño con lo que había ya pasado y lo que teníamos pendiente ?, así llegó el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Día 21 de Ju&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;nio&lt;/span&gt;, fecha memorable para todos nosotros que nunca podremos olvidar.&lt;br /&gt;A las ocho en punto de la mañana se presentó en mí casa un ordenanza del Gobierno llamándome de parte de el Sr. Marina, pues ya estaban todos esperando por mí para marchar á Piti. Salí precipitadamente casi sin haber tomado un ligero desayuno y aún sin despedirme de mí familia, circunstancia que fué luego una pesadumbre constante durante tres meses, que no podía separar de mí alma. Llegué al Gobierno é inmediatamente partimos de Agaña con el Gobernador los que él había ordenado la noche anterior. A la media hora estábamos en Piti, que estaba tranquilo: miramos los barcos americanos fondeados como el día anterior pudiendo observar con gemelos de gran alcance&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; mucho movimiento de botes entre los vapores, cuyas maniobras no podían verse bién desde donde estábamos, suponiendo, pues así lo habíamos oido decir el día anterior al mismo Capitán Glass que sería el transporte de carbón desde los trasatlánticos al crucero, punto que aquél había tratado con nosotros preguntándonos si se podían alquilar botes chamorros para aquél servicio. Transcurrió una hora con gran impaciencia nuestra hasta que á las nueve y media próximamente vimos un bote destacándose ya de una de las puntas de la Isla de Cabras que se dirigía al embarcadero de Piti donde estábamos observándole; pudimos así mismo ver que traía una bandera blanca de parlamento en la proa y la de los Estados Unidos en la popa. Entre tanto, el Gobernador había dispuesto se arreglas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;e en una casa de Piti una habitación con sillas, mesa, recado de escribir, etc., donde con alguna decencia recibir al Comandante del crucero y celebrar la entrevista. Algunos minutos después el bote americano atracaba al embarcadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SI3mniY1S6I/AAAAAAAAACQ/zBzISrg_Me0/s1600-h/FILIPINAS008.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 251px; height: 198px;" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SI3mniY1S6I/AAAAAAAAACQ/zBzISrg_Me0/s200/FILIPINAS008.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5228088309367262114" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que echamos de ver García Gutierrez y yo fué que no venía el Capitán Glass sino este tío bruto de la izquierda del grabado, ó sea el Tercer Comandante del "Charleston", que dirigía el bote y al cual acompañaban otro Oficial de Marina y dos paisanos, los mismos que nos habían sacado fotografías el día anterior, vestidos con trajes de touristes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 16 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran estos dos Señores con quienes luego hice yo conocimiento, uno Mr. Douglas White, corresponsal de los periódicos "The Journal" de New York y "The Examiner" de San Francisco de California; el otro, de cuyo nombre no puedo acordarme, con tipo enteramente semejante á un torero, barba espesa pero completamente afeitada y muy moreno, era corresponsal del "The Herald" de San Francisco. Tripulaban el bote cinco marineros y tanto estos como los oficiales y periodistas, venían, como decirse suele, armados hasta los dientes, con sables y revólveres los oficiales y reporteros y estas mismas armas con fusiles además los marineros del bote. Los periodistas traían también máquinas fotográficas.&lt;br /&gt;Desembarcaron todos siendo recibidos por el Gobernador que se adelantó á saludarles; mientras, nosotros nos quedamos á corta distancia detrás. Sin adelantar un paso de la misma escala del embarcadero, el Tercer Comandante entregó entonces al Gobernador un pliego cerrado, al propio tiempo que sacando un reloj de el bolsillo, indicaba con el dedo índice el horario del mismo y en un mal español decía "que esperaría media hora por la contestación". Se le invitó entonces á que pasaran á descansar á la habitación que estaba preparada lo que en ningún modo quisieron aceptar, ordenando entonces el Gobernador que se le llevaran sillas al mismo embarcadero donde se sentaron á la misma orilla del mar, echando sobre nosotros miradas de recelo y desconfianza y no perdiendo de vista ninguno de nuestros movimientos. El Gobernador, intranquilo, nervioso, y casi aturdido abrió el pliego allí mismo en el embarcadero y García Gutierrez y yo le leímos el texto que venía en inglés y escrito con esas máquinas modernas usadas hoy ya en todo Centro de importancia. (el ejército americano las usa en todas sus Dependencias). El texto del oficio era por demás lacónico y decía poco más ó menos lo siguiente: "En contestación á su atenta carta de ayer, tengo el honor de informaros que cumpliendo las órdenes de mí Gobierno, os intimo la rendición de la Isla, así como la de toda persona de carácter militar al servicio de España que resida en Aquella, en el término de media hora. Respectfully, etc. Capt. H. Glass. U.S.N.".&lt;br /&gt;No podía ser, como digo, más claro y terminante el oficio. El Gobernador una vez enterado nos indicó le acompañásemos á una casa inmediata, la del mestizo inglés José Wilson, donde pidió recado de escribir para contestar á la comunicación en el escaso tiempo que se le exigía. Nosotros, para que el Gobernador no tuviese duda alguna de el texto de aquella la escribimos en español debajo de el inglés, y entonces, sin que por ninguno de los que allí estábamos le fuese indicada una sola palabra el Sr.Marina escribió la contestación en borrador la cual nos leyó y&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 17 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que en resumen decía: que sin medio alguno de defensa que oponer á aquél inmenso aparato de guerra que enfrente se le ponía, sin provisiones ni municiones en la Isla y sin conocimiento alguno por el Gobierno de España de la guerra existente entre los dos paises, se veía obligado á aceptar la rendición que se le intimaba, bién que protestando de el acto de fuerza que se llevaba á cabo.&lt;br /&gt;Puesto en limpio este oficio y cerrado convenientemente ordenó el Gobernador al Capitán Duarte lo llevara al Tercer Comandante del crucero; diciendo además el Sr. Marina que puesto aquél Sr. no había querido aceptar su invitación de pasar á la casa, él por su parte no se creía obligado á despedirse; y creyendo ya terminada nuestra misión en Piti ordenó así mismo al cochero fuese enganchando el carruaje para irnos á Agaña.&lt;br /&gt;Fué Duarte al embarcadero, que estaba unos veinte pasos de la casa acompañado de García Gutierrez á entregar el pliego, quedándome yo con el Gobernador, pero á los pocos momentos volvió aquél diciendo que el Tercer Comandante quería ver al Gobernador; volvimos entonces todos al sitio donde aquél estaba, donde nos enteramos de lo que había ocurrido al entregar Duarte el pliego. En efecto, el americano recibió éste é investido sin duda por su Jefe de toda clase de atribuciones, lo abrió leyéndolo y haciendo que se lo tradujese, para mayor seguridad, el intérprete Henry que estaba con Duarte allí presente, y enterado perfectamente de la rendición de la Isla, manifestó que tenía precisión de hablar al Gobernador.&lt;br /&gt;Como digo anteriormente, volvimos el Sr. Marina y yo al embarcadero y entonces el Comandante dijo á aquél que enterado de su comunicación, necesitaba ahora diese una órden escrita á la fuerza residente en Agaña para que aquella misma tarde á las cuatro, estuviesen los soldados en Piti á fín de entregar las armas y municiones así como las banderas, y en cuanto á nosotros los tres oficiales allí presentes, García Gutierrez, Duarte y yo y lo mismo el Gobernador, tenía órdenes dijo de que le acompañásemos á bordo del crucero en aquél mismo instante.&lt;br /&gt;El Gobernador, entonces, agobiado por la situación y sin darse cuenta ya de nada, volvió maquinalmente á la casa de Wilson escribiendo una órden dirijida al Alférez Berruezo, como Jefe del Destacamento diciéndole que habiéndole sido intimada la rendición y obligado á aceptarla, le ordenaba para que aquella misma tarde á las cuatro viniese á Piti con la fuerza para entregar las armas y banderas, dándole además algunas otras instrucciones referente á los asuntos de la localidad, entre ellas la de que D. José Sixto, Administrador de Hª. Pª. se hiciese cargo del Gobierno si el Sr. Marina no volviese. Leída detenidamente esta órden por el americano, se envió á Agaña por el mismo cochero del Gobernador, y nosotros, nos dispusimos á embarcar en el bote.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 18 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo hicimos y emprendimos el viaje con los americanos dirijiendo el bote el mismo Tercer Comandante. ¡ Entonces comprendimos todo lo horrible de la situación nuestra !. ¡ Estábamos prisioneros, y esto de una manera tonta, casi ridícula, habíamos sido secuestrados como niños sin que nos quedara ni aún el recurso de la protesta que nos hubiera asemejado todavía más á una débil mujer ó á un chiquillo que se defienden con improperios y chillidos !. Es imposible decir que clase de sentimientos predominaban entonces en nuestros corazones; yo por mí no se decir si eran los del cariño á la familia, el de la Patria, el de aquella Isla en donde llevaba tres años de residencia y donde dejaba abandonadas mí esposa y mí hija, ó el de una ira reconcentrada que no pudiendo estallar al exterior y demostrase por actos materiales, me hacía un daño horrible y me mortificaba más que el más acerbo y terrible de los dolores físicos. Era aquello una mezcla de sentimientos, afecciones y pensamientos que cruzaban sin detenerse y en espantoso desorden por mí mente que no sé como pude resistirla.&lt;br /&gt;Nadie hablaba una palabra en el bote y poco después de la salida, como si todo se conjurara aqél día contra nosotros empezó á caer un tremendo chubasco pareciendo que el cielo se deshacía en torrentes de agua, á tal punto que siendo las once de la mañana no se veía á cuatro metros del bote. Ocurrió entonces una escena digna de un cuadro pues nadie que hubiese visto el grupo que todos formábamos en el bote hubiese creído lo real de nuestra situación. En el momento que la tremenda nube de agua empezó á descargar sobre nosotros aquellos cuatro hombres que tan honda herida acababan de producir en nuestros sentimientos, aquellos que acababan de hacernos prisioneros separándonos tan violentamente de nuestras más queridas afecciones, que habían lesionado de modo tan horrible nuestro honor originándonos gravísimo conflcito en nuestra vida militar, tal vez perdida; aquellos hombres en fín, á quienes no podíamos menos de mirar con profunda adversión y con toda la antipatía de que es capaz corazón humano se despojaron inmediatamente de sus capotes de agua é impermeables cubriéndonos con ellos, atendiéndonos con la más extrema solicitud y no permitiendo que sufriéramos, en lo posible, aquél horrible aguacero que descargaba de las nubes. Sobre todo el grupo que formaba el Capitán Duarte estrechamente abrazado por el Segundo Oficial del bote, joven de simpática presencia y amables modales, era, repito, digno de una fotografía: cubiertos ambos con un impermeable y sus cuerpos y cabezas juntos, el Oficial americano echado su brazo alrededor del cuello de nuestro compañero, cerraba cuidadosamente todo resquicio por donde pudiera molestar á éste el agua ó el viento, no cuidándose en cambio para nada de su propia persona que sufría impasible todas las molestias de tan triste y penoso viaje.&lt;br /&gt;¡ A cuantas reflexiones daba lugar esta escena !, yo á pesar de mis divagaciones sobre nuestra situación no podía menos de detener mí vista de vez en cuando en el grupo de los dos oficiales enemigos estrechamente abrazados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 19 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y reflexionaba sobre la actitud de aquellos dos hombres, que ningún motivo de odio personal podían tener, que se veían entonces por vez primera, y á quienes el destino, la nacionalidad, el deber militar, las leyes de la guerra, habían puesto frente á frente humillando al uno y levantando al otro; y sin embargo, aquella circunstancia sencilla de la lluvia les hacía unirse en fraternal abrazo, indicándoles una cosa distinta de los odios y rencores de las dos naciones que luchaban....&lt;br /&gt;Al llegar próximamente á la mitad de camino, donde estaba fondeada la goleta japonesa "Minatogawa" que indiqué en el principio de éste relato, vimos que aguantando la mar por un cable que le habían tendido desde la goleta, estaban una porción de botes de la escuadra americana repletos de gente armada, llevando cada uno de aquellos los correspondientes cañones de tiro rápido y ametralladoras: eran las compañías de desembarco. Estos botes no habían podido ser vistos por nosotros desde Piti por estar ocultos detrás de la goleta y enfilados unos detrás de otros por el cable que los unía. Al verlos ahora comprendimos que el Capitán Glass no había obrado con falta de precauciones, pues es indudable que el caso de que el Sr. Marina hubiera rehusado aceptar la rendición, aquellos botes, ganado como tenían barlovento en el sitio donde se encontraban, no hubieran necesitado más de diez minutos para llegar á tierra. El Segundo Oficial del bote que nos conducía, retirándose entonces de Duarte habló por medio de la bandera blanca y con señales de alfabeto morse á los botes detenidos; sin duda fué para ordenarles la retirada, toda vez que la misión de las compañías de desembarco no era necesaria estando la Isla rendida y nosotros prisioneros.&lt;br /&gt;Por fín llegamos al "Charleston" é inmediatamente fuimos conducidos á la cámara del Capitán Glass, que recibiéndonos con la misma deferencia que el día anterior, y después de escuchar el parte verbal que le hizo el Tercer Comandante de lo sucedido en Piti, se dirigió al Gobernador Sr. Marina en un castellano bastante correcto, haciendo presente su profundo pesar por lo que se veía obligado á hacer obedeciendo las órdenes superiores de su Gobierno, y después de algunos otros cumplimientos mutuos, nos dijo que así mismo tenía órdenes de conducirnos á Manila, punto para el cual partiríamos al día siguiente por la mañana temprano. Le preguntamos entonces nosotros si era posible comunicarnos con nuestras familias de Agaña á fín de pedirles ropa y otros efectos para el viaje á lo que no opuso el menor inconveniente; todavía el Sr. Marina apuntó la idea de que nos permitiera volver á tierra aquella noche empeñando nuestra palabra de honor de volver á bordo á la hora que se nos prefijase para partir, y al objeto de recoger nuestros equipajes, arreglar nuestros principales asuntos y despedirnos de nuestras familias, á lo cual creo que tampoco se hubiera opuesto el Capitán Glass, pero antes de que tuviese tiempo de contestarnos habíamos desechado todos, incluso el mismo Sr. Marina esta idea,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 20 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;comprendiendo que el sufrimiento de nuestras familias había de ser mucho mayor con aquella despedida; así pues, preferimos pedirle autorización al Comandante para escribir á Agaña á lo que enseguida accedió ordenando al Segundo de á bordo dispusiera lo conveniente para ello y manifestando que los botes que irían á Piti á las cuatro para recoger las armas de nuestros soldados, llevarían nuestras cartas á tierra.&lt;br /&gt;Salimos de la cámara del Comandante y entonces el Segundo nos presentó á varios oficiales de á bordo recomendándonos á todos ellos, y los cuales con amable deferencia nos condujeron á sus respectivos camarotes: al Gobernador le cedió el suyo el Segundo, al Capitán del Puerto lo hizo el Tercer Comandante, á Duarte otro oficial, en cuanto á mí, fuí presentado al Primer médico del crucero hombre agradabilísimo, ya de cierta edad pero de carácter sumamente alegre, siempre sonriente y amable, de mí misma graduación, gordo colorado y afeitado completamente, el cual echándome familiarmente el brazo por el hombro me llevó á su camarote diciéndome que "él y yo éramos hermanos"; me brindó enseguida á que bebiese con él una copa de ginebra, que rehusé aceptándole en cambio una taza de caldo y una copa de jerez, pues me encontraba sin tomar alimento alguno hacía muchas horas. Preparome por sí mismo su lavabo, un hermoso estuche de aseo y ropa blanca interior por sí quería mudarme la mia y en fín, dejándome también arreglado su escritorio y recado de escribir, me dejó en libertad completa dueño de su camarote. Siento no recordar el nombre del Doctor del "Charleston" á quién siempre agradeceré aquellas muestras de simpatía y compañerismo de que no dejó de darme pruebas durante mí corta estancia en el crucero. Una sola vez he podido verlo después en Manila, repitiéndome, como ahora grandes demostraciones de afecto y deferencia.&lt;br /&gt;Concluimos de escribir y asearnos y salimos á entregar las cartas al Segundo, el cual después de hacerse cargo de ellas nos invitó á que subiéramos á cubierta, lo que hicimos, en efecto, sentándonos en la toldilla de popa del crucero. Allí una porción de oficiales, sentados con nosotros nos daban conversación mostrándonos todos su pesar por lo que nos ocurría y dándonos algunos detalles sobre el curso de la guerra conviniendo todos en que sería más que problable que al llegar á Manila todo estuviese concluido, pues no se esperaba más, desde que salieron de San Francisco el 22 de Mayo, - decían - que el encuentro de la escuadra norteamericana del Atlántico con las española de las aguas de Cuba mandada por el Almirante Cervera; y la destrucción de ésta, que todo el mundo consideraba como inevitable, traería consigo el establecimiento de la paz.&lt;br /&gt;No estábamos ninguno de nosotros para conversar tranquilamente, y aunque en los oficiales del crucero se veía claramente el deseo de distraernos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 21 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y hacer menos penosa nuestra situación, nosotros hubiéramos preferido estar solos con nuestra pesadumbre y cambiar impresiones sobre un porvenir tan dudoso como el que se nos presentaba. El Doctor de á bordo tan de buen humor como siempre se entretenía tirando con su rifle á un tremendo tiburón que á flor de agua estaba inmovil á pocas brazas del buque ofreciéndome con insistencia el arma y queriendo que yo también tirase al animal, lo que rehusé deferentemente.&lt;br /&gt;Recibimos también algunas visitas, entre ellas recuerdo principalmente la del Médico Mayor del Ejército Dr. Carthy, que prestaba sus servicios en el Primer Regimiento de Voluntarios de California, y la del Capellán católico del mismo Regimiento Rº. W.D.Mac-Kinnon. Estos dos señores que venían á bordo del trasatlántico "City of Pekin" se transladaron inmediatamente á el "Charleston" con el objeto de saludarnos, principalmente á mí como más allegado á ellos por mí profesión. Algunos otros médicos llegaron también y me fueron presentados, pero de todos aquellos saludos y presentaciones las que más agradecí fueron las del los dos señores ya citados, en quienes ví claramente el profundo pesar que nuestra situación de prisioneros les causaba y las frases de consuelo que nos prodigaron. Después, andando el tiempo, que traté de modo más intimo tanto al Dr. Carthy como al Padre Mac-Kinnon me convencí de que no me había equivocado el primer día en la opinión que formé de su carácter bondadoso y de sus buenos sentimientos.&lt;br /&gt;A la media tarde y sin que nos diésemos cuenta, pues lo hicieron uno á uno y sin despedirse, nos dejaron solos en la cubierta donde estábamos sentados y de repente sonó un cañonazo disparado de una de las baterias secundarias del crucero, luego otro, después otro.....; era que estaban entregando las armas nuestros soldados en Piti al propio tiempo que el Capitán Glass en persona, según supimos luego, izaba la bandera norteamericana en el ruinoso y antiguo fuerte de Santa Cruz. ¡ Que escenas estábamos obligados á presenciar !, las tripulaciones en masa y los soldados tanto del crucero como de los tres grandes trasatlánticos, subieron á los palos y vergas y daban al aire sus gritos ensordecedores de ¡ hurra ! ¡ hurra ! celebrando la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;victoria&lt;/span&gt;, las bandas de música entonaban el himno nacional norteamericano, el "Charleston" saludaba con 21 cañonazos la nueva bandera que ondeaba sobre la que pocos momentos antes era Isla de Guajam española, y nosotros..... sentados en la cubierta de aquél maldito buque sin darnos cuenta siquiera de lo que estábamos presenciando, y sin movernos ni hablarnos unos á otros porque el dolor y el sentimiento de nuestra alma, embargaba del modo más profundo todo nuestro ser; unicamente el Sr. Marina en un momento de arrebato y dejando escapar dos grandes lágrimas, maldecía el destino que, según decía, le había predestinado á manchar el apellido que llevaba; nosotros, en medio de nuestra pena, tuvimos que consolar á aquél pobre viejo que tan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 22 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;rudo golpe acababa de sufrir cuando ya alcanzaba los últimos periodos de su vida y su carrera.&lt;br /&gt;Después de un rato volvieron algunos oficiales del crucero, comprendiendo nosotros que se habían retirado de nuestra presencia durante aquél acto de patriótica alegría para ellos, por no acibarar nuestra pena con su entusiasmo. Ya casi pasada la tarde nos invitaron á bajar al comedor donde la mesa estaba servida; entramos, en efecto, y nos fueron señalando nuestros asientos: ocupaban las dos presidencias de la mesa, la una el Segundo Comandante que tenía á su derecha al Gobernador Sr. Marina y á su izquierda á García Gutierrez, la otra la ocupaba el Doctor, que me colocó á mí á su derecha y á Duarte en el lado opuesto. No recuerdo ni lo que nos fué servido pues no estaba nuestro ánimo para fijar la atención en nada, y yo solo tomé lo suficiente para aliviar algo el gran desfallecimiento que el trabajo é impresiones de día me habían causado; sólo recuerdo que todos los oficiales continuaron durante la comida haciendo todo lo que estaba de su parte por distraernos y obsequiarnos; entre otras cosas pusieron en el centro de la mesa un precioso aparato, el "grafófono" de Edison, escogiendo los cilindros que tenían cantos y aires españoles; recuerdo también que una de las canciones que más les gustaba á ellos y que la hacían repetir al aparato una y otra vez, era la antigua habanera "La Paloma". El Doctor hasta bailaba, ¡ no lo hubiera hecho de hallarse en nuestro lugar !.&lt;br /&gt;Terminada la comida volvimos á subir sobre cubierta y al poco rato vimos llegar una lancha de vapor que remolcaba á una gran barcaza; en la lancha venían los alféreces Berruezo y Ramos, y allí venian también los fusiles Maüser de nuestros soldados, y en la barcaza los 54 soldados españoles que componían el destacamento de guarnición en las Isla. Subieron á bordo los dos oficiales quedando la barca amarrada á uno de los costados del buque con los soldados dentro. Estrechamos silenciosamente la mano de nuestros compañeros en cuyos semblantes vimos señalado también el sufrimiento que habían pasado con la escena de entrega de las armas. El Doctor de á bordo vino enseguida á mí para decirme que indicase á los dos alféreces españoles que bajasen al comedor á cenar con los oficiales americanos que habían estado en tierra ocupados en las faenas del día y que con ellos habían venido en la lancha; así lo hicieron Berruezo y Ramos á quienes el mismo Doctor acompañó é hizo los honores. Con nuestros compañeros habían llegado también á bordo el intérprete Henry y los dos hermanos Portusach, que hablaron con el Capitán Glass á fín de quedar convenidos en la hora en que al día siguiente habían de volver para traer nuestros equipajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 23 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También observamos entonces que Francisco Portusach, el más joven de los hermanos, comerciante en Agaña, fué llamado solo á la cámara del Capitán Glass donde este estuvo hablando con él largo tiempo. Como quiera que éste Portusach había estado en San Francisco de California varios años consecutivos, trabajando en diversos oficios y hasta estaba casado con una norteamericana, supusimos que el Capitán Glass lo había escogido como representante de los Estados Unidos en la Isla, dándole instrucciones al objeto y quedándolo como autoridad en Agaña, toda vez que según nos habían dicho ninguna fuerza americana había de quedar de guarnición en la Isla.&lt;br /&gt;No dejaba también de extrañarnos aquella determinación del Capitán Glass, pués Portusach estaba avecindado en Agaña y naturalizado como español; sin embargo, siendo como era un muchacho algo loco y hablador, aunque de buen fondo, no sería extrañar se las hubiera echado de ciudadano norteamericano y haberse ofrecido como tal al Comandante del crucero. De todos modos, nosotros no quisimos preguntar nada acerca de ello, por razones fáciles de comprender.&lt;br /&gt;Ya era completamente de noche y continuábamos fumando sobre la cubierta, cuando apareció el Capitán Glass dirigiéndose al Sr. Marina para decirle que hubiera tenido mucho gusto en que nuestro viaje á Manila se efectuara á bordo del "Charleston" pero que no teniendo alojamientos suficientes ni apropiados para los seis había dispuesto fuéramos trasladados á bordo de el trasatlántico "City of Sidney", en el cual por ser el buque que menos tropa conducía y por sus condiciones de alojamiento iríamos mucho mejor y perfectamente acondicionados. No teniendo nosotros nada que replicar sino obedecer, y estando ya dispuesta la lancha de vapor que había de conducirnos, nos despedimos del Capitán Glass haciéndole presente nuestro agradecimiento por las deferencias que con nosotros se habían tenido así como también lo hicimos del Segundo, de el Doctor y demás oficiales, sin olvidarnos tampoco del Tercer Comandante, aquél que nos había hecho prisioneros, del cual me he olvidado decir que era alemán de nacimiento y ahora Oficial de la Marina norteamericana y cuyo nombre me cuesta trabajo hasta escribirlo: se llamaba Mr. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Braunersreuther&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;y ..... ¡ maldita sea su estampa !&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Embarcamos en la lancha los seis oficiales españoles, acompañados de un alférez de navio del "Charleston" para entregarnos en el "Sidney" y remolcando la barcaza que llevaba nuestros soldados, llegamos á los pocos momentos al trasatlántico donde fuimos recibidos en el gran comedor del buque por un Señor que á primera vista parecía un anciano pero enseguida se echaba de ver que su edad no era avanzada, sino que sus cabellos y su bigote blanco como la plata le daban aspecto de tal; se distinguía sobre todo por su exquisita limpieza y cuidadoso arreglo de su persona en la que había ya algo de amaneramiento por la exagerada cantidad de perfumes y cosméticos que llevaba encima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 24 -&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Este señor, ó madama, ó lo que fuera, era el Comandante Naval del barco, esto es, el Jeje Militar del "Sidney" y pertenecía al Cuerpo General de la Armada de los Estados Unidos, siendo su graduación la de Teniente de Navio de 1ª clase; se llamaba Mr. Thomas Phelps.&lt;br /&gt;A este señor presenté yo todos mis compañeros, y entonces, llamando á otro tipo tan amadamado como él, joven y presuntuoso que era un Mayor ó Comandante de Infanteria, le ordenó nos alojase convenientemente. Este último nos repartió en tres camarotes separados, colocando al Gobernador Sr. Marina con García G&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;utierrez, á Duarte conmigo, y en otro camarote á los alféreces Berruezo y Ramos, siéndonos dada la órden de no poder salir de nuestros respectivos alojamientos hasta nuevo aviso. En cuanto á nuestros soldados, vimos que eran conducidos á los departamentos de proa.&lt;br /&gt;Ya por este exceso de precauciones que con nosotros se tomaba en el trasatlántico comprendimos que no habíamos de ser tratados en él con las mismas consideraciones y deferencias que lo habíamos sido al bordo del "Charleston". Encerrados Duarte y yo en nuestro camarote y observando también que se nos había colocado un centinela armado en el pasillo y frente á nuestra puerta, pasamos la noche hablando de los sucesos y consolándonos mutuamente de la situación en que quedaban nuestras familias, pero en verdad, ¡ que diferencia tan grande había entre la esposa de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Duarte, nacid&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;a en Marianas y que quedaba en la misma casa de sus padres, y la mia, sola, abandonada en aquella pequeña Isla en medio del Pacífico y separada de España por una distancia de 3.500 leguas !.&lt;br /&gt;Queríamos también formar hipótesis y cálculos de lo que sería de nosotros, á donde nos llevarían, que hubiéramos podido hacer en Agaña de haber sabido de antemano lo que había de sucedernos, y acerca de todo lo cual se nos ocurrian las cosas más disparatadas é inverosímiles que una imaginación calenturienta puede forjar, volviendo después sus ojos á la realidad que estábamos tocando y viéndonos allí encerrados, reducidos á la más absoluta impotencia y teniendo que sufrir una resignación &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que á duras penas podíamos contener.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, miércoles 22, lo primero que pensamos é hicimos fué procurarnos papel y pluma para escribir á nuestras casas la última carta de despedida, toda vez que según habíamos oido al Capitán Glass, la escuadra zarparía temprano en dirección á Manila y queríamos tener escritas las cartas para cuando llegasen Henry y los Portusach trayéndonos los equipajes. A mí me fué facilitado pluma y papel por el Capitán Leonard L. Pichens, del Segundo Regimiento de Infantería, Voluntarios de Oregon, (Oregon City - Oregon - USA) cuyo nombre y señas cito porque fué uno de los buenos sujetos que conocí en el "Sidney", y así&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;- 25 -&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;me sirve aquí de recordatorio. A Duarte le dió una pluma, para que escribiese, un sargento que pasaba accidentalmente por la puerta de nuestro camarote y se enteró de lo que pedíamos; esto fué motivo después de un incidente tan cómico como grosero que costó al pobre Duarte pagar cuatro duros por la dichosa pluma, con la que no pudo llegar á escribir porque estaba rota y que perdida en el camarote fué reclamada por su dueño. ¡ Buén franqueo de la última carta que escribía á su esposa !.&lt;br /&gt;A las ocho fuimos avisados para salir á almorz&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ar en el comedor general donde se nos había dispuesto una mesa para los seis; no nos disgustó el almuerzo que nos fué servido á la carta, como era regla en el "Sidney" según observamos en los días sucesivos y lo mismo á todos los oficiales de á bordo que á nosotros. Estábamos almorzando cuando llegaron nuestros equipajes conducidos por Henry y que nos fueron entregados después de abiertos y reconocidos por el Mayorcito antipático que ya teníamos atravesado desde la noche anterior. Entregamos nuestras cartas á Henry, nos despedimos de éste y los Portusach, recomendándoles nuestras familias y volvimos á nuestros camarotes de donde aún no podíamos salir hasta nueva órden.&lt;br /&gt;Así pasamos el resto de la mañana, disgustadísimos después de leer las sentidas cartas de nuestras familias, y extrañando la detención d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;e la escuadra, hasta que por fín á las tres de la tarde sentimos, por la trepidación de la hélice del "Sidney" y ligero movimiento del buque que éste levaba anclas.&lt;br /&gt;Después de el relato que antecede acerca de todo lo ocurrido en la rendición de la Isla de Guajam, no pasaré adelante sin indicar como &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la prensa americana miente en todo cuanto con la guerra se relaciona y adjunto un recorte de el periódico "The Pacific" de Honolulu que publica una carta escrita á bordo del "Australia" por uno de los expedicionarios testigo presencial de la toma de Marianas describiendo ésta á su gusto y capricho y sin pararse en barras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJMtI-q0cII/AAAAAAAAACw/gtRttx4jN90/s1600-h/FILIPINAS009web.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 209px; height: 490px;" src="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJMtI-q0cII/AAAAAAAAACw/gtRttx4jN90/s320/FILIPINAS009web.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229573224592076930" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Poco después de puesto el buque en marcha se nos avisó que ya podíamos salir á cubierta, lo que hicimos deseosos de respirar el aire libre. Salíamos entonces de "Punta Orote", y nos reunimos allí los seis otra vez cambiando sólo algunas frases indiferentes, pues vimos éramos&lt;br /&gt;observados por oficiales y soldados con la mayor curiosidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 26 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y recelo como &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;bichos raros, &lt;/span&gt;&lt;span&gt;y no sabíamos todavía que precauciones debíamos tomar nosotros también para con aquella gente. Sin embargo, algunas impresiones cambiamos, hablando en voz baja, sobre todo al salir del Puerto observando cuidadosamente el rumbo aproximado que los barcos tomaban por la posición del sol, pués una de las cosas que presumíamos y temíamos al mismo tiempo era que la expedición pasase también por la Isla de Yap, del grupo de las Carolinas Occidentales, y en donde había de suceder una catástrofe puesto que allí había una compañía de 250 soldados españoles, que constituían la guarnición y además el cañonero "Villalobos" ; ¿ estaríamos destinados á presenciar la destrucción del cañonero y la muerte de nuestros compañeros de Yap, cuya rendición inmediata como la nuestra no podía efectuarse dados los medios con que contaban ?. Pero al poco tiempo de la salida de San Luís de Apra y una vez formada la escuadra en el orden que tenían asignados los buques nos convencimos que el rumbo directo al Oeste ó más bién Nor-Noroeste que llevábamos era el de la canal existente entre las Islas Batanes y las costa Norte de Luzón, esto es, llevábamos rumbo directo al Mar de China por el N. de la última Isla citada. No era de temer, pués, nuestro paso por la Isla de Yap situada al Sudoeste de Marianas, á no ser que en aquella noche ó al día siguiente, todo lo más, se modificase el rumbo de la flota.&lt;br /&gt;Esta iba formada en la siguiente forma: delante y á media milla próximamente de los trasatlánticos navegaba el "Charleston" manteniéndose siempre á  la misma distancia, y detrás iban los tres grandes transportes formados en la misma línea: en medio y enfilada su proa con la popa del crucero, iba el "Australia" á bordo del cuál estaba el General Anderson, á su izquierda y conservando siempre una distancia como de un cuarto de milla el "City of Pekin", y á la derecha y en idéntica forma marchaba el "City of Sidney". La mayor vigilancia era tenida en todos los buques observándose continuas señales de telégrafo de banderas que se cruzaban entre el crucero y los trasatlánticos durante el día, y por la noche, el "Charleston" proyectaba á cada momento los focos eléctricos de sus reflectores sobre los demás buques que componían la expedición.&lt;br /&gt;Sin ninguna novedad digna de mención transcurrió el resto del día; aquella tarde comimos ya en la mesa general del comedor presidida por el Capitán mercante del buque y después nos retiramos á descansar á las diez de la noche, hora en que se tocaba silencio, pués la vida á bordo venía reglamentada militarmente, como era natural.&lt;br /&gt;Ya en el día siguiente empezamos á hacer conocimiento con algunos oficiales de los que iban á bordo. Duarte y yo, principalmente fuimos visitados en nuestro camarote por un 2º Teniente que venía alojado al lado de nosotros;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 27 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;era el Teniente Patrick H. Mullay del 14º Regimiento de Infantería Regular:U.S.A. (70: U8th:Ar:Columbus-Ohío), joven de 20 y tantos años, que por su apreciable carácter y amable conversación merecía no ser americano. Justo es decirlo, á pesar de nuestra situación y nuestra natural repugnancia á todo cuanto se relacionara con Norte-America; no podíamos menos de conceder á aquél muchacho nuestras simpatías por sus buenas cualidades, esmerada educación y excelente trato; nos hacía compañía durante horas enteras, tanto en el camarote como en cubierta, y aunque no hablaba nada el español no se nos hacía pesada su conversación; nada había en ésta que tuviese relación con la guerra á no ser que nosotros le preguntáramos algo sobre ella, no siendo entonces como otros de aquellos tipos que allí mismo iban que parecian complacerse en celebrar sus victorias (?) y su fuerza delante de nosotros sino que procuraba no lastimar en nada nuestros patrios sentimientos; su conversación, en general se refería á asuntos de orden distinto demostrando en todo vasta y sólida instrucción.&lt;br /&gt;Por este muchacho y contestando á mis preguntas supimos fijamente las fuerzas americanas que en la expedición venían. Eran estas: á bordo del "Pekin", el Primer Regimiento de Infanteria, Voluntarios de California, total 1.200 hombres; á bordo de el "Australia" venian cinco compañias del 14º Regimiento de Infanteria; la banda de éste compuesta de 50 hombres, una Bateria de Artillería pesada, y los dos primeros Batallones del 2º Regimiento de Infantería de Voluntarios de Oregón: total del "Australia", 1.600 hombres; y por último á bordo del "Sidney" venían el 3º Batallón del 2º de Voluntarios de Oregón, y siete compañias del 14º Infanteria: total del "Sidney", 700 hombres. Vimos, pués que nos habíamos engañado en la apreciación de las fuerzas que se nos habían presentado en Marianas, verdad es, que contribuyó á ello la nota que nos dió el Capitán Glass en que decía traía una división de ejército al mando del general Anderson, pero ya se vé que aún contando con la dotación del "Charleston" el total de las fuerzas americanas que venían en la flota no pasaba de 4.000 hombres; verdad es también que de cualquier manera esta cifra era más que suficiente comparándola con la de 60 hombres que éramos nosotros; y sobre todo, ayudados por los poderosos medios de guerra de que disponían cuatro barcos de gran tonelaje y de que nosotros carecíamos en absoluto.&lt;br /&gt;Tambén en este día y con motivo de haberse sentido enfermo uno de nuestros soldados hice conocimiento con los dos únicos médicos militares, de mí misma graduación que venían á bordo, el Dr. Mac-Way y el Dr. Cardwell, tipos muy distintos por su carácter y condiciones. El primero era un&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; tio&lt;/span&gt; repulsivo cuyo simple aspecto predisponía en contra, con el cabello y barba de un fuertisimo color rojo que le hacía doblemente antipático, de color pálido con el labio superior hinchado y cuya conversación tenía de agradable tanto como su apariencia, siendo además brusco, indiferente, egoista y muy poco educado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;- 28 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en sus modales; no gustándome absolutamente nada su trato y no habiendo recibido de él la más leve muestra de compañerismo, salvo la de una severa etiqueta profesional con motivo de la enfermedad del soldado español, no volví á ocuparme de él reduciendo mí trato durante el resto del viaje á un cotidiano y ceremonioso saludo de inclinación de cabeza.&lt;br /&gt;¡ Ni lo he vuelto á ver después ni maldita la falta que me ha hecho !.&lt;br /&gt;El doctor Cardwell, por el contrario, más joven que el anterior era un tipo opuesto completamente en su aspecto y en su trato: alto, de agradable presencia, amable y sonriente con todo el mundo, tuvo para mí grandes consideraciones y deferentes pruebas de compañerismo; todos los días me buscaba para hablar un rato, haciéndolo de nuestra profesión, de nuestros estudios y de otras mil cosas convenciéndome, por su conversación particular y científica de que era una buena persona y un buén médico. No he dejar de citar por último al médico civil de la dotación mercante del "Sidney" de cuyo nombre no me acuerdo, un viejecillo muy simpático cuya constante ocupación era la lectura de las novelas de Zola y del que creo que medicina sabía tanto como el más ilustre de nuestros curanderos.&lt;br /&gt;Por su parte el Capitán del Puerto, García Gutierrez, había hecho amistad muy principalmente con el Comandante Naval Phelps, ó Capitán Phelps como allí le llamaban y yo también lo haré de aquí en adelante, por razones de profesión, pues que los dos eran marinos, el cual le facilitó algunos periódicos norteamericanos de San Francisco de California que alcanzaban las fechas de 25 y 26 de Mayo, en que salieron los buques de aquél punto. Por la lectura de dichos periódicos fuimos adquiriendo más amplias noticias de la guerra: Supimos, en primer término el levantamiento en masa de toda la Isla de Luzón en Filipinas por los insurrectos tagalos capitaneados otra vez por Aguinaldo que había sido traído, al efecto, de HongKong por un crucero norteamericano; nos enteramos también de algunos detalles más sobre la destrucción de nuestra escuadra en Cavite el 1º de Mayo y la toma de esta Plaza así como la de la Isla de Corregidor por la escuadra americana mandada por el Almirante Dewey; leimos la situación de Manila que bloqueada por dicha escuadra en la bahía y sitiada por tierra por las masas insurrectas, aguantaba horrible sitio empezando ya á sentir los horrores del hambre y sus consecuencias; otra de las noticias de aquellos periódicos era la de que el cañonero español "Callao" que procedente del Sur del Archipiélago entraba en la bahía de Manila algunos días después del combate de Cavite, é ignorando como nosotros en Marianas, que existía la guerra, fué atacado por varios cruceros americanos teniendo el Comandante del barquito español que entregarse arriando su bandera; puesto en libertad el marino español y llegado á Manila, - decía el periódico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 29 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yankee - había sido fusilado por los tribunales militares españoles "por no haber hecho fuego sobre los barcos norteamericanos que le rodearon é hicieron prisionero. También decía el mismo periódico que al Almirante Montojo se le había formado sumaria en Manila, por cobarde, y que se esperaba corriese la misma suerte que el Comandante del "Callao".&lt;br /&gt;Recuerdo, por último, algunos telegramas de Madrid que aquellos periódicos publicaban según los cuales el General Primo de Rivera defendía en la cámara del Senado su gestión como Gobernador y Capitán General de Filipinas, y la célebre paz de Biac-na-bató, dedicándose todavía á hacer frases como aquella de que "el trapo llamado bandera norteamericana, no ondearía nunca sobre las murallas de Manila" y que "sus oidos no podían creer cuanto le contaban del desastre de Cavite"; ¡ quién no había de indignarse al leer semejante conducta y tales baladronadas en boca del .... célebre &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;pacificador &lt;/span&gt;de Filipinas !.&lt;br /&gt;Como se vé no podían ser más abrumadoras y pesimistas las noticias ni más variada ni dolorosa la serie de sucesos que habian acaecido en el tiempo que nosotros no recibíamos noticias en Marianas. A bordo del "Sidney" lo mismo que en el "Charleston" todos los oficiales y especialmente el Capitán Phelps que era el que más frecuentemente hablaba de ello, estaban de acuerdo sobre la próxima terminación de la guerra en cuanto tuviese lugar la destrucción de la escuadra Cervera. Los periódicos ya citados no traian más noticias respecto á esto que la ignorancia absoluta, en los últimos días de Mayo, de donde se encontaba Cervera y la actividad con que lo buscaba la escuadra americana desde el principio de la guerra; sin embargo, ya se indicaba que nuestra escuadra estaba guarnecida en el Puerto de Santiago de Cuba y la prensa francesa, sobre todo, elogiaba y reconocía como magnífica la estrategia de Cervera que allí acogido recomponía los barcos, ahorraba carbón etc.., haciendo, en cambio, gastar á la escuadra enemiga en material, combustible y demás, obligándole á un reconocimiento incesante de todas las costas cubanas.&lt;br /&gt;Estas y algunas otra noticias más de orden secundario, fueron las que poco á poco ibamos recogiendo por conversaciones y periódicos á bordo del "Sidney", convenciéndonos cada vez más de lo terrible del desastre que España estaba sufriendo en una guerra tan desigual empeñada después de gastadas todas las energias en la guerra de Cuba y de cuya campaña no podía menos de resultar lo que ya estábamos tocando.&lt;br /&gt;Al tercer día de viaje y ya más tranquilos los ánimos por lo que á nuestra situación como prisioneros se refería, empezamos á reflexionar sobre lo que en Marianas habíamos hecho. Al principio parecía que todos rehusábamos hablar de ésto y recuerdo que el Capitán del Puerto fué el primero que abordó la cuestión pero sin tratar de ella delante de todos los compañeros; desde este día, yo, á quién todos reconocían como el único que estaba libre de toda censura y de toda participación en lo ocurrido en Agaña&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;                                                                                                          &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 30 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;fuí el depositario común de todas las confianzas y de todos los pensamientos de mis cinco compañeros de infortunio. En efecto , ya en este día, y en los sucesivos cada vez más, el fantasma "responsabilidad" por la rendición de la Isla de Guajam aparecía distinto é imponente ante la mente de aquellos cinco hombres, y como digo anteriormente, el Capitán del Puerto fué el primero que á mí sólo, y reservadamente, me expuso lo terrible de los pensamientos que por su cerebro cruzaban: él veía en el porvenir un Consejo de guerra que había de juzgarlo y quería preparar su defensa y la justificación de su conducta en la parte que le correspondía de la rendición de Marianas; me recordaba, como testigo que yo había sido, de su primera conferencia con el Gobernador cuando le traíamos de el Puerto la primera noticia de lo que ocurria, que él había dicho estaba dispuesto á hacer un Sagunto ó un Numancia y por lo tanto, á la muerte si el Gobernador así lo hubiese dispuesto; y estas frases de las que me exigía como caballero, y dejando á un lado nuestra amistad, fuesen declaradas por mí el día en que yo fuese llamado como testigo presencial de todo lo ocurrido, eran para él, - según decía - su justificación ante los tribunales; achacaba, en fín, toda la responsabilidad al Sr. Marina que como Gobernador fué el que aceptó la rendición y entregó la Isla sin disparar un tiro ni oponer la menor resistencia.&lt;br /&gt;Poco tiempo había transcurrido después de mí detenida y grave conversación con García Gutierrez, cuando me abordaban en el mismo sentido y no menos reservadamente los alféreces Berruezo y Ramos, los cuales estaban afectados de no menor preocupación que el anterior por la futura responsabilidad que pudiera caberles en la rendición. Conservaba Berruezo como un tesoro la órden escrita que el Gobernador le envió desde Piti para que entregase el Destacamento, órden que aquél consideraba como todos su salvación; también me hacía recordar, que yo había sido testigo del Consejo de guerra celebrado en la Casa-Gobierno la noche del 20 - cuya acta no se había llegado á hacer - y las palabras que ellos dos habían pronunciado de que "debíamos defendernos". Terminaban los dos alféreces por hacer diversos cargos al Gobernador sobre la forma en que había dirigido lo de la rendición, y atribuyéndole, en fín, como la hacía el Capitán del Puerto, toda la culpa y toda la responsabilidad de lo acaecido.&lt;br /&gt;Aquella misma noche, y después de retirarnos á nuestro camarote Duarte y yo, hablamos también del mismo asunto y entonces acabé de convencerme de la gravedad del caso. Con aquella prodigiosa memoria que el Capitán Duarte tiene me hizo conocer un artículo del Código de Justicia militar según el que "el Gobernador que rindiera una Plaza fuerte sin dejar á salvo el honor de las armas sería fusilado y los oficiales que entrasen en la rendición sufrirían la pena de reclusión perpétua.... " . Del mismo modo que los demás, Duarte se hacía&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 31 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;su defensa, bién débil por cierto, diciendo que él no era más que Secretario del Gobierno y que ninguna participación había tomado en la entrega de la Isla. Conocía Duarte, sin duda, mejor que ninguno la gravedad de la cuestión, pero yo le conocí también el temor que tenía hasta de pensar en ello y lo que podía resultarles, precisamente por que no había ninguna salida favorable para aquél terrible conflicto. Yo que había tratado á este hombre por espacio de tres años, había tenido ocasión muchas veces de apreciar sus severidad y su calma ante las más graves cuestiones; en esta vez también conocí las tenía completamente perdidas, síntoma grave por el que acabé de formar juicio de lo terrible de la situación. Terminaba Duarte, lo mismo que los demás, reconociendo la absoluta responsabilidad del Sr. Marina pero también la del alférez Berruezo, del que decía que como Jefe del Destacamento entregado, podía no haber obedecido la órden de entrega que el Gobernador le envió por considerarla depresiva para el honor de las armas y de la Patria, y podía haberse defendido en el modo y forma que su voluntad le hubiese sugerido.&lt;br /&gt;Con estas impresiones me acosté yo aquella noche reflexionando sobre la situación respectiva de todos y cada uno de mis compañeros; todos ellos me habían hablado separadamente y un mismo sentido, y lo primero que yo veía allí casi inevitable era un rompimiento más ó menos próximo de toda clase de consideraciones y el egoismo personal y el instinto de conservación imperante sobre todo lo demás en la mente de aquellos cinco hombres que siendo amigos y compañeros hasta entonces ya empezaban á mirarse con recelo, á tratarse con desconfianza queriendo todos adivinar en las palabras y actitudes de los demás los pensamientos y planes para el futuro, y que terminarían por acusarse mutuamente achacándose unos á otros todas las culpas y todos los cargos. Los cuatro oficiales tenían una idea común y era la de que sólo el Gobernador debía ser el responsable, pero sin embargo aquél Artículo tremendo del Código que á todos alcanzaba, les hacía defenderse de un modo no colectivo sino personalísimo, no atendiendo más que á si propios, recabando datos y hechos, pueriles unos y fundados otros, que en su mayoría si servían de defensa ó atenuante para uno, resultaba una acusación ó grave cargo para otro ó para los demás. Entre tanto, ninguno conocíamos los pensamientos del Gobernador sobre esto, desde que nos hicieron prisioneros, como ya he dicho, ni una sola palabra habíamos cruzado acerca de la responsabilidad ante España en el día de mañana; seguía el pobre viejo pensativo y agobiado, casi sin hablar con nadie, y dedicado á la lectura de algunos libros que le había proporcionado el anciano doctor del "Sidney", distrayendo su imaginación y queriendo alejar de sí todo pensamiento acerca de lo pasado.&lt;br /&gt;Y después de reflexionar sobre todo esto ¿ que era posible hacer ahora ?. Nada, absolutamente nada. Comprendía yo entonces lo que por instinto me temía en Agaña la noche del Consejo de guerra; yo, sin haber tomado parte activa en aquella reunión, salí de ella contrariado y no satisfecho,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 32 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;comprendiendo no se había hecho nada, que algo faltaba, ó mejor dicho, faltaba todo para dar una solución buena al conflicto; y en efecto, ahora conocí lo rematadamente mal que allí se trató el asunto; ¿ como hubiera sido posible que si allí se hubiesen planteado, examinado y discutido todos los extremos de la cuestión no se hubiera encontrado otro modo de resolver el problema ?.&lt;br /&gt;Si en aquella reunión se hubiese tenido en cuenta todo, si entre los distintos puntos á discutir se hubiera examinado el de responsabilidad en el día de mañana para el caso de la rendición, ¿ no se hubiera buscado un medio de llegar honrosamente á esta - incluso un simulacro de defensa con cuatro tiros de corta resistencia, etc. -, dejando á salvo el tan cacareado honor de las armas ?. Y no se diga que la rendición era cosa exclusiva del Gobernador porque esto siendo en absoluto verdad, no obstante, no abarcaba toda la responsabilidad y los oficiales no eran ajenos á ésta como lo probaba aquél Artículo del Código citado por Duarte. En suma yo quedé convencido entonces y sigo hoy en la misma creencia que aunque nuestra suerte final hubiera sido la misma en todos los casos, esto es, ser prisioneros de guerra, la cuestión de responsabilidad ante los tribunales hubiera podido evitarse con algún otro medio de capitulación que debía haberse tratado en la reunión celebrada la noche del 20. ¿ Quién sabe si habiendo defendido nuestro pequeño territorio y habiéndole opuesto alguna resistencia por montes y vericuetos, no se hubiesen cansado y reembarcado puesto que el asunto principal y casi exclusivo de la expedición era llegar cuanto antes á Manila ?.&lt;br /&gt;Después, andando el tiempo y por motivos que luego apuntaré, mis compañeros se tranquilizaron algo más y modificaron la opinión respecto á las penas que podían aplicar los Tribunales al caso de Marianas, y hoy 27 de Septiembre, que escribo estas líneas no concluida la guerra y dada la situación especial del Archipiélago de Filipinas, nada se ha hecho para juzgar la rendición de la Isla de Guajam ni creo que en mucho tiempo se resuelva nada acerca de ello. El tiempo dirá lo que sea y lo que ha de suceder á los que fueron mis compañeros en Agaña y después de cautiverio con los yankees.&lt;br /&gt;Al reflexionar yo sobre la situación de mis amigos no podía menos de hacerlo también sobre la mía propia, y aún comprendiendo que era completamente distinta de la suya, que yo no tenía mando ni atribuciones militares propiamente dichas, que no había formado parte de ningún Consejo, etc., etc., y por lo tanto, que no podía caberme la menor responsabilidad en lo sucedido en la rendición de Marianas, sin embargo, tal era el temor de mis compañeros y tal la pintura que se hacía del porvenir, que no dejaba yo de sufrir una especie de contagio y tener recelos, pasajeros, es verdad, pero temores al fín, de que yo pudiera ser también mezclado en la suerte de los demás; después reflexionaba y haciéndome cargo de que esto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 33 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no era posible, volvía á tranquilizarme. Nada temía por la suerte que como prisionero de los Estados Unidos me esperaba, pués en mis reflexiones me acordaba del Convenio de Ginebra de 1864 firmado también por aquella nación, del carácter neutral de los médicos militares y demás individuos de la Cruz Roja, y para mayor tranquilidad mía el doctor Cardwell me había proporcionado un ejemplar del Convenio en el que yo refrescaba mí memoria, - hacía infinidad de tiempo que no lo leía -, enterándome de los más importantes artículos de la protección y respeto debidos por el enemigo á los individuos no beligerantes y los derechos y atribuciones que el citado reglamento me concedía.&lt;br /&gt;El mismo doctor Cardwell me proporcionó un brazal de la Cruz Roja de los mismos que ellos usaban, y en fín, todos los oficiales con quienes hablaba en el "Sidney" me aseguraban que sería puesto en libertad en cuanto llegáramos á Manila. Todo esto llegó á tranquilizarme de tal suerte que ya no sentía más pena, verdad que era grandísima, que la separación de mí familia y la no menor que esta estaría pasando con mí ausencia ignorando donde estaba y que sería de mi, ¡ cuanto hubiera dado yo por escribirles una carta á los tres días de mí salida de Marianas dándoles todos estos detalles de mí situación relativamente tranquilizadores y completamente ignorados por ella !.&lt;br /&gt;Pasaron dos ó tres días más. Nuestra vida á bordo era por demás tranquila y monótona: nos levantábamos al toque de diana que era á las cinco y media subiendo enseguida á cubierta, pués el mar, tranquilo como un lago, hacía el movimiento del buque totalmente nulo y convidaba á pasear por la toldilla; almorzábamos á las ocho entreteniéndonos después en hablar con unos y con otros hasta la una de la tarde que se ponía otra vez la mesa para el lunch; dormíamos luego un rato la siesta y volvíamos á cubierta hasta las seis en que se servía la comida, terminando, por lo general, ésta al ponerse el sol; volvíamos al salón de reunión ó á cubierta donde la música del batallón que iba á bordo tocaba, malísimamente por cierto, algunas piececitas hasta las nueve y terminaba siempre después del programa con el himno nacional norteamericano que nos obligaba todas las noches, pues todos lo hacían y hubiera sido una ofensa grave el no imitarles, á levantarnos y descubrirnos mientras la banda entonaba aquellas notas que á nosotros nos mortificaban en alto grado. Después de la música oíamos algunas noches cantar al Teniente Mullay, acompañado al piano por el doctor Cardwell en el salón fumador, luciendo aquél una hermosa voz de barítono y entreteniendo agradablemente á sus compañeros. Nos retirábamos á las diez, hora en que se nos había ordenado recogernos, permaneciendo luego Duarte y yo en nuestro camarote hablando un rato sobre nuestros asuntos é incidentes del día. Por lo demás, nosotros seguíamos tan vigilados y se tenían las mismas precauciones de centinelas y demás, como en el primer día. El trato que se nos daba en la comida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 34 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;era excelente como ya he dicho, aunque en la cuestión de servicio de criados y camareros se andaba bastante mal hasta el punto de que los oficiales que iban á bordo eran asistidos en sus camarotes por sus propios asistentes; nosotros no pudimos tomar de nuestros soldados ningún hombre con dicho fín, porque una de las cosas que primero se nos había exigido al entrar á bordo era que empeñásemos nuestra palabra de honor no intentar escaparnos ( ¡ no se por donde ! ) ni de hablar una sola palabra con nuestros soldados.&lt;br /&gt;Poco á poco fuimos conociendo y tratando á unos y otros de los oficiales americanos mereciendo desde luego nuestra preferencia los del 14º de Infantería Regular; era muy notable y se podía apreciar enseguida la gran diferencia que existía entre estos oficiales militares, propiamente dichos de la tan nombrada Escuela de West Point, de educación esmerada y buen trato tanto social como militar y los oficiales de voluntarios entre los cuales con muy pocas excepciones abundaban los tipos de verdaderos tocineros ó indecentes mercachifles.&lt;br /&gt;Entre los tipos más notables del "Sidney" puedo citar los siguientes: el Capitán Phelps, ya citado atendiendo siempre á componerse y perfumarse como la más atildada madama, mudando de trajes 57 veces al día y terminando por la noche con una llamativa bata japonesa de seda de colores que ceñida fuertemente al cuerpo lucía en el salón jugando á los naipes con otros oficiales; por demás era excelente persona en su trato y condiciones. Otro tipo, reventante en alto grado, estúpido y completamente memo, era el Mayor del Regimiento de voluntarios de quién ya he hablado: era un mequetrefe de primer orden que se daba más importancia con aquello de ser Mayor, joven y demás, que el mismisimo presidente Mac-Kinley; con relación á nosotros siempre andaba desconfiado y los dedos se le antojaban huéspedes, temiendo tal vez voláramos el barco ó hiciéramos tentativas de evasión, etc.; también se la echaba de guapo y presumido tonteando con su persona y con un sable más grande que una lanza.&lt;br /&gt;No menos notable que los anteriores, aunque por otro concepto, era el viejo Cap. Mansfield del 14º de Infanteria: era un pobre viejo de cerca de 60 años con el cabello lo mismo que la nieve; había salido de su país y venía á bordo del "Sidney" con el mismo gusto que yo y tenía más miedo á Filipinas que á un tigre de Bengala, no haciendo más que preguntarme á cada momento sobre las fiebres, disentería y demás padecimientos propios del Archipiélago, y yo, que comprendía su flaco, me divertía refiriéndole con exagerados trazos la gravedad que en este país revestían dichas afecciones y ¡ era de ver los escalofrios y chasquidos de la lengua del pobre hombre, cuando oía hablar de fiebres que mataban en media hora, de disentería que lo hacía en pocos días, etc. ! se desencajaban sus ojos y murmuraba en voz baja algo que debían de ser maldiciones sin cuento á Mac-Kinley, á la guerra, á Filipinas y al que le hacía venir á bordo del "Sidney". La caracteristica principal de este célebre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 35 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tipo, determinada sin duda por la intranquilidad que sentía, era la de no estarse quieto un momento en el mismo sitio: se sentaba en una silla que abandonaba al minuto para escoger otra en el extremo opuesto del salón, se levantaba otra vez, se echaba en los divanes, entraba, salía, volvia á entrar ..... ¡ aquello era el movimiento contínuo !; por lo demás el Cap. Mansfield era un excelente sujeto y un infeliz en toda la extensión de la palabra.&lt;br /&gt;También era célebre otro capitán de artillería, así mismo viejo, el Cap. Mr.D.Geary, de quién hablaré más detenidamente, en otra ocasión y que debía haber sido bombero ó cosa parecida en su país, pués siempre que nos veía y sin saludarme previamente siquiera me preguntába que ¡ quién apagaba los incendios en Manila ! y lo bueno era que muchas veces se marchaba sin aguardar mí respuesta. La mejor descripción del Cap. Geary que puede hacerse, la encierra la frase del Comisario de Guerra español, D.Paco G.Montero, en Cavite, que decía del Cap. Geary que " de bruto que era no podía coger el sueño " ¡ era exactamente la verdad !.&lt;br /&gt;Citaré también un jovencito de 20 ó 22 años que venía á bordo del "Sidney" y que era reporter de "The Herald" de Los Angeles, en California; ¡ cuánta lata tuve que aguantar de aquella criatura !. Vestido de riguroso invierno sudaba el muchacho la gota gorda hasta por las orejas, y después de enterarse de algunas noticias sobre la vida, costumbres, etc., que nos preguntaba acerca de los naturales de Marianas y Filipinas me enseñaba las crónicas que escribía á su periódico, en las que, en efecto todo iba al revés de lo que se le había referido. Se llamaba este lancero Mr. Knight y era un gorrista de cigarrillos y tabacos de primer orden.&lt;br /&gt;De la tropa americana del "Sidney" mucho podía hablarse en favor y en contra: allí se veían hombres de todas edades y todas fachas, abundando sobre todo los de 25 á 35 años, circunstancia más ventajosa, sin duda que la edad de 19 á 22 de nuestros reclutas pués en general presentaban un desarrollo físico más completo y favorable para las fatigas de una campaña; no estaban muy bién arreglados en la cuestión de equipo pues venían vestidos con gruesas ropas de invierno no muy limpias ni de buen corte; no tenían tampoco aire militar propiamente dicho siendo pesadotes tanto en sus movimientos individuales como en los de instrucción colectiva. El trato que le daban á bordo dejaba mucho que desear. Entre los voluntarios todavía había más desproporción en la cuestión de edades y también más poca verguenza militar y socialmente hablando; algunos había muy aficionados á quedarse con lo ajeno sin la voluntad de su dueño: á los dos días de viaje ya habían desaparecido de mí camarote dos cajas enteras de tabacos y casi todos los botones de una guerrera mia que había colgada en la percha. Esto de los botones es ahora la chifladura común en los Estados Unidos, pues hasta los mismos oficiales nos pedían como gran favor un botón de nuestros uniformes para su colección. A los alféreces Berruezo y Ramos también le fueron robados del&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 36 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;camarote las insignias de sus gorras de uniforme.&lt;br /&gt;Navegamos sin ningún incidente digno d&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;e mención hasta el día 28 en que á media mañana fué divisada la costa Este de la Isla de Luzon ; y por la tarde á eso de las cuatro sentimos de pronto gran movimiento y algazara entre la gente de á bordo que miraban atentamente hacia la proa del buque; preguntamos qué era y nos dijeron que se veía humo en el horizonte; en efecto, observámos este por nuestra banda de estribor y vimos al "Charleston" que redo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;blando su marcha se alejaba á toda velocidad en aquella dirección al propio tiempo que los tres trasatlánticos modificaban su formación colocándose uno detrás de otro caminando primero el "Australia" luego el "Pekin" y el último el "Sidney". El crucero marchaba rápidamente al encuentro de aquella columna de humo procedente sin duda de un barco, no dejando de cruzar por nuestra imaginación la idea de que fuese un buque de guerra español y presenciáramos y hasta tal vez tomásemos parte en un conflicto grave. Poco á poco fué apareciendo por encima del horizonte la silueta de un buque de guerra que llegándose á hacer cada vez más distinto fué reconocido enseguida: era&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; el crucero norteamericano "Baltimore"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXlo2jM25I/AAAAAAAAAC4/SzrKPP8EMAU/s1600-h/FILIPINAS011.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 350px; height: 207px;" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXlo2jM25I/AAAAAAAAAC4/SzrKPP8EMAU/s320/FILIPINAS011.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230339032261385106" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que según supimos luego esperaba en aquellas aguas á la expedición hacía ya 9 ó 10 días. Llegados próximamente al sitio donde este buque estaba andando á muy poca máquina, se detuvieron todos los barcos mientras se cruzaban algunos botes entre él y el "Charleston" y después de una media hora, empezamos otra vez á navegar quedándose el "Baltimore" detenido hasta que todos los buques pasaro&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;n, saludándose mutuamente con gritos de entusiasmo las respectivas tripulaciones y tocando las músicas en todos los barcos. Después, colocándose estos otra vez en la misma disposición&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 37 -&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;que venían anteriormente, continuamos el viaje escoltados entonces por el "Baltimore" que siguió detrás nuestra misma ruta. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Estábamos nosotros ávidos de conocer algunas noticias de lo que en Manila sucedía sobre todo algo acerca de la paz que tanto se nos había anunciado como posible para la fecha en que llegásemos, pero éste acontecimiento, desde luego lo consideramos como no llegado todavía, cuando al pasar inmediatos al "Baltimore" vimos que la cubierta de éste estaba preparada "ready for action" como dicen los ingleses ó sea en zafarrancho de combate, cosa que no hubiera sucedido de estar firmada la paz. Sin embargo, preguntamos al Cap. Phelps que nada pudo decirnos porque no había tenido ocasión todavía de hacer señales y hablar con el "Baltimore".&lt;br /&gt;Mal impresionados nos acostamos aquella noche por este motivo volviendo á recrudecerse á medida que se acercaba el término de nuestro viaje, las ideas pesimistas de lo de Marianas. Ya en el día anterior había habido algún que otro párrafo general entre todos nosotros relativo al asunto y el Gobernador también había dejado escapar algunas frases por las que se veía que á nadie achacaba la responsabilidad sino á sí propio, frases que recogidas inmediatamente por los alféreces Berruezo y Ramos, los animó para proponerle al Sr. Marina se hiciese allí mismo, á bordo del "Sidney" y antes de llegar á Manila el acta del Consejo celebrado en Agaña la noche del 20, y aceptada la proposición, convinieron todos en no darle el nombre de Consejo de guerra sino el de Reunión preventiva de los oficiales de la Guarnición. Se hizo, en efecto el acta de cuya redacción se encargó García Gutierrez y en la cual se indicaban solamente aquellos extremos que se creían más favorables á salvar la responsabilidad. Firmaron todos este documento de cuyo texto exacto no me acuerdo, pero sí que no alcanzaba, en mí concepto gran importancia y nada bueno ni malo añadía á el conflicto. De ello estaban todos convencidos, pues á pesar de conocer ya las ideas del Gobernador de no culpar á nadie de lo ocurrido, la confección y firma del acta no fué bastante ni mucho menos para tranquilizar los ánimos que siguieron tan tristes y agobiados.&lt;br /&gt;Todo el día 29 y parte del 30 lo pasamos en el camarote, fuertemente mareados á causa de la mar gruesísima que había en el Mar de la China por la monzón recién entablada del Sudoeste; durante este tiempo fuimos costeando la Isla de Luzon hasta que el día 30 á eso de las dos de la tarde pasamos junto á Mariveles y poco después estábamos en la gran bahía de Manila por "Boca Chica" dejando la Isla de Corregidor á estribor. Atravesamos las 22 millas de aquella, y por último á las cuatro de la tarde entrábamos en la ensenada de Cavite, cruzando por en medio de los cruceros norteamericanos que contestaban con sus salvas á los saludos del "Charleston" mientras las tripulaciones vociferaban saludando á la expedición y recibiendo á su vez las ovaciones de ésta; fondeando, en fín detrás de&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 38 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;la escuadra norteamericana y dando frente al Arsenal de la Plaza de Cavite.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hermosa era en verdad la perspectiva que ofrecía la ensenada de Cavite, su costa, la bahía de Manila y todo lo que la vista podía abarcar desde la cubierta del "Sidney" y en cuyo espectáculo nos entretuvimos todo el resto de la tarde, pues en contra de lo que nos figurábamos nada nos dijeron de que nos retiráramos á nuestros camarotes como sucedió en el Puerto de San Luis de Apra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXu0hRPhPI/AAAAAAAAADA/6KwB-4Ipzmg/s1600-h/FILIPINAS013.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 303px; height: 200px;" src="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXu0hRPhPI/AAAAAAAAADA/6KwB-4Ipzmg/s320/FILIPINAS013.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230349128311997682" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En la bahía de Manila y frente á la desembocadura del rio Pasig estaban diez y seis ó diez y ocho barcos de guerra extranjeros y algunos mercantes. Dirigiendo después la vista á la costa se veía Manila con sus blancos caserios, múltiples cúpulas, iglesias, conventos, etc., después á la derecha y siguiendo la orilla se echaba de ver la exhuberante vegetación del país entre la que descollaban de vez en cuando poblados, caserios y pueblos entre los que se destacaba muy principalmente Bacoor y por último se veía Cavite con sus hermosas edificaciones de el Arsenal y las murallas de la Fortaleza de San Felipe. En la ensenada estaban fondeados todos los barcos carboneros y transportes de la escuadra norteamericana y delante de ellos los cruceros de guerra. Por último, allá junto á la orilla de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 39 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la ensenada por la parte del Varadero y Punta Sangley se veían confusamente por la distancia y la poca luz de la caída de la tarde unas masas oscuras á flor de agua que supusímos eran los restos de nuestros buques sumergidos.&lt;br /&gt;No esperábamos aquella tarde que dispusieran de nosotros pues ya era avanzada la hora y nada se notaba en los transportes que indicase movimiento, de manera que aquella noche nos retiramos como siempre esperando que al siguiente día se decidiría fuéramos donde quiera que fuese. Excuso decir que por el aspecto de la bahía y aunque ninguna noticia nos fué comunicada nos convencimos de que continuaba la guerra y que todavía habíamos de presenciar allí algunos sucesos de importancia. Una de las cosas que más nos impresionó aquella noche fué el oir nutrido fuego de fusilería hacia la parte de Malate y como no sabíamos todavía la situación exacta en que se encontaba Manila con relación á las tropas insurrectas nos extrañaba ver aquella lucha en los mismos arrabales de la ciudad.&lt;br /&gt;Al día siguiente y en cuanto subimos á cubierta nos fijamos detenidamente en los buques que componían la escuadra norteamericana vencedora en Cavite y que estando próximos á ellos podíamos contemplar en todos sus detalles. Eran los siguientes: 1º el crucero &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Olympia", &lt;/span&gt;buque almirante, de 5.800 toneladas con 34 cañones en total y 4 ametralladoras.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXvwual3GI/AAAAAAAAADI/s6TOusCna8M/s1600-h/FILIPINAS015.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXvwual3GI/AAAAAAAAADI/s6TOusCna8M/s320/FILIPINAS015.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230350162633022562" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;2º el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Baltimore"  &lt;/span&gt;de 4.600 toneladas con 18 cañones y 6 ametralladoras.  3º el crucero &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Boston"  &lt;/span&gt;de 3.189 toneladas con 18 cañones y 2 ametralladoras. 4º el crucero &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Raleigh"  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 3.183 toneladas, 23 cañones y 2 ametralladoras.  5º el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Concord"  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 1.700 toneladas, 11 cañones y 4 ametralladoras. Y 6º el cañonero &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Petrel"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;de 890 toneladas, 7 cañones y 2 ametralladoras. Tal era la escuadra que tomó parte en el combate de Cavite destruyendo en un momento la nuestra y quedando dueña de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 40 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la bahía y puerto de Manila, habiendo colocado á esta en apuradísima situación.&lt;br /&gt;En todo este día, 1º del mes de Julio, ocurrió nada de particular por lo que se refería á nosotros los prisioneros. Sabíamos que nuestro cancervero, por decirlo así, era el Cap. Glass, esto es, que éramos prisioneros de la Marina norteamericana y no del Ejército y por lo mismo todo nuestro afán era ver si, procedente de el "Charleston", fondeado cerca de nosotros, venía alguien con órdenes referentes á nuestro destino, pero nada de esto ocurrió y llegó la noche sin que nada se nos dijese. Por lo demás pasamos aquél día entretenidos observando el desembarco de las fuerzas americanas conducidas por los tres trasatlánticos "Australia", "Pekin" y "Sidney" que en pequeños remolcadores fueron transportadas y desembarcadas en el Arsenal de Cavite. Con este motivo se despidieron de nosotros todos los oficiales que habían sido nuestros compañeros de viaje, quedándonos con gran extrañeza nuestra, solos á bordo del "Sidney" sin que quedara en éste un sólo soldado para nuestra custodia.&lt;br /&gt;También en este día nos manifestó el Cap. Phelps, que el vapor "Zafiro" transporte americano de la escuadra y dedicado al servicio postal de ésta entre Manila y Hong Kong salía aquella tarde con dirección á este punto y podíamos, pues, escribir á donde quisiéramos, pero no diciendo nada en las cartas que tuviese relación con la guerra. Aprovechamos, como era natural, la ocasión y escribimos á Marianas dirigiendo las cartas á Yokohama y al Cap. Harrison, dueño de la goleta inglesa "Esmeralda" que hace viajes periódicos entre dicha capital japonesa y Agaña.&lt;br /&gt;Yo también escribí á España cuatro líneas diciendo nada más que la situación y punto donde me encontraba. Entregadas nuestras cartas, abiertas, al mismo Cap. Phelps, se despidió éste de nosotros, pues, según nos dijo había sido nombrado Segundo Comandante del crucero "Raleigh" y marchaba á tomar posesión de su nuevo cargo.&lt;br /&gt;Creo conveniente apuntar aquí la noticia que nos dió este mismo señor acerca del servicio de correos que el vapor "Zafiro" venía haciendo desde 1º de Mayo, y que indica verdaderamente la ligereza con que nuestros gobernantes proceden en la mayoría de las ocasiones. Después de el combate de Cavite y destruída nuestra escuadra, el almirante americano Dewey pidió al General Augústin le dejase telegrafiar á su gobierno por el cable de Manila, amarrado en Malate y nuestra Autoridad superior del Archipiélago no quiso concedérselo, ¡ barbaridad grandísima y memada mucho mayor ! ¡ Negar semejante cosa cuando precisamente siendo el americano dueño como lo era de la bahía, tenía á su merced el cable cuando le viniese en ganas cogerle del fondo del mar !. Lo cual sucedió, en efecto; el almirante Dewey al recibir la negativa del General Augústin pescó el cable y lo cortó, resultando que ninguno de los dos podía comunicar directamente con&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 41 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;sus respectivos gobiernos desde Manila, pero, en cambio el almirante americano tenía á su disposición muchos barcos que en 50 ó en 60 horas le ponían en comunicación con Hong Kong, - servicio que era el que venía haciendo el "Zafiro" - y nuestro Capitán General tenía un palmo de boca abierta pero.... no tenía cable ni barcos. Tan grave fué esta plancha que posteriormente dió lugar, como veremos á un importantísimo hecho, - la extemporánea&lt;br /&gt;capitulación de Manila - cuyas consecuencias para el tratado de paz no es necesario ponderar.&lt;br /&gt;En el mismo estado transcurrió también el 2 de Julio sin que supiéramos nada,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXwOy3o7ZI/AAAAAAAAADQ/x62kSDcnvUI/s1600-h/FILIPINAS017.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXwOy3o7ZI/AAAAAAAAADQ/x62kSDcnvUI/s320/FILIPINAS017.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230350679224675730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ni nada nos fuese comunicado, aumentando por momentos nuestra incertidumbre y haciendo cálculos sobre tal demora en disponer de nosotros: quién decía que indudablemente nos dejarían á bordo del "Sidney" constituyendo éste nuestra prisión, quién que nos bajarían al Arsenal de Cavite, y había, en fín, quién creía que seríamos llevados á San Francisco de California; en suma, todo era comentarios é hipótesis sin que después de todo pudiéramos fundar en nada tal variedad de opiniones. Por otra parte, como nos habíamos quedado solos á bordo del buque y podíamos hablar entonces con entera libertad sin temor de ser observados ni escuchados, los asuntos de Marianas fueron entonces discutidos con toda extensión y constituyeron nuestras conversaciones de todo el día.&lt;br /&gt;Ya entonces, el Gobernador dió á conocer claramente sus ideas y al culparse el solo, como lo hacía, empezó desde este día á madurar planes extraños y sin pies ni cabeza, referente á su persona, convencido como estaba, - decía - de que había de ser fusilado, por cualquiera de los extremos que el asunto de la rendición fuera considerado.&lt;br /&gt;Ya también en estas discusiones y aunque al parecer se diesen&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 42 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;á las palabras un tono de broma, se hacían cargos unos á otros, que se creía habían de ser tenídos en cuenta por el Tribunal que juzgara el asunto. Berruezo y Ramos eran los que principalmente ponían los puntos sobre las íes, como suele decirse: decían que el Gobernador no debía haber ido á la conferencia de Piti desarmado como fué y sin una pequeña escolta de nuestro Destacamento; decían así mismo, que tampoco le había sido necesario ir acompañado, como fué á la conferencia, de Duarte y de García Gutierrez quedando á los alféreces solos en Agaña, porque en el caso de faltar el Gobernador, uno de aquellos, tenía por ordenanza que tomar el mando, y por lo mismo, alguno debía haber quedado, en provisión de ello, en la población. También le decían, y con razón, al Capitán Duarte que decía no era más que Secretario del Gobierno, que si bién era esto cierto, también lo era que por más que dijera no podía nunca despojarse de su empleo de Capitán de Infantería y por lo mismo tan oficial de la Guarnición como todos los demás. Se decía, así mismo, que aunque el Capitán del Puerto aseguraba que él nada tenía que ver con la Plaza, no había pensado de esta misma manera en otra ocasión, en que por ausencia del Gobernador había reclamado de la Superioridad la sustitución del mando en la Plaza; en fín, era aquello una de dimes y diretes que, aunque como antes dije, apareciesen como broma, se veía claramente lo que en páginas anteriores he apuntado, esto es, que más ó menos pronto resultarían aquellos hombres por declararse abiertamente enemigos. Sin embargo, algo se acordaba entre todos para la defensa común: en primer término, aconsejar y levantar el espíritu del Sr.Marina en el que todos veíamos que por su apocamiento y su depresión de ánimo, echaría á perder todo en el momento de verse delante de el General que le pidiese cuenta ó el Tribunal que le juzgara, y arrastraría á todos en su caida; verdaderamente, que todo lo que este hombre pensaba en aquél día y en los sucesivos no eran sino locura sobre locura y extravagancias sobre disparates que en vez de defenderle resultaban acusaciones gravísimas en contra suya. También se acordó entre todos, no nombrar para nada la palabra "Plaza" con relación á Agaña, pueril detalle sin duda, pues precisamente en todos los centros oficiales militares de Manila constaban hechos en contra: las mismas reclamaciones, ya citadas, de García Gutierrez sobre la sustitución de mando en Agaña, de la que decía en sus oficios era una "plaza fuerte, con polvorines, parques, fortificaciones, etc." ; el fusilamiento que nosotros mismos habíamos votado en consejo sumarísimo, y llevado á efecto en Agaña sobre cuatro presidiarios sublevados el año 96, y fundándonos precisamente en eso de que Agaña "era plaza fuerte y en constante estado de sitio" y otros muchos hechos más, eran prueba más que suficientes de que todos nosotros habíamos considerado como tal plaza fuerte la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 43 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de Agaña hasta el preciso momento en que tal denominación se volvía en contra nuestra, acusándonos de tan terrible modo.&lt;br /&gt;En tal situación llegó el día 3 y á eso de las nueve de la mañana se presentó á bordo del "Sidney" el Capitán Glass, que nos llamó al camarote del Capitán del buque para manifestarnos que después de haber hablado con el Almirante Dewey, á quién en aquél momento representaba, nos ofrecía que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXwrVkoRQI/AAAAAAAAADY/um3Gde9yHBU/s1600-h/FILIPINAS019.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJXwrVkoRQI/AAAAAAAAADY/um3Gde9yHBU/s320/FILIPINAS019.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230351169576518914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"si dábamos nuestra palabra de honor de ser neutrales y no hacer armas contra los Estados Unidos en la guerra que estaba empeñada nos pondría en libertad inmediatamente, dándonos un pase - añadió - para el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;General Aguinaldo &lt;/span&gt;á fín de que éste nos pusiera en poder de las avanzadas españolas de Manila".&lt;br /&gt;Grande fué nuestra sorpresa al oirle expresarse de aquella manera y nombrar al bandido y traidor Aguinaldo con aquella deferencia, pero repuestos enseguida le contestamos diciéndole que nos era imposible aceptar las proposiciones que nos hacía porque nuestro Código Militar nos lo prohibía, castigando al oficial que tal palabra de honor empeñara, con la pérdida de su empleo, y por lo tanto, en el caso de que la libertad nos fuera concedida nuestro puesto inmediato sería en las trincheras de Manila. No menos sorprendido quedó el Capitán Glass, el cual retirando enseguida sus frases nos dijo que no había tenído la menor intención de causarnos una ofensa con su proposición y que, ignorando la indicada circunstancia de nuestro Código, lo había hecho porque en su país tal era la costumbre y aún tenía entendido - siguió diciendo - que ello era regla también en algunos ejércitos europeos.&lt;br /&gt;Enterado, pues, de que preferíamos continuar siendo prisioneros, se retiró el Capitán Glass diciéndonos pondría en conocimiento del Almirante Dewey nuestra resolución para que éste decidiera.&lt;br /&gt;Como era natural este incidente hizo duplicar nuestra ansiedad é incertidumbre sobre lo que harían de nosotros, quedándonos otra vez solos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 44 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y comentando el suceso. Nos indignaba, sobre todo, la deferencia que los Jefes americanos tenían para los insurrectos tagalos y eso que aún no sabíamos gran cosa acerca del verdadero estado del país ni la forma indigna y canallesca en que el levantamiento de éste había tenido lugar.&lt;br /&gt;Así pasamos los días 3 y 4 de Julio, solos en aquél gran trasatlántico, hábidos de conocer el resultado, cualquiera que fuese, de nuestra contestación al Capitán Glass y no menos deseosos de alcanzar noticias sobre la situación de Manila, pues estábamos asombrados de que pasaría en esta población dado el continuo fuego de cañón y fusilería que constantemente estábamos viendo desde la cubierta del "Sidney" en el extremo de Malate y sitio donde estaba construido el pequeño fuerte de San Antonio Abad.&lt;br /&gt;Por fín, el día 5 por la mañana temprano se presentó en el "Sidney" un Oficial de Artillería de la armada americana, acompañado de cuatro soldados armados y el cual nos dijo traía órdenes de conducirnos á Cavite á las nueve, y por lo tanto, que fuésemos arreglando nuestros equipajes con dicho objeto. En efecto, después de almorzar por última vez en el "Sidney" y despedirnos de el Capitán, del Doctor y demás oficiales, fuimos embarcados en unión de nuestros soldados, en el cañonero "Leyte" barco que había sido nuestro y que capturado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJhwF4KQUyI/AAAAAAAAADg/6ta-a9mXXfs/s1600-h/FILIPINAS021.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJhwF4KQUyI/AAAAAAAAADg/6ta-a9mXXfs/s320/FILIPINAS021.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231054213467886370" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; pocos días antes por la escuadra americana lo habían dedicado á su servicio. Poco después hacíamos rumbo al Arsenal de Cavite, pero antes de llegar á éste pasamos por entre aquellas masas oscuras de que ya he hablado: eran, en efecto, nuestros barcos sumergidos desde el combate de 1º de Mayo. ¡ Que espectáculo más doloroso se ofrecía á nuestra vista con la de aquellos restos de nuestra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;- 45 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;derrota !. Siete eran los barcos cuyos restos aparecían en la ensenada de Cavite:&lt;br /&gt;1º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Reina Cristina" &lt;/span&gt;de 3.520 tons., 19 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;2º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Castilla"  &lt;/span&gt;de 3.342 tons., 20 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;3º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Velasco" &lt;/span&gt;de 1.152 tons., 5 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;4º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Don Antonio Ulloa" &lt;/span&gt;de 1.130 tons., 8 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;5º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Don Juan de Austria"  &lt;/span&gt;de 1.130 tons., 9 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;6º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Isla de Cuba" &lt;/span&gt;de 1.030 tons., 10 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;y 7º El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Isla de Luzon" &lt;/span&gt;de 1.030 tons., 10 cañones y 2 ametralladoras.&lt;br /&gt;No todos los barcos estaban averiados en igual grado. Los dos que peor aspecto presentaban eran el "Cristina" y el "Castilla" de los cuales éste último estaba por completo cubierto por el agua y viéndose unicamente los dos palos y un resto de chimenea, y el "Cristina", completamente hundido por la popa, no dejaba ver más que la proa con algunos colgantes de los botes, sus dos palos y la chimenea que truncada por completo parecía sobrenadar en el agua. Los demás buques aparecían más ó menos sumergidos, unos á la altura del puente, otros á la de la mura, y según decía García Gutierrez no debía ser obra de mucho trabajo ni de mucho dinero el ponerlos á flote. Por último allá lejos, embarrancado en la playa de Parañaque y completamente desarbolado estaba el hermoso trasatlántico español &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;"Isla de&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;M&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;indanao" &lt;/span&gt;de la Compañía Trasatlántica, último vapor-correo llegado de la Península, á fines de Abril y que fondeado al lado de nuestra escuadra, fué también cañoneado bárbaramente por los americanos después de destruida aquella. Por fortuna, toda la tripulación del "Mindanao" compuesta de 119 individuos, fué salvada en sus propios botes, desembarcando en Parañaque y llegando á Manila por tierra.&lt;br /&gt;Sea lo que fuera lo que dijo la prensa norteamericana, que aún reconociendo la superioridad de poder ofensivo y defensivo de sus barcos, decían que los nuestros tenían la ventaja de ser uno más en número y estar protegidos durante el combate por nuestras baterias de tierra, todo ello es completamente falso. Nuestros buques eran todos cruceros no protegidos, en tanto que los yankees lo estaban por un, no muy grande, pero al fín blindaje efectivo que en algunos como el "Olympia" y el "Baltimore" alcanzaba á cuatro pulgadas y media; en segundo término, el poder, en número y calibre de la artillería de los barcos americanos era muchas veces superior á la nuestra, á lo cual debe añadirse, - aunque esto, en verdad, no era culpa del enemigo - que las municiones de nuestros barcos estaban cargadas en época remota, puede decirse y, por lo tanto, poco menos que inútiles; ¡ cosa muy propia de nuestro país !. Y por último las baterias de tierra jugaban un papel jugaron un papel completamente nulo durante el combate, porque la bateria de Punta Sangley formada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 46 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por dos cañones de calibre 24 c. y mandada por el valiente oficial Sr. Varela, se quedó inutilizada al primer disparo, en una de sus piezas la cual se volvió en su cureña y la batería de "La Luneta" en Manila, única de la Plaza que hizo fuego, y así mismo constituida por dos cañones de 24, arrojaba sus proyectiles á....... ¡ la mitad de la distancia á que se encontraba la escuadra enemiga !. Pero la mejor prueba de la enorme diferencia de material - buques y artillería - en que éste combate tuvo lugar, para aquél que no conozca ni unos ni otros de los buques, es la de que fueron echados á pique&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; siete barcos&lt;/span&gt; españoles con las pérdidas consiguientes de personal en relación con tal catastrofe y los&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; seis barcos &lt;/span&gt;norteamericanos, acertados repetidas veces por nuestras balas, no sufrieron el más leve desperfecto ni la más ligera avería y tuvieron solamente tres heridos al bordo del "Baltimore" como total número de bajas en la lucha. Semejante hecho, creo no puede concevirse sino viendo claramente una superioridad enorme de una sobre otra escuadra; poco orgulloso debía estar, pues, el Comodoro Dewey con su victoria de Cavite, porque lo que esta fué y representará siempre en la historia, es ni más ni menos que el destrozo que un niño puede causar en los barcos de papel que ha fabricado para sus juegos y entretenimiento.&lt;br /&gt;Continuando el relato de nuestro viaje llegamos á Cavite desembarcando en los muelles del Arsenal, donde había gran movimiento de los soldados americanos que estaban recogiendo los efectos y municiones que los remolcadores traían sin cesar de los transportes. Formados nuestros soldados en dos filas y cerrando la columna nosotros seis acompañados del Oficial que nos conducía, escoltados además por un pelotón de soldados americano que nos esperaba en el muelle, emprendimos una marcha que yo llamo peregrinación ó calvario, porque sin duda ha sido el momento en que yo he sufrido más durante nuestro cautiverio. Corto fué el trayecto, pues éste se redujo á cruzar los muelles y jardines del Arsenal pero mortificante, doloroso y larguísimo para mí: ibamos andando por entre dos filas apretadas de una muchedumbre que se agolpaba por vernos pasar y formada por los soldados americanos que por allí andaban y por los indios de Cavite que nos miraban con una curiosidad tan insistente como insultante; creo, firmemente, que en mí vida pasaré mayor vergüenza y mortificación de las que pasé en este día, pues aunque nadie me conocía allí, ni yo tampoco conocía á nadie, mí imaginación me representaba aquella escena como sucediendo, no en el Arsenal de Cavite sino en plena Puerta del Sol, y por la que me veía caminando entre ballonetas lo mismo que un criminal cualquiera. ¡ No quiero ni acordarme más de ello !.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 47 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos por fín después de tan terrible sofocón á una fortaleza que mis compañeros me dijeron era la Real Fuerza de San Felipe, - yo no había estado nunca en Cavite - y allí entramos terminando nuestro calvario. No pasaré por alto un detalle: el alférez Ramos había estado la última vez en aquella fortaleza, dándo la guardia de la capilla de los cabecillas insurrectos Osorio, Inocencio, y otros de Cavite, que fueron fusilados en Septiembre del 96; y ahora, entraba otra vez, pero ¡ de que diferente manera !, tal vez para ocupar la misma prisión que aquellos miserables ocuparon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJhwyO18mSI/AAAAAAAAADo/yibvZ8OizHg/s1600-h/FILIPINAS023.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SJhwyO18mSI/AAAAAAAAADo/yibvZ8OizHg/s320/FILIPINAS023.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231054975470967074" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Fuimos recibidos allí por el Capitán de Artillería Mr. D.Geary, de quién ya he hablado como conocido nuestro á bordo del "Sidney" y que era el jefe de aquella fortaleza bajo cuya custodia quedábamos en lo sucesivo. Dispuso el Capitán Geary el alojamiento de la tropa nuestra en una de las edificaciones secundarias del jardín del fuerte dándo severas instrucciones sobre el comportamiento que exigía de nuestros soldados y después, exigiendo también de nosotros palabra de honor de no hacer ninguna tentativa de evasión, nos llevó á los seis al piso principal donde estaban sus propias habitaciones y donde nos señaló dos contigüas á la suya que habían de ser nuestros alojamientos; una de estas que era el dormitorio, tenía una altísima ventana que caía al jardín y la otra era una especie de galería con balaustrada que daba frente á los baluartes del Presidio de Santo Domingo y á la Plaza de armas donde estaba la puerta principal del Fuerte.&lt;br /&gt;Mala fué nuestra primera impresión del nuevo alojamiento pues inmediantamente comprendimos que se habían concluido para siempre el regalo y comodidades del "Sidney". En efecto el Capitán Geary nos indicó desde luego el régimen y arreglo que teníamos que hacer desde aquél día referentes á nuestra vida en el Fuerte; nos dijo que seríamos socorridos diariamente con las raciones reglamentarias que el Gobierno de los Estados Unidos tenían asignadas á los prisioneros de guerra, que dichas raciones, constituidas por carne fresca ó en conserva, patatas, harina &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; 48 -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;habichuelas, cebollas, pimienta, café, azúcar, carbón para el fuego y jabón para el lavado de ropas, nos serían entregados todos los días para que nosotros nos confeccionáramos la comida en una pequeña cocina que había próxima á nuestras habitaciones y destinada á nuestro servicio. Y por último, se nos señalaban para nuestra asistencia dos soldados que podíamos escoger de los nuestros propios, los cuales no estarian dedicados á otra cosa; también uno de estos, acompañado de un soldado de la guardia podría salir una vez al día para comprar en el pueblo todos los extraordinarios que pudiéramos desear.&lt;br /&gt;¡ Valiente lio se nos presentaba por la proa con semejantes disposiciones !. No teníamos &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;nada &lt;/span&gt;y nos era necesario arreglarlo&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; todo&lt;/span&gt;, y era el caso que no andábamos muy abundantes de dinero pues el que más no había sacado de su casa arriba de 30 ó 40 duros, y algunos.... ¡ una botella de elisir dentrífico y dos tarros de bicarbonato sódico, y pare usted de contar !. En vista de la necesidad y de acuerdo común decidimos comprar algunas de las cosas más necesarias, encargando á un indio que casualmente estaba allí arreglando unas ventanas, para que cuando saliera dijese á algún comerciante del pueblo que viniese al fuerte para encargarle lo que nos hacía falta.&lt;br /&gt;Y en efecto, luego se nos presentó allí un grandisimo pillo, mestizo, que debía ser insurrecto hasta los tuétanos y más ladrón que Caco, el cual traia para vender varios lios de ropas y efectos. Curioso era ver las mercancias de aquél bandido: no había dos piezas iguales de todas las que vendía, servilletas, toallas, camisetas, etc., todo estaba marcado y con iniciales diferentes; aquél tunante, sin duda, debía haber sido uno de los principales saqueadores de Cavite cuando esta Plaza fué abandonada por nuestras tropas después de el combate de la escuadra, y lo bueno era que el muy hijo de su señora madre nos decía que él también había sufrido grandes pérdidas en su comercio y que su casa había sido una de las primero saqueadas. ¡ Se me pasaron unas ganas de aplastar á aquél bandido que, raquítico, enteco y miserable, no era ni sombra de hombre siquiera !. Pero ¡ cuantas vejaciones estábamos obligados á pasar !, todavía tuvimos que abonarle precios exorbitantes á aquél chongo por sus robados, viejos y estropeados efectos.&lt;br /&gt;Para arreglar nuestro dormitorio nos fueron traídos varios camastros, rotos é inútiles casi, pero que aceptamos de buen grado ante la dura alternativa de dormir en ellos ó en el suelo. Llegada la hora de comer nos dijeron bajásemos al jardín donde, por aquél día y visto que no teníamos todavía preparado nada por nuestra cuenta, nos fué servida una sucia y tosca comida constituida por carne de lata y habichuelas, confeccionada, por favor, por uno de los soldados de la guardia y que comimos con no menos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 49 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;toscas y sucias cucharas que nos prestaron también aquellos. ¡ Que habíamos de hacer !.&lt;br /&gt;Por la tarde y hablando con el Capitán Geary adquirimos algunas noticias más sobre la situación de Filipinas, de las que nosotros teníamos tanta ansiedad.&lt;br /&gt;Supimos, en efecto, que Manila estaba totalmente sitiada por 15 ó 20.000 insurrectos que sostenían día y noche rudo ataque contra la ciudad é impidiendo la entrada en ella de todo recurso y todo auxilio de las demás provincias de Luzon, con las cuales toda comunicación estaba cortada. Por otra parte, el levantamiento de el país había sido tan general y repentino que ninguna de las guarniciones de las provincias habían podido reconcentrarse en Manila, cayendo en poder de los tagalos que las rindieron, bién por hambre, ó bién después de lucha heróica y resistente de los destacamentos y agoviados por el número. Nos dijo también que tenían los insurrectos en la Plaza de Cavite unos 2.000 soldados españoles prisioneros y que los tenían alojados en el Presidio de Santo Domingo - allí inmediato á nosotros -, y que les daban malísimo trato, y que los oficiales prisioneros estaban alojados en casas particulares del pueblo.&lt;br /&gt;Todas estas noticias nos fueron luego confirmadas y ampliadas por el mestizillo ladrón de las ropas y efectos que volvió aquella tarde á traernos algunos más, y el cual nos dijo además, que estaban en poder de "la otra banda" como el decía refiriéndose á los insurrectos tagalos, todas las provincias de Cavite, Batangas, Laguna, Pampanga, Zambades, Pangasinan, Bulacan y otras; y que allí en Cavite estaban prisioneros el General Peña, el Coronel Pazos del Regimiento 74 y otros muchos Jefes y Oficiales; en una palabra nos convencimos de que aquello era un desastre como no hay otro.&lt;br /&gt;Recuerdo también de un incidente ocurrido aquella misma tarde, y que fué que estando nosotros sentados en la galería, entró en ella con el Capitán Geary, un mozalbete, mestizo de 20 ó 22 años, vestido con un elegante uniforme de rayadillo con sable y revólver, y sombrero con la cinta insurrecta azul y encarnada, escarapela roja y un triángulo de plata en ella; este jovenzuelo, entró como digo, con el Capitán americano, mirándonos con cierto descaro y sin dar siquiera las buenas tardes, y después de un rato de conversación con aquél, marchose en la misma forma que había entrado. Poco después, me decía el Capitán Geary que había dado órdenes á la guardia para que desde entonces en adelante no se dejase entrar en el Fuerte de San Felipe ningún oficial insurrecto, y preguntándole yo la causa de ello, me dijo que temía que cualquiera de dichos oficiales que entrase un día disparase su revólver contra nosotros, y principalmente contra el ex-gobernador Sr. Marina, porque según le había dicho aquél jovencito que acababa de salir, este Sr. Marina era un hombre muy malo y merecía ser castigado cual merecía. Hablando entre nosotros después de éste incidente, resultó que aquél mequetrefe era un tal Benito Legarda, hijo de una familia rica del país y que conocia á D.Juan Marina cuando éste venía de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 50 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;España á Filipinas y el otro de Londres á bordo del "Isla de Luzon". Pues aquél tontaina era nada menos que &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;coronel &lt;/span&gt;del ejército insurrecto y Secretario particular de Aguinaldo, ¡ como quién no dice nada !.&lt;br /&gt;En aquella misma tarde, por último, recibí la visita de los médicos militares americanos Dres. M.H.Ellis y P.H.Yawell, médicos mayor y primero respectivamente del 2º del 2º Vol. de Oregon, y del 1º batallón Vol. de California, los cuales me dieron la noticia de que sería probable que el trasatlántico "Australia" volviese pronto á San Francisco, tocando en Marianas, alegrándome lo que no es decible, para poder escribir directamente á la familia, quedando estos Sres. en avisarme de todo lo que hubiera sobre ello. Y en fín, después de tomar á última hora la misma mala comida que por la mañana, nos retiramos á nuestras habitaciones desde donde se veía nutrido fuego de cañón y fusilería hacia la parte de Manila. Aquella primera noche que dormimos en San Felipe no la olvidaré tampoco: nos fué en absoluto imposible conciliar el sueño tanto por las malísimas condiciones de las camas como por la enorme abundancia de mosquitos que hacían imposible el descanso, por supuesto que las noches sucesivas no fueron mejores, ¡ en mí vida las pienso pasar peores que estas que pasé en la Real Fuerza de San Felipe en Cavite !.&lt;br /&gt;Con tal motivo toda la noche la pasamos hablando de nuestra nueva situación y comentando las noticias que ibamos adquiriendo sobre la de Filipinas en general; deseábamos vivamente poder comunicarnos con algún oficial español de los que en Cavite había prisioneros á fín de adquirirlas más en detalle y que nos dijera como había podido llevarse á cabo un desastre tan general y completo como el que estábamos viendo, pues á la verdad costaba trabajo creer tanta y tanta desgracia, sin embargo, por lo que nos había dicho el Capitán Geary suponíamos no se podria llevar á cabo este nuestro deseo y estábamos destinados á saber unicamente las noticias que nuestros guardianes quisieran comunicarnos. A la mañana siguiente una de las primeras que tuvimos, ó mejor dicho, lo presenciamos nosotros mismos desde la ventana que daba á la Plaza, fué la entrada de un destacamento de 120 y tantos soldados españoles, varios oficiales y algunas señoras, que venían prisioneros de los insurrectos y procedentes, según el Capitán Geary que con nosotros presenciaba el paso de aquellos infelices, de uno de los pueblos de la provincia de Cavite en la cual no hubo un sólo destacamento que no cayera en poder de los tagalos, los cuales iban concentrando todos sus prisioneros en el Presidio de Santo Domingo como ya he dicho. Excuso ponderar la pena que nos causó ver aquella escena y mirar á aquellos desgraciados en poder de los otros bandidos, pero no pudimos menos de consolarnos al reflexionar sobre nosotros mismos y hacernos cargo de que estábamos también&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 51 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;prisioneros; muy distinta era la situación sin embargo, nosotros al fín y al cabo lo éramos de una nación que se decía civilizada, ellos de una horda de salvajes con completo desconocimiento de todo derecho de gentes.&lt;br /&gt;Poco después me visitó el Dr. Carthy por el que supe que aquél destacamento procedía de la guarnición de Silang y que aquellas señoras pertenecían á la familia de un comerciante español avecindado en dicho pueblo y hecho prisionero también por los insurrectos. Me dijo también el Dr. que varios médicos militares americanos que habían presenciado también aquella escena del desembarco de los prisioneros no habían podido ver con tranquilidad la situación de las infelices señoras y se habían dirigido inmediatamente al General Anderson reclamando fuesen quitadas á los insurrectos, puestas en libertad y enviadas á Manila, lo que en efecto se había llevado á cabo, recogiendo los mismos médicos á las cinco mujeres de las que se temían fuesen ultrajadas por sus salvajes aprehensores.&lt;br /&gt;No dejó de alegrarnos en este día la presentación ante nosotros del joven reporter Knight á quién no habíamos vuelto á ver desde que desembarcó con las tropas del "Sidney", y que muy amable y sonriente nos brindaba su habitación en el mismo Fuerte de San Felipe al lado de las del Capitán Geary. El pobre muchacho se conoce que andaba mal de cuartos y se había acogido á la protección de aquél, que le daba casa y comida; seguía Mr.Knight vistiendo su chaquetón de invierno, sudando como siempre y sufriendo además una terrible erupción en la cara determinada juntamente por el calor y las picaduras de mosquitos que lo tenía completamente desfigurado: no había más remedio que reirse al oirle hablar de estos animalitos. Digo que nos alegramos de la circunstancia de vivir este joven en el Fuerte porque era quién nos podía facilitar á diario, como lo hizo, algunas notícias sobre el curso de los sucesos.&lt;br /&gt;En efecto, ya en aquél mismo día nos refirió algo. Hablando sobre la situación de Manila nos confirmó las noticias que ya teníamos sobre el sítio estrecho que mantenían los insurrectos sobre la ciudad, la cual estaba casi á punto de ser tomada por ellos; que con tal motivo el General Augústin había necesitado pedir protección al Almirante Dewey para librar á la población de la invasión salvaje de los tagalos, y que éste, no teniendo fuerzas suficientes todavía para hacerse cargo de la ciudad y mantener la debida protección de vidas y haciendas, esperaba la segunda expedición de tropas americanas para poderlo hacer, refuerzos que se esperaban de un día á otro.&lt;br /&gt;¿ Quién era capaz de permanecer callado ante estas cosas ?. Yo no pude hacerlo y le dije á Mr. Knight cuán poco digna y caballeresca había sido y era la manera que tenía su país de hacer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 52 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la guerra con España; á pesar de todo su oro y toda su fuerza necesitaba la ayuda de los insurrectos de Cuba y Filipinas para vencernos, y ¡ que alianza tan &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;honrosa &lt;/span&gt;!. ¿ Que ejemplo hay en la historia, de un país civilizado que se une á uno salvaje todavía, como son los indios filipinos, para hacer una campaña contra otro país civilizado, dando lugar á que el resto del mundo presencie el espectáculo que ofrecía Manila expuesta á ser víctima, no de los horrores de una guerra civilizada, sino del saqueo, ferocidad, exterminio y destrucción de una muchedumbre de bandidos ?. Este borrón de ignominia no podrán nunca quitarlo los americanos de la historia de esta guerra.&lt;br /&gt;Comprendía el joven Knight la razón que tenían mis frases y hasta se podía notar un leve sonrojo en su semblante producido por la conducta de sus paisanos, que yo le echaba en cara, limitándose á contestar que los Estados Unidos "toleraban la ayuda de los insurrectos pero no la pedían". ¡ Donoso argumento, cuando los hechos que se estaban sucediendo lo desmentían en absoluto !. ¿ Quién había dado lugar á la crítica situación de Manila ?. ..... El Almirante Dewey trajo á Aguinaldo de Hong Kong, dándole armas é induciéndole á ponerse al frente de la insurrección, como sucedió en efecto, pues el país fanatizado por la aureola que para éste tenía aquél indiaco indecente, respondió unánime á la lacónica proclama que le dirigiera, apoderándose en un mismo día de provincias enteras, rindiendo guarniciones y destacamentos, haciendo miles de prisioneros, y llegando, en fín, hasta las mismas murallas de la Capital de el Archipiélago, que se defendía heroicamente con sus escasos y limitados recursos de aquella tremenda y salvaje avalancha.&lt;br /&gt;Y ¿ que hubiese hecho el Almirante americano de no encontrar semejante ayuda ?. Absolutamente nada; después de destruir la escuadra, hubiera bombardeado á Manila, reduciéndola á escombros, pero nada más; con haber evacuado nosotros la ciudad, todo estaba concluido y nos hubiéramos reido de bloqueo, bombardeo y de todo; seguramente, si el país en vez de hacernos traición levantándose en contra nuestra, hubiese estado al lado nuestro defendiendo á España, - como creía el célebre &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;gobernante&lt;/span&gt; y optimista Primo de Rivera - ni un sólo soldado americano hubiera pisado la Isla de Luzon. Pero todo era al contrario por desgracia, y vease si era digna y decente la conducta del Comodoro Dewey: ni tenía medios ni soldados para hacer una campaña contra nosotros en la Isla, pero sin disparar un tiro, ni perder&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 53 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un hombre, ni gastar un cuarto, hacía que Aguinaldo y sus secuaces sitiaran la ciudad, cortaran toda comunicación con las provincias é impidieran el abastecimiento de ella con los recursos del país que hubieran bastado y sobrado para resistir, no digo meses sino años sin necesitar recursos de Europa. Es decir, que los insurrectos estaban haciendo el gasto, como suele decirse, mientras los refuerzos y tropas americanas venían tranquilamente de viaje para después aprovecharse de la labor de los traidores y no menos imbéciles indios.&lt;br /&gt;Todo esto y algo más que no recuerdo le dije á aquél jovencito amante de las glorias de su país - según decía - para si quería escribirlo en las crónicas que enviaba á su periódico. ¡ No lo haría pues sabía tenía razón en todo cuanto le dije !. Terminó aquel día Mr.Knight por decirnos que al siguiente tenía proyectada una expedición á caballo con objeto de visitar las líneas insurrectas que sitiaban á Manila y con tal motivo se había provisto de un salvo-conducto, ó pasaporte, que nos enseñó el cual le había sido facilitado en el Cuartel General de los insurrectos á la sazón establecido en Cavite. Dicho pasaporte estaba extendido en una cuartilla de papel de barba y el texto escrito en tagalo diciendo se le permitiera libre paso al subdito americano, etc., etc. y firmado "Aug. Dictador. E. Aguinaldo "...... Adiós, ¡ Bolivar !. Seguía luego al lado de la rúbrica un sello circular que representaba una serie de montañas por encima de las cuales asomaba un sol naciente y alrededor la inscripción de "Gobierno Dictatorial de Filipinas".&lt;br /&gt;Ya en este mismo día empezamos la nueva clase de vida que se nos había señalado y comimos por vez primera las raciones que nos fueron entregadas, confeccionadas por los dos asistentes bajo la dirección del Capitán Duarte que era entre todos el más entendido en eso del arte culinario, por lo cual se le nombró por unanimidad Cabo de rancho y con amplias facultades para comprar los extraordinarios más necesarios para añadirlos á las raciones de prisioneros. Poca variedad podía haber en nuestra pobre comida y menos todavía en la de su confección pero pronto nos acostumbramos á ella y por fortuna ninguno nos sentimos enfermos ni molestos con aquél cambio tan grande de alimentación, costumbres, etc., á que la necesidad nos obligaba.&lt;br /&gt;Aquella misma noche pudimos observar también la vigilancia que en el Fuerte era tenida por los americanos; todo se volvía centinelas y guardias, y el mismo Capitán Geary como Jefe de la Fortaleza no estaba tranquilo un momento, recorriendo á toda hora y sin descansar todos los puestos de aquella. Nos decía que estaba muy desconfiado por la proximidad de los insurrectos de Santo Domingo temiendo cualquiera asonada, pués rara era la noche en que no hacían disparos los centinelas indios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 54 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cometiendo verdaderos asesinatos, pués resultaba que ellos mismos haciéndose los amigos de los infelices soldados prisioneros les inducían y aconsejaban la evasión por tal ó cual sitio de la muralla, para dispararles á mansalva en el momento crítico de la escapatoria. Nos decía también el Capitán Geary, que estando nosotros bajo su custodia y protección no quería tener un disgusto si algo nos pasaba, advirtiéndonos no nos asomaramos mucho á la balaustrada de la galeria que daba á los baluartes del Presidio, principalmente por la noche, pués algún centinela insurrecto sabiendo que éramos oficiales españoles, podía disparar sobre nosotros alegando después cualquier pretesto ó excusa. ¡ Estábamos divertidos !. Por último aquella noche también y á las cuatro de la mañana fuimos despertados por un tremendo fuego de cañón y fusileria en Manila, al cual ya estábamos casi acostumbrados desde los días anteriores, pero que no podía menos de hacernos sufrir horriblemente, suponiendo como estaban los pobres defensores de la ciudad con aquél horrible sitio é incesante ataque de los insurrectos.&lt;br /&gt;En la mañana siguiente, recibimos una breve visita del General Anderson que únicamente se detuvo á saludarnos y preguntarnos si estábamos satisfechos del trato que se nos daba, á lo que contestamos con no ménos ceremonia que él lo hizo, sin duda por mero cumplimiento. Poco después de media mañana vimos empezar una maniobra que duró luego todo el día y que nos probaba una vez más la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;dignidad&lt;/span&gt; yankee: fué la de sacar cajas y cajas de municiones del Fuerte de San Felipe á una multitud de insurrectos descamisados que se las llevaban en carretas arrastradas por ellos mismos y que sin duda estaban destinadas á las trincheras de los sitiadores de Manila. ¿ Puede darse mayor ignominia ? nuestras propias municiones cogidas por los americanos para entregarlas á los insurrectos y que estos las utilizaran en contra nuestra, en tanto que los otros canallas estaban quietos en Cavite haciendo una vida de guarnición, muelle y regalada. Pues todavía después de lo que veíamos teníamos que aguantar las conversaciones del Cap. Geary que con su carácter brusco y yankee por excelencia nos decía á boca llena que "era una locura que nosotros los españoles lucháramos contra los norteamericanos" y el caso era que este animal no lo decía refiriéndose á la nación en general, en cuyo caso hubiera tenido razón, sino que lo decía de un modo personalísimo, dando á entender que un americano valía por diez españoles, y que nosotros éramos tipos raquíticos, débiles, etc., ¡ ah ! si no hubiéramos estado en la situación que estábamos cuantas cosas podrían habérsele dicho á aquél pedazo de bestia. Estos desplantes del Cap. Geary son muy comunes entre muchos de los americanos y aquel mismo día, por cierto, el Dr. Fawell, que me había parecido otra persona la primera vez que le hablé, también vino ponderando la inmensa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 55 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;superioridad de sus paisanos y echando bravatas sobre las victorias adquiridas; este tipo nos dijo que se esperaba la próxima llegada del monitor ó defensa-costas "Monterey", y aunque era la segunda vez que me hablaba me decía que yo no había visto nunca una cosa tan poderosísima y terrible como el dicho monitor, y aún llegó aquél imbecil á preguntarme si habría fondo suficiente en la bahía de Manila para que pudiese anclar el barco. ¿ Sería estúpida aquella criatura, cuando todo el mundo está harto de saber que precisamente en la bahía de Manila caben, no ya el tal "Monterey" sino&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; todos&lt;/span&gt; los barcos  de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;todas&lt;/span&gt; las escuadras de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;todo&lt;/span&gt; el mundo unidos ?. No pude menos de preguntarle si era portugués de nacimiento, pues tal me lo parecía con sus impertinentes exageraciones, y resultó que había nacido en Inglaterra, pero ¡ que bién había adquirido los hábitos y estupideces norteamericanas !.&lt;br /&gt;Recibimos en este día la agradable visita del Padre Mac-Kinnon del que ya hablé en otra ocasión. Venía disgustadísimo porque había visto el destrozo que los insurrectos habían causado en todos los templos de Cavite, profanando altares, derribando imágenes y saqueándolo todo; ya esto le daba muestra - decía - de la clase de gentes que serían los indios y lo que de ellos podía esperarse. También le había impresionado mucho ver unos 15 ó 16 frailes recoletos que los mismos insurrectos tenían prisioneros en el Convento de Santo Domingo, á los cuales había visitado y tenía pensamiento de ir á acompañarles todos los días. Nos dijo, en fín, el Padre Mac-Kinnon, que el vapor "Zafiro" había vuelto de Hong Kong y que ninguna noticia traía sobre la paz que todos deseábamos; al contrario, la guerra seguía y precisamente las últimas noticias eran la de haberse efectuado un desembarco de tropas americanas al lado de Santiago de Cuba, atacando la población en uno de los primeros días del mes de Julio, habiendo tenido lugar una gran batalla que duró el día entero sin victoria por ninguno de los dos ejércitos y sufriendo uno y otro gran número de bajas.&lt;br /&gt;Ningún incidente digno de cuenta ocurrió el día 8. Casi todo el día lo pasamos entretenidos viendo desde la galería una gran revista de inspección que el General Anderson pasó á los batallones de voluntarios en la Plaza de Armas. Allí formada la tropa americana pudimos convencernos bién de que ni aquello eran oficiales, ni soldados, ni nada, sino un grupo más ó menos numeroso de hombres á cada uno de los cuales se le había dado un fusil y municiones; ninguna instrucción militar, ninguna táctica, nada en fín que pudiera llamarse siquiera una reminiscencia del peor de los ejércitos europeos. Hasta la revista aquella pasada por el General Anderson en medio de el arroyo, ni fué revista ni fué nada más que el examen de un maestro armero de regimiento á las armas de el mismo; en efecto, soldado por soldado iba cogiendo el&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 56 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;General los fusiles y examinándolos uno por uno, dándoles vueltas y más vueltas en sus propias manos, echando visuales al horizonte por el cañón del arma como si fuese un telescopio, en fín, una serie de maniobras tan ridículas como impropias de un General y todavía más en la mitad de la calle. Pero no paraba aquí la cosa, después de haber sido armero de Regimiento como digo, pasaba aquél señor á ser doncella de tocador, pues revisaba el traje de cada uno de los soldados estirando por sus propias manos las arrugas de la guerrera determinadas por los cinturones, ponía más ó menos estéticamente la cantimplora de el agua que colgaba de la mochila y pasaba una y otra vez dando vueltas alrededor del soldado que absolutamente quieto se dejaba hacer aquella especie de "toilette" por tan elevado ayuda de cámara. ¿ Para que servirán en el Ejército norteamericano los oficiales y clases de las compañías si un General tiene tales oficios, que con la mayor escrupulosidad ejercía en medio de la Plaza pública ?. Excusado es decir, que en ver los tornillos, aceite y demás de los fusiles y luego arreglar los trajes de los soldados, la revista empezó á las ocho de la mañana y no había terminado á las dos de la tarde y en total no pasaban de 1.000 los hombres revistados; pero ¡ eran muchos pantalones y guerreras los que había que estirar !.&lt;br /&gt;Respecto al arreglo de vida y comodidades poco á poco, ibamos mejorando nuestro confort y habituándonos á él, los asistentes salían, uno de ellos cada día al mercado de el pueblo acompañados de un sargento y traían algunos extraordinarios que añadíamos á las raciones. También nos permitió el Cap. Geary pasear por los jardines del Fuerte y hasta lo deseaba con el objeto de que hiciéramos algún ejercicio y no estuviésemos todo el día sentados ó acostados con grave perjuicio de la salud, según decía. Citaré aquí también al sargento que acompañaba á los asistentes cuando salían, pues era un notable muchacho: se llamaba Elias E. Dixon, de 29 años de edad y tenía la colosal estatura de 6 pies y 2 pulgadas y media. Muy instruido y amigo de aprender de todo, gustaba mucho de nuestra conversación perfeccionándose rápidamente en el poco español que sabía, era &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;infiel&lt;/span&gt;, profesando solamente los principios de la religión natural y nos hacía pasar agradables ratos en discusiones que yo le entablaba en filosofía, religión y otros semejantes problemas á los que era muy aficionado. Nos sirvió de mucho durante nuestra estancia en San Felipe.&lt;br /&gt;Por la tarde del día 9 recibimos una visita del reporter P. G. Mac Donnell de el periódico "New York Herald" acompañado de un caballero francés, comerciante que había sido desde algún tiempo en Filipinas. El primero venía á visitarnos con el exclusivo objeto de que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 57 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;le dijéramos como éramos tratados por las autoridades americanas, pues tenía encargo de su periódico de indagarlo y nos dijo que cualquiera queja que tuviésemos tendría sumo gusto en que le fuese expuesta; nada tuvimos que decirle á este señor referente á sus indagaciones y después hasta comprometió al ex gobernador Sr. Marina le diese un autógrafo en el que manifestaba estaba perfectamente tratado como prisionero. También puso gran empeño en retratarnos á lo que nos negamos todos rotundamente, pues no estábamos para diversiones á excepción del Sr.Marina que accedió á que le &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tomasen&lt;/span&gt; su efigie; en esto como en muchas otras cosas discurría nuestro Teniente Coronel exactamente como un chiquillo. El comerciante francés nos dió algunas noticias: calculaba en unos 500 el número de oficiales españoles prisioneros de los insurrectos, nos dijo la perfecta incomunicación de Manila con el resto del Archipiélago, habiendo provincias de las que no se sabía nada en absoluto, nos refirió la poca importancia que para los españoles de Manila tenía el incesante fuego de cañón y fusilería que oíamos continuamente pues decía que resguardados nuestros soldados en las trincheras sufrían pocas bajas, al contrario que los insurrectos, los cuales intentando una y otra vez en forzar la línea eran rechazados siempre con grandes pérdidas. Nos habló de la escasez del alimentos en Manila, la cual no llegaba á ser tan grave como se ponderaba: faltaban gallinas, huevos, leche y escaseaba la carne de vaca, la cual era reservada en su mayoría para los enfermos y heridos utilizando los demás la de carabas y caballo, en cambio decía, todavía quedaba en la ciudad gran aprovisionamiento de conservas. Supímos, en fín, que los insurrectos habían cortado el canal de Carriedo de conducción del agua potable á la población y nos desmintió también la noticia de que el General Augústin hubiese pedido protección al Almirante Dewey.&lt;br /&gt;En éste mismo día supimos otra &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;hermosa &lt;/span&gt;hazaña de este tio referente á la guarnición española del puerto de Subic. Según dijeron este destacamento estaba hacía algún tiempo en idéntica situación que Manila, rodeado de insurrectos y defendiéndose heróicamente sin permitirles adelantar un paso; un barco alemán quiso interponer sus amistosos oficios para que cesara aquella lucha, pero enterado el Almirante americano de lo que pasaba envió á Subic los cruceros "Boston" y "Raleigh", los cuales hicieron saber al alemán que nada tenía que ver con aquello. Cañonearon luego los dos buques las posiciones de los españoles, incluso la misma casa-habitación del Gobernador obligando á la guarnición á rendirse. Depuestas las armas por unos 200 hombres que componían ésta, el Jefe de la expedición americana quiso entregarlos prisioneros según las órdenes que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 58 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tenía á los salvajes insurrectos que rodeaban á Subic. Protestaron dignamente de semejante acto el Gobernador español y los oficiales alegando como es natural que ellos se habían rendido á los buques norteamericanos y por lo tanto á una bandera civilizada, pero no á aquella otra horda de rebeldes bandidos contra los cuales se hubiesen defendido hasta morir, como lo habían venido haciendo.&lt;br /&gt;Razonables le parecieron al Jefe americano estas protestas y volvió con uno de los cruceros á la bahía de Manila para dar cuenta de ello al Almirante Dewey y enterado éste del asunto, se limitó á contestar friamente con las testuales frases de "obey orders", esto es, que obedeciese las órdenes recibidas. Volvió el crucero y la guarnición entera de Subic, contra toda ley de guerra, contra toda ley de humanidad, contra todo derecho, fué entregada por los americanos á los insurrectos de Bulacán........ De semejante canallada, de un acto tal de barbarie, ni quiero ni me es posible hacer comentarios: el que lea esto juzgue de la hidalguía de quién lo hizo; sólo me falta advertir un detalle que acaba y completa esta página de la campaña de Dewey en Filipinas, ¡¡ en la guarnición española de Subic había no pocas señoras y niños de las familias de los oficiales !!.&lt;br /&gt;No por estar nuestra imaginación ocupada en las ideas que nos sugerían las noticias nuevas que teníamos de la guerra, de Manila, de Filipinas en general, olvidábamos nuestros propios asuntos.&lt;br /&gt;La cuestión tan esencial de Marianas seguía siendo, de vez en cuando objeto de nuestras conversaciones pero sin variar en su aspecto, esto es, volvían á discutirse cien veces al día los distintos extremos de la rendición, lo que se debía haber hecho y sobre todo, la situación respectiva de cada uno en lo que á responsabilidad se refería. El Gobernador seguía tan agobiado como el primer día y aún más, pues, aunque procurábamoa animarle y consolarle no conseguíamos nada ni había nadie que le pudiese quitar de la cabeza que sería fusilado en cuanto nos presentáramos á nuestras autoridades; seguía también titubeando y madurando planes pero mientras más pensaba en el conflicto más confusión se hacía en su mente, terminando por no saber ni lo que decía ni lo que pensaba.&lt;br /&gt;El día 10 por la mañana volvió el reporter Knight de su anunciada expedición á las avanzadas insurrectas. Venía el pobre muchacho asustado de lo que había visto y de lo que le había ocurrido: nos dijo que llegó sin novedad hasta las trincheras tagalas situadas frente á Malate y San Antonio Abad y que allí había estado viendo las líneas españolas á muy corta distancia, pero que precisamente en el momento en que estaba asomado al parapeto los españoles habían hecho fuego hacia el sitio donde él se hallaba y&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 59 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tuvo que tirarse al suelo para evitar la lluvia de balas que pasaban por encima rompiéndosele en mil pedazos un hermoso reloj de oro que nos enseñó en trozos. Decía, chapurreando el castellano que "el rápido es un diablo" refiriéndose al fusil mauser á quién los tagalos llaman el "rápido".&lt;br /&gt;Algunas otras noticias nos dió referente á las fuerzas insurrectas manifestando que por lo que él había visto en ningún modo serían capaces los rebeldes por sí solos de tomar á Manila, que eran unos 25.000 los que ocupaban la línea de sítio y de estos no todos con armas de fuego. También nos dijo que la esposa y los hijos del General Augústin, que habían sido secuestrados por los insurrectos algunos días antes, habian podido escapar disfrazados con trajes del país y volver sanos y salvos á Manila.&lt;br /&gt;También nos dijo Mr.Knight lo que los doctores Ellis y Yawell referente á la probabilidad de que el trasatlántico "Australia" hiciese escala en Marianas en su viaje de regreso á San Francisco, en vista de lo cual decidimos escribir á nuestras familias á fín de que pudieran saber algo de nosotros, pues la mayor pesadumbre que teníamos era la de pensar la que ellas estarian pasando con ignorar no sólo lo que nos sucedió sino hasta el sitio donde nos encontrábamos.&lt;br /&gt;Sin novedad pasaron los días siguientes, 11, 12 y 13, salvo en este último, en que me tocó á mí por desgracia ser el que rompiera lanzas con el Gobernador Marina, pues todos estábamos ya hartos de sufrir y aguantar ciertas cosas que no podían humanamente pasarse, y como digo yo fuí el primero que en este día me ví obligado á hablarle claro con motivo de un incidente &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;higiénico&lt;/span&gt; que no creo del caso estampar aquí. De todos modos diré que surtió efecto para que desde entonces se apagaran un poco los humos y desplantes que de vez en cuando todavía tenía el Sr.Marina, recordando sin duda los tiempos feudales de su mando en Marianas.&lt;br /&gt;Gran día de impresiones, opiniones y comentarios fué el día 14 de Julio, en el que por cierto nos despertaron las salvas que todas las escuadras extranjeras de americanos y también la Plaza de Manila hicieron en honor de los cruceros franceses que celebraban el aniversario no se cuantos de la toma de la Bastilla. En efecto, ya hacía algunos días que habíamos observado vivía también en el Fuerte de San Felipe y en las mismas habitaciones que ocupaba el Cap.Geary, un tipo á quién Duarte conocía de vista - según dijo - como dependiente en otro tiempo de la "botica inglesa" en Manila pero que hasta este día, ni el había venido por allí donde nosotros estábamos ni tampoco nosotros nos habíamos ocupado de preguntar nada acerca de quién era y porque vivía allí. Pero como digo, en dicho día el mismo se presentó á saludarnos y estuvo sentado gran rato con nosotros hablándonos de los sucesos de actualidad. Nos dijo, en efecto, que él era americano&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 60 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y empleado en una casa de comercio en Manila, pero había tenido que abandonar la población por causa de la guerra y vivía en Cavite desde hacía ya algunos días. Nos habló luego con gran entusiasmo, como un estúpido que era, de las cosas de la guerra de las ventajas de los americanos sobre los españoles, de la próxima toma de Manila etc., y en mí vida se me han pasado más ganas de abofetear á una persona que las que tuve aquel día para hacerlo con saña en aquel tipejo, tanto por lo antipático que me fué siempre como por su poca prudencia y su desfachatez para con nosotros. Creo que si algún día, aunque pasen muchos años, llegue á encontrarle en mí camino he de hacer por buscarle la repetición de aquellas frases que allí pronunciaba. Pero en fín, muchas cosas teníamos que sufrir allí y una de ellas fué la conversación de este imbécil, mis compañeros le pidieron noticias de Manila y entre otras que ya sabíamos, nos dijo que era absolutamente cierto que había sido fusilado el Comandante de el "Callao", cosa que nosotros no habíamos creido al leerlo en los periódicos yankees, y el muy bestia no sólo citaba el hecho como cosa baladí sino que hasta llegó á decirnos que seguramente nosotros sufriríamos la misma suerte, toda vez que nos habíamos rendido en Marianas, sin disparar un tiro, lo mismo que había hecho el Comandante del citado cañonero.&lt;br /&gt;Excuso describir las caras que mis compañeros pondrían al escuchar semejantes barbaridades y verdaderamente, yo no se como pudimos contenernos y no estrangular á aquel pedazo de animal que con la mayor sangre fria y hasta casi con fruicción, anunciaba una suerte tan terrible á los propios interesados. Terminó diciéndonos al despedirse que se tenían noticias que una escuadra española al mando del Almirante Cámara venía camino de Filipinas y que ya había pasado el Canal de Suez.&lt;br /&gt;Después de marcharse aquel tio entró á poco el reporter Mr. Knight confirmando la noticia de la venida de nuestra escuadra estando los barcos "Pelayo", "Carlos 5º", y otros de menos importancia á más de algunos trasatlánticos conduciendo carbón y tropas. Que era cierta la noticia lo comprendimos en la misma excitación que traía el muchacho pues el mismo confesaba que el "Pelayo" era un buen barco que podía combatir á todos los cruceros norteamericanos juntos en la bahía de Manila. Añadir también que había oido decir tendría lugar un gran combate naval fuera de dicha bahía, delante de el Corregidor, y que el Almirante Dewey obstruiría las bocas de aquella con minas y torpedos. Dijo por último, que se esperaba con gran impaciencia la llegada de la segunda expedición de tropas americanas para apoderarse de Manila antes de que llegara la citada escuadra española.&lt;br /&gt;Semejantes noticias no podían menos de dar origen á&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 61 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;grandes comentarios entre nosotros así que nos quedamos sólos y pudimos hablar con libertad completa. En primer término, el fusilamiento de el Comandante de el "Callao" de ser cierto como aquel estúpido había afirmado, daba á conocer según decía Duarte las ideas y el espíritu de rigorismo que reinaba en nuestras autoridades militares de Manila, respecto á las faltas cometídas contra el Código y por lo mismo para la muy gravísima de una rendición; si á aquel hombre se le había fusilado por no haber hecho fuego desde su pequeño barco á los cuatro ó cinco cruceros que lo rodearon y para nada habían sido tenídas en cuenta las circunstancias de ignorar la existencia de la guerra, la sorpresa, y sobre todo, la incomparable é inmensa superioridad de el enemigo, era natural que lo que aquel tio de la Botica inglesa con tan poco tacto y con tanta brutalidad pensaba de nuestra suerte fuese cosa más que probable toda vez que por desgracia no podían darse circunstancias más idénticas que las de la rendición del "Callao" y la de la Isla de Guajam. Por otra parte, la venida de la escuadra española que aseguraba una victoria casi segura sobre la escuadra norteamericana y que salvaba la situación de Manila modificando por completo la campaña en Filipinas era cosa que debía alegrarnos, pero la verdad es que mis cinco compañeros veían en esos refuerzos toda su perdición llegando en este fín á perder todo patriotismo, todo sentimiento de deber militar dejándose dominar en absoluto por el instinto de conservación y el temor de la muerte.&lt;br /&gt;Si Manila después de una resistencia tan heróica y prolongada como la que estaba haciendo y durante la cual había fusilado al Comandante de el "Callao", se salvaba por la llegada de la escuadra ¿ qué no harían sus gobernantes y defensores enorgullecídos por la defensa, lucha , con aquellos que se presentaran habiendo rendido el territorio que estaban encargados de defender ?. Además ya sabían también mis compañeros lo que era la vocinglería de la Escolta y el elemento español de Manila cuando se daba á ensalzar ó á hundir á una persona; todo el elemento civil de la población estaba prestando servicio militar, cooperando con la guarnición en la defensa y orgulloso de su ayuda en bién de la Patria, pues de 17 á 60 años todos los hombres de la ciudad habían sido obligados á tomar el fusil.&lt;br /&gt;Y decía Duarte que el presentarse en Manila en aquellas circunstancias, en aquel horno de pasiones y de desesperada lucha era para ser arrastrado por plena Escolta y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;mechado&lt;/span&gt; , sin remedio por lo de la rendición de Marianas.&lt;br /&gt;¡ Válame Dios y cuanto fué lo que el Capitán Duarte pensó, dijo, discutió y propuso en aquel día !, aquello fué una maquina de hacer palabras y discursos que empezó á funcionar á media mañana y no había terminado aún á las altas horas de la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 62 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;noche. Y tal era su pesimismo y tal la pintura que del porvenir hacía que sin querer contagiaba á los demás: fué este día uno de los peores que pasamos en el cautiverio.&lt;br /&gt;Por lo pronto el Teniente Coronel Sr. Marina influido terriblemente por lo que oyó se decidió en este día á llevar á cabo un plan que venía estudiando desde que estábamos en el "Sidney" y que nos expuso ya claramente. Dijo que habiendo reflexionado detenidamente sobre su situación, no veía salvación posible para él, ni otro porvenir que el fusilamiento, sea cual fuere el punto de vista desde el cual mirase la cuestión; él veía, por lo tanto, perdidos su honor, su carrera y su vida y todo ello estaba dispuesto á darlo - decía - si fuese solo en el mundo, pero no era así, sino que tenía esposa y siete hijos de los cuales ninguno tenía todavía ni edad, ni carrera, ni medios de suplirle como jefe de su familia; por otra parte, no poseía absolutamente medios de fortuna que dejarles como orfandad, y por lo mismo creía tener el deber moral de vivir á fín de atender á estas justísimas necesidades del amparo y cuidado de su numerosa familia; es decir, que perdería su honor y su carrera después de 36 años de servicios, pero quería conservar la vida, por considerar la debía á esas otras sagradas atenciones.&lt;br /&gt;Al efecto, nos dijo estaba decidido á marcharse á una cualquiera de las Repúblicas Centrales de América donde por razón de idioma podía dedicarse á la enseñanza y una vez establecido llamar á su lado á su familia, la cual quedaría en Marianas hasta entonces. Había decidido también hasta mudar de nombre, escogiendo el de José Martín Ventura (el pobre Sr. no sabía ni lo que decía; esto del nombre era una nota cómica á la gravedad del asunto) y á fín de llevar á término su proyecto, nos dijo asimismo que deseaba pedir una entrevista al Cap. Glass el cual conociéndole ya como le conocía, habiendo sido por decirlo así, el ejecutor de su desgracia, y exponiéndole el Sr. Marina los motivos de su determinación, no le había de negar su protección é influencia con el Almirante Dewey para que éste á su vez le facilitara pasaje en cualquier barco á Hong Kong, desde cuyo punto el se buscaría los medios de trasladarse á América. Y por último terminó diciéndonos el Sr.Marina que deseaba también que, ó bién García Gutierrez ó bién yo, hiciésemos el favor de servirle de intérprete en la citada conferencia para que en su nombre expusiéramos todo lo que quería al Capitán Glass.&lt;br /&gt;Grande fué la sorpresa y no menos grande la estupefacción de todos nosotros al oirle expresarse de aquella manera y hasta tal punto que nadie se atrevía á contestarle. Y á la verdad, ¿ quién era capaz de aceptar la responsabilidad de aconsejar álgo á aquel pobre Sr. en asunto de tan grave y trascendental importancia ?.........................&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- 63 -&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada le dijimos durante el día y sólo García Gutierrez se negó rotundamente á ser intérprete en aquella entrevista con el Capitán Glass diciéndole al Sr. Marina que no quería que el día&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SJ8soxYMQJI/AAAAAAAAADw/lxPPWvKl8GE/s1600-h/FILIPINAS024.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SJ8soxYMQJI/AAAAAAAAADw/lxPPWvKl8GE/s320/FILIPINAS024.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5232950370988998802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;de mañana pudiese creer alguien que la determinación aquella había sido aconsejada ó intervenida en lo más mínimo por él. Le dijo también, que teniendo el Sr. Marina dos hermanos militares, y hombres de honor podían acusarle luego de haber aconsejado á su hermano en tal ó cual sentido haciéndole escoger tal vez el peor camino con grave menoscabo de su apellido, de su honra y de su carrera.&lt;br /&gt;La verdad es que el problema no podia ser más dificil, si se le aconsejaba á aquel hombre que se quedase, y luego resultaba que después de sufrir un Consejo de Guerra éste le sentenciaba á la terrible pena que él preveía, ¿ no era esto tremendo para la conciencia del que diera el consejo ?: ó por el contrario si se le inducía á que llevase á cabo aquel desatinado proyecto en el que emigrado, pobre, sin nombre, de edad avanzada, no podría sufrir las vicisitudes que se le habían de presentar, y después resultaba que nada le hubiese pasado de quedarse y presentarse al Gobierno español, ¿ no era terrible también el ver que se le había precipitado á la más horrible de las desgracias con aquella inoportuna deserción ?. Todo esto se le hizo conocer aquella misma noche, es decir, manifestarle la absoluta imposibilidad en que nosotros nos veíamos de poderle aconsejar en ningún sentido, y que él solo debía pensarlo bién y con calma, pero ya nos repitió que lo tenía muy bién pensado, insistiendo por lo demás en pedir la conferencia al Cap. Glass y en que se le hiciera el favor de interpretar cerca de este Sr. todos sus deseos.&lt;br /&gt;En este último extremo no ví yo el compromiso y responsabilidad nuestra que veía García Gutierrez, al contrario lo que sí vi en este era la gran contrariedad que le causaba la marcha del Sr.Marina, creyendo - según decía - que entonces la responsabilidad que á este cupiera se repartiría entre los que se quedaban, de modo que había más bién egoismo personal en García Gutierrez, en no querer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 64 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;interpretar los deseos de el Gobernador. Yo no me negué á ello porque de todos modos veía mucho tiempo por delante y no menos trámites y dificultades antes de que pudiese realizarlo, y por lo mismo, pensando más, ó modificar sus planes con arreglo á lo que fuera sucediendo, pero de antemano advertí al Sr.Marina que mí intervención en su proyecto se reduciría única y exclusivamente á decir en inglés y de una manera exacta las frases que él quisiera y nada más, á fín de que mí conciencia quedara también tranquila de no haber influido en lo que á su grave decisión se refería.&lt;br /&gt;Quedamos pues, convenidos en que al día siguiente se buscarían los medios de hablar al Cap. Glass, y Duarte con la gran astucia de que se vale en todos sus asuntos, quedó también en presenciar la entrevista de que se trataba, para resolver después - me decía en secreto - lo que con respecto á sí propio le conviniera, según viese cómo quedaba parado el Gobernador de aquella protección que iba á solicitar. La verdad es, que nunca mejor aplicado que en este caso el antiguo proverbio de "sacar la sardina del fuego con la mano ajena". ¡ Buen &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;punto&lt;/span&gt; está el Cap. Duarte, pero bueno, bueno, bueno !.&lt;br /&gt;Llegó, en efecto, el día 15 y en cuanto nos levantamos comenzó Duarte á hablar lo mismo que el día anterior acentuándose cada vez más el pesimismo, el disgusto de García Gutierrez por la marcha del Gobernador, y el deseo de éste de poner en práctica y cuanto antes sus planes. En vista de ésto, yo le pedí al Cap. Geary nos hiciera el favor de escucharnos un momento reservadamente, y accediendo á mí petición nos llevó á su cuarto á Duarte, al Gobernador y á mí; allí volvió el Sr.Marina á exponer su situación en el mismo sentido y casi con las mismas frases que anteriormente he citado y yo trasladé al Cap. Geary todo cuanto dijo. Fué verdaderamente penosa la impresión que á éste le produjo aquél relato de el Gobernador, demostrando que á pesar de su carácter brusco y sus rudos modales de soldadote, era hombre de buen fondo, y humanitarios sentimientos, pues se le vió conmoverse y saltársele las lágrimas al mirar al otro viejo en cuyo semblante, abatido y lloroso, se notaba claramente el sufrimiento horrible que en él determinaba lo que se veía obligado á hacer. No podía comprender el Capitán americano que hubiese un tribunal militar que juzgase de tal terrible manera la falta de el Sr.Marina, la cual consideraba como nula por la razón de que absolutamente nada se había podido hacer en la defensa de Marianas, pero deseoso de favorecer al Gobernador español, quedó el Cap.Geary en hablar al General Anderson, jefe inmediato suyo en Cavite, á fín de que éste interesara la petición del Sr.Marina al Cap. Glass.&lt;br /&gt;Salíamos de las habitaciones de nuestro guardián cuando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 65 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;entraba en San Felipe el que lo había sido de nosotros también á bordo del "Sidney", el Cap. Thomas Phelps, el cual venía á visitarnos, y á quién inmediatamente abordó el Sr.Marina comprendiendo que nadie mejor que dicho Sr. podía encargarse de su asunto. Y en efecto, después de terminada la visita, volví yo á exponer en nombre del Teniente Coronel todo lo que se había hablado á Mr.Geary. Cómo todo el mundo que oía relatar al Sr.Marina su situación y la grave decisión que tomaba, también fué impresionado el Cap.Phelps por el asunto, pero después de reflexionar un rato dijo que había tiempo sobrado para que dicha cuestión se pensara aún más detenidamente. El Almirante Dewey - añadía - tomará á Manila en breve, y una vez hecho esto, el bloqueo actual sería levantado permitiéndose la libre entrada en el puerto á todos los buques extranjeros mercantes; y además como quiera que los prisioneros hechos por los Estados Unidos serían puestos en libertad en el mismo momento de que la paz fuese firmada, el Sr.Marina era perfectamente dueño de su persona antes de presentarse á las autoridades españolas, pudiendo examinar perfectamente tranquilo y sereno el conflicto en que se encontraba, y en último caso, si veía entonces conveniente, lo mismo que ahora, la decisión grave de su marcha, podía llevar á cabo ésta por sí solo á bordo de cualquiera de los buques surtos en el puerto. No obstante, quedó el Cap. Phelps en hablar del asunto con el Cap.Glass y el Almirante Dewey, á fín de conocer sus opiniones sobre el mismo.&lt;br /&gt;Alguna tranquilidad llevaron al ánimo del Sr.Marina las frases del Cap.Phelps, perfectamente razonables y que por lo menos inducían á esperar con calma, pudiendo ocurrir todavía un giro en los sucesos que modificase por completo la situación. Quedó luego entre los demás compañeros, como era natural, la disensión de lo acertado ó erroneo de la determinación del Sr.Marina y de si era buena ó mala, no bajo el punto de vista referente á él, sino por la nueva complicación que surgía en la cuestión de la rendición de Marianas, cuya primera autoridad después de los hechos, desertaba. Pero, ¿ quién podía preveer cómo sería juzgada la fuga del Gobernador ó si ésta acentuaba la responsabilidad de los demás como García Gutierrez aseguraba ?. En estos pensamientos pasamos toda la noche, oyendo entre tanto el incesante cañoneo y fusilería de las defensas de Manila.&lt;br /&gt;Algo más tranquila fué la mañana del día siguiente, 16 de Julio; por la tarde, sentimos gran algazara entre los soldados alojados en el Fuerte y los de los otros cuarteles de Cavite que atravesaban corriendo la Plaza de Armas dirigiéndose á las murallas de Santo Domingo;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 66 - &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;al poco rato vimos entrar en la bahía un hermoso trasatlántico, el primero de la 2ª expedición, y que después supimos era el "China". También nació en nosotros la impaciencia hasta saber si traería cartas para nosotros procedentes de Marianas, pero por desgracia no fué así, pues aquella misma noche nos presentó el Cap. Geary á dos oficiales que habían venido en el buque, los cuales nos dijeron que habían pasado á la vista de la isla de Guajam, pero sin entrar en puerto.&lt;br /&gt;Recuerdo así mismo, que fué esta noche cuando el Cap.Geary nos dió el notición de que "la Reina Regente de España había renunciado á la corona"..... Era de tal magnitud y transcendencia la noticia que nos quedamos todos mirándonos unos á otros por un largo rato sin saber ni que decir siquiera; ¡ que serie de complicaciones y sucesos !, yo me imaginaba haber vuelto á la época de principios de este siglo cuando España se vió sin Rey, sin gobierno, con Juntas diversas que querían asumir éste y no eran respetadas, sublevadas también las colonias de América..... en fín, otro lio tan monumental y tan enorme como aquél, pero aumentado el presente por la diferente manera de ser nuestra moderna época y por la rapidez con que venían sucediéndose los eventos. Y á todo esto el Cap. Geary, á quién agobiamos luego á preguntas, no pudo decirnos más que las frases textuales suyas que he indicado, pero como estas eran tan lacónicas que ni sabíamos si era la renuncia de la Regencia, ó la caida de la dinastía ni que forma de gobierno sería el de la nación......... excuso decir que después de nuestras muchas preocupaciones, semejante nueva fué lo bastante para que ni durmiéramos tampoco aquella noche, ni cesara nuestra imaginación de formar los más extraños planes sobre aquél caos de cosas que á cada momento se nos ofrecian como materia de pensamiento. ¡ Era aquello de volverse loco !.&lt;br /&gt;Por si ésto no era lo bastante, al día siguiente 17 de Julio, todavía tuvimos que sufrir más y más nuevas siempre adversas, siempre horribles. Por la mañana entraron en el puerto otros tres transportes norteamericanos, el "Zeelandia", "Senator" y "Colón" que eran los que en unión de el "China" componían la segunda expedición de tropas americanas. Por la tarde llegó un crucero japonés que después de saludar á la escuadra americana se dirigió á la bahía de Manila donde estaban fondeados los otros buques de guerra extranjeros. Este crucero traía de Hong Kong la fatal notícia de que por fín se habían encontrado la escuadra de &lt;/span&gt;S&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ampson y la de Cervera al querer éste salir de Santiago de Cuba y habian sido destrozados y echados á pique todos los buques españoles, siendo prisioneros el Almirante Cervera y muchos centenares de los marinos de la escuadra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 67 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡ Cuanto desastre y pobre España !.&lt;br /&gt;A esta noticia que llegó á conocimiento nuestro por la noche añadió el Cap.Geary la de que se decía que las negociaciones de paz habían empezado al día siguiente de la destrucción de la escuadra Cervera, aunque nada de cierto sin embargo se aseguraba respecto á ello. La noticia de la destrucción de la escuadra produjo en nosotros la penosísima impresión que puede suponerse, aumentada aquella noche con el entusiasmo de los oficiales americanos que vivían en otros pabellones del mismo fuerte de San Felipe y que celebraban con brindis y música aquella otra victoria suya, llegando hasta nosotros las voces y los acordes de una banda y torturando nuestro espíritu de un modo inconcebible. Comprendímos también que la guerra entre España y los Estados Unidos tocaba á su término pués mayores desastres que los ya sufridos no podían llevarse á cabo. Pero pensando en todos mis compañeros tal notícia les trajo otra vez á la imaginación el negro pesimismo y los más serios temores, y todo por las mismas razones que he apuntado anteriormente al indicar la venida de la escuadra de Cámara á Filipinas, esto es, la salvación de Manila; si la paz llegaba á firmarse antes de que la ciudad se rindiera ó fuese tomada por los americanos, el problema de Marianas alcanzaba toda su mayor gravedad. A tal extremo llegaba ya el espíritu de aquellos cinco hombres, á desear todavía desastres mayores de los que estábamos sufriendo y á querer ver nada menos que la capital de el Archipiélago en poder del enemigo.&lt;br /&gt;Transcurrieron los días 18 y 19 sin novedad. El Dr. Ellis que me visitó y á quién pregunté algo de los sucesos del día me confirmó la notícia de que era posible hubiesen empezado las negociaciones de paz entre los gobiernos de Washington y Madrid, pero que el Almirante Dewey quería entablar una acción pronta sobre Manila á fín de posesionarse de la ciudad antes de que la paz se firmase. Esto mismo nos dijo el reporter Knight añadiendo que de todas maneras el ataque de las fuerzas americanas á Manila no se daría hasta la llegada de la 3ª expedición que conducía el General Merritt nombrado por el Gobierno de Washington Gobernador General de Filipinas.&lt;br /&gt;Convencido, pues, de que la capital de éstas estaba destinada más ó menos pronto á caer en manos de los americanos, no pude menos de decir otras cuatro verdades á Mr.Knight sobre la indignidad que cometían. Es decir, que iban á tomar una ciudad sitiada hacía dos meses y medio, no por ellos, sino por los miserables insurrectos que llegada la hora cederían el puesto á los no menos miserables invasores; ¡ que gloria para el ejército americano !. Iban á tomar una ciudad defendida por un puñado de infelices que llevaban dos meses y medio sin moverse de una trinchera, sufriendo todos todas las inclemencias de un suelo mortífero, del ardiente sol de Filipinas, de las&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 68 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;tempestades, sin que pudieran descansar un sólo momento, con una alimentacón no ya deficiente sino casi nula; en tanto que ellos, los americanos, jugando tranquilamente á la pelota en las plazas y calles de Cavite, esperaban que los rebeldes tagalos madurasen aquella fruta que una vez en sazón les quitarían de las manos.&lt;br /&gt;Era éste también un problema que no dejaba de preocuparnos: cual sería la suerte de la ciudad una vez rendida ó tomada; ¿ sería el ataque común de americanos é insurrectos ?, ¿ tendrían todavía el cinismo de hacerlo así y penetrar en la ciudad los dos aliados unidos, dando ese ejemplo de poca verguenza y de salvajismo al mundo civilizado ?.&lt;br /&gt;Y si los americanos no permitieran á los otros entrar en la población, ¿ se conformarían con ésto los tagalos que, después de todo, eran los que habían trabajado día y noche muriendo como chinches en los diarios ataques que por espacio de dos meses venían dando á la ciudad ?. Mr.Knight decía que el Almirante Dewey no permitiría á los insurrectos entrar en la ciudad pero ¿ lo consentirían estos ?...... ¡ que maremagnun tan grande el que se habría formado ! y ¡ quién era capaz de preveer lo que sucedería !. Pero de todos modos lo que siempre resultaba clara, patente, hermosa y destacada, era la miserable, indigna, manera de conducirse aquellos canallas tocineros de Norteamerica.&lt;br /&gt;Al día siguiente 20 de Julio lo primero que vino á nuestra imaginación era que se cumplía el mes justo desde que se nos había originado el conflicto en que estábamos metidos, y así mismo el pensar cuanto tiempo más nos quedaría de cautiverio. Este era ya demasiado y mucho más con aquella serie contínua de emociones y sufrimientos; nuestra paciencia estaba ya exhausta y si teníamos un corto momento en que el ánimo se inclinaba á considerar la situación próxima á terminarse, en cambio teníamos muchos en que no veíamos el fín de ésta, sobre todo si reflexionábamos sobre la estúpida tenacidad de nuestros gobernantes de España en persistir en una tan desigual lucha y esperando, sin duda, más desastres de los que habíamos sufrido. ¿ Que mejor situación dentro de nuestra caida, que la que entonces se presentaba para pedir la paz ?.&lt;br /&gt;Manila estaba á punto de caer en manos de los yankees y materialmente perdida si la paz se retrasaba y ¿ no había diferencia entre permitir la toma de la población y que este hecho no sucediera ?..... ¡ Ah, que bién se disponen las cosas desde el sillón de un confortable despacho en Madrid, y que valientes somos desde la mesa de un café ó desde la redacción de un periódico !. A todos esos Gasset y demás valientes y sufridos ciudadanos de la corte, les hubiera dado yo nada más que la mitad de lo que pasamos nosotros en Marianas y San Felipe ó una noche sólo de las que luego pasé en las trincheras de Manila. ¡ Lanceros !.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 69 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A cosa de media mañana y estando distraidos pensando en nuestros asuntos, se presentó un señor acompañado del Cap. Geary y que iba vestido de blanco con traje de paisano, un gran shalacok en la cabeza, de regular estatura, moreno con un gran bigote canoso, de ojos vivos y grandes, el cual descubriéndose, nos hizo un profundo y ceremonioso saludo. El Cap.Geary, señalandole, dijo: "The Admiral Dewey"..... Teníamos delante de nosotros al Jefe norteamericano, dueño absoluto de la situación. Excuso ponderar la curiosidad con que mirábamos á aquel hombre de quién tanto habíamos hablado y hablábamos, de quién estábamos prisioneros, y que tan importante papel estaba representando en la suerte de Filipinas. Pero no pudimos satisfacer detenidamente nuestra atención, principalmente yo que, invitado por el Cap.Geary, tuve que dejar mis observaciones sobre aquel hombre y ocuparme de la presentación de mis compañeros, así como responder á las rápidas preguntas que me hizo el Almirante referentes á si estábamos satisfechos del trato que se nos daba. Después, sin darme tiempo casi para hablar me dijo que no podía detenerse y sólo venía á decirnos que al día siguiente serían enviados con nosotros los españoles prisioneros en el cañonero "Leyte" pues "todos éramos igualmente prisioneros de América" . Seguidamente y con otra profunda inclinación de cabeza se despidió dejándonos sorprendidos con su inesperada y rápida visita.&lt;br /&gt;Nueva situación y nuevos y obligados comentarios. ¿ Quienes serían los nuevos compañeros ?. No sabíamos si alegranos ó disgustarnos, pues si por un lado podíamos saber algo nuevo, salir de la monotonía en que estábamos ya hacía un mes, sin hablar con nadie, y variar, en fín, nuestro modo de vivir, por otra parte no sabíamos quienes eran aquellos oficiales de el "Leyte", cuantos en número, y si empeoraríamos de situación principalmente en lo que se refería á las pequeñas y relativas comodidades que ya nos habíamos procurado poco á poco. Pero fuese de ello lo que fuera no teníamos más remedio que sufrir pacientemente y esperar los resultados.&lt;br /&gt;No obstante, instintivamente supusimos que con la venida de aquellos otros prisioneros habíamos de empeorar en nuestra situación, y en lo primero que encontraríamos el cambio había de ser en la alimentación. Precisamente por entonces habíamos ya notado desde algunos días antes que nos habían disminuido notablemente la cantidad en las raciones que diariamente se nos daba y no se quién fué de nosotros - García Gutierrez si mal no recuerdo - el que había hablado, de un modo incidental, de este asunto con Mr.Knight y éste después de haberse marchado el Almirante Dewey vino á decirnos, si no habíamos reclamado sobre dicho extremo á dicho señor aprovechando al visita que nos había hecho. Nos explicó el joven reporter que las raciones ordenadas por el Gobierno de los Estados Unidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 70 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;para los prisioneros de guerra eran las mismas que tenían asignadas los oficiales americanos que querían comprar sus raciones de la Administración Militar Norteamericana y cuyo valor era de peso y medio por día y por persona. Quería pues, Mr.Knight que ya que no lo habíamos hecho verbalmente cuando el Almirante Dewey vino á vernos, hiciéramos una exposición escrita á éste, reclamando sobre la falta de cumplimiento en los socorros á que teníamos derecho, puesto que dicha falta obedecía á defraudaciones de los encargados del reparto y suministro.&lt;br /&gt;Otro sofocón costó á Mr.Knight este consejo que nos daba. Yo comprendí que el pobre muchacho nos lo daba con la mejor buena fé y deseoso de que nada tuviéramos que decir del trato que sus paisanos ofrecían á los prisioneros, pero tampoco pude resistir un acceso de orgullo ó quijotismo y contesté á Mr.Knight, que puesto que nos obligaba á hablar de asunto tan poco digno, nuestra opinión era la de no proferir la menor queja fuese cual fuera el trato que en el concepto de alimentación nos diera el Ejército americano. Hasta entonces siempre habíamos contestado á todos los que nos preguntaban que estábamos bién tratados y en adelante contestaríamos siempre lo mismo porque así creíamos correspondía á nuestro deber de caballeros; el cumplimiento de la órden del Gobierno de Washington referente á dichas raciones correspondía - le dije - á los encargados de nuestra custodia, si eran hombres de honradez y de conciencia, pero á nosotros el de callar y no rebajar nuestra dignidad hasta el punto de formular una queja semejante sobre la miserable escasez de la comida á un Gobierno extranjero y enemigo; cómo españoles, cómo militares y cómo hombres de honor teníamos nuestro pesar en el corazón y en la cabeza, no en el estómago. No se si disgustaría á Mr.Knight este desplante de orgullo español y si tal vez le sirviera de motivo para una crónica de la prensa de su país en contra nuestra; se limitó á callar y á mover la cabeza afirmativamente y no volvió á proponernos nunca tales exposiciones y solicitudes. La verdad es que yo fuí siempre demasiado duro en mis frases y en mí trato con aquel muchacho, y no precisamente con él de un modo personal, pero era un infeliz, sino refiriéndome siempre á sus paisanos y ya me temía cuando se hablaba algo de la guerra; sin embargo, él nunca me mostró desvío ni adversión, y aún sé que decía de mí á sus amigos y compañeros que "The Spanish doctor Romero was a very nice man ". No terminaré esta disgresión sin apuntar que desde aquel día en adelante muchas raciones volvieron á ser completas y abundantes como al principio; sin duda Mr.Knignt por su cuenta y razón trató reservadamente el asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 71 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo el relato, aquella misma tarde hablando de cosas indiferentes con el Cap.Geary me dijo éste que había visto en un hospital de Cavite á dos compañeros mios médicos militares españoles que estaban prisioneros de los insurrectos. Mucha fué la alegría que tuve al oir semejante noticia y un grande deseo de poderme comunicar con ellos, pero me quedé dudando de cómo pediría al Cap.Geary el hacerlo directamente; por fortuna él mismo se adelantó á mis pensamientos y me dijo que al día siguiente pediría permiso al General Anderson para que yo pudiese salir del Fuerte y él me acompañaría á visitar á los dos médicos españoles y á dar un paseo por el pueblo. Excuso manifestar cuánto le agradecí al Capitán esta deferencia y cuán grande fué mí alegría.&lt;br /&gt;En efecto á la mañana siguiente, del día 21 me llamó el Cap.Geary á eso de las nueve y media para salir con él. Me vestí de paisano y aunque llevaba la gorra del uniforme le había quitado á prevención los galones, pues me sabía mal me viesen con insignias militares, y así tenía también más libertad para todo; además, el día anterior, un practicante americano que me arreglaba el cabello y la barba, me había afeitado ésta, según dijo á la moda, dejándome una gran &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;luchana&lt;/span&gt; ó perilla cuadrada á estilo yankee según decían mis compañeros pues yo no tenía espejo para mirarme. En suma salí disfrazado y acompañado de el Capitán el cual no se si por temor á que yo intentara escaparme ó por prudencia contra los insurrectos del pueblo, llevaba colgado de la cintura un tremendo revólver que parecía un trabuco; montamos en una calesa y fuimos no sé por que calles - pues ya dije que yo no conocía Cavite - en primer término á un gran edificio de construcción moderna que debió ser anteriormente la Casa - Gobierno de la provincia y á la sazón ocupado, según me dijo el Cap.Geary, por el Head-Quartess ó Cuartel General de Aguinaldo. Allí entramos observando yo el gran movimiento que había , cómo el de un gran Centro militar, el ir y venir de ordenanzas y soldados indios insurrectos, riéndome yo por dentro de ver el respeto que mí gran perilla imponía á aquellos imbéciles que me tomaban por oficial yankee; estuvimos sólo un momento pues el objeto que llevaba el Cap.Geary era recoger una órden para que le fuesen entregados los prisioneros de el "Leyte" que iban á ser trasladados á San Felipe y que estaban alojados en una casa particular del pueblo custodiados por los tagalos.&lt;br /&gt;Salimos de allí acompañados de un oficialete insurrecto y fuimos á otra calle entrando en un caserón grande que tenía guardia tagala á la puerta, y después de subir espaciosa escalera entramos en las habitaciones de la casa en donde nos recibieron un gran número de españoles unos de uniforme otros de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 72 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;paisano, los cuales sin duda sabían ya que iban á ser trasladados y nos rodearon enseguida con gran curiosidad para enterarse de el oficialico indio cuándo y cómo iban á salir de allí. Yo miré á todos ellos no encontrando ninguna cara conocida y permanecí callado á un lado mientras el Cap.Geary hablaba algo concerniente á la entrega de los prisioneros con el insurrecto. Observé que algunos me miraban con curiosidad extrañeza pero ninguno se atrevía á hablarme y menos cuando vieron que el Capitán americano me dirigió algunas preguntas que yo le contesté en inglés, - no se si he dicho antes que el Cap.Geary no hablaba ni una sola palabra de español, ni hubiera querido aprenderla: era muy americano y muy animal - . Sin embargo después de un rato, durante el cual yo seguía callado y observando que algunos de los españoles andaban alrededor mio como queriendo hablarme, ocurrió un lance algo cómico: uno de ellos más atrevido se acercó más á mí y me preguntó en voz baja y con cierto temor ¿ es Vd. español ? á lo que yo respondí volviendo un poco la cabeza y contestándole en el mismo tono " ¡ y prisionero como Vd. ! " respuesta que le dejó con un palmo de boca abierta.&lt;br /&gt;Después repuesto de la sorpresa y muy contento no tuvo reparo en decirme que á pesar de mí &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;luchana&lt;/span&gt; por mí cara y por mí aspecto en general le había parecido desde un principio español y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;renegao&lt;/span&gt; puesto que iba con el americano, luego tuvo duda de que lo fuera al oirme hablar en inglés con aquel, y por último, que no pudo resistir la tentación de preguntarme teniendo entonces la satisfacción de encontrarse con aquella novedad de mí visita. Enseguida corrió la voz entre los demás y también entonces el Cap.Geary dirigiéndose á mí me dijo que hiciese saber á todos aquellos Sres. que podían ir arreglando sus equipajes para trasladarse inmediatamente al Fuerte de San Felipe donde él los recibiría como futuro encargado de su custodia, todo lo cual yo trasladé á mis ya nuevos compañeros que sabiendo ya quién era me abrumaron á preguntas sin que yo pudiese contestarle más que á unas cuantas pues tuve que despedirme para seguir al del trabuco que me invitaba á marchar.&lt;br /&gt;Desde aquí fuimos á un Hospital que después supe era el llamado Hospital civil de San Juan de Dios donde en efecto encontré los dos médicos militares españoles que el Capitán había anunciado. Eran dos médicos provisionales los Sres. Puelles y Escalona á quienes yo no conocía; estos dos Sres. me recibieron con cierta seriedad no se si por estar enfermos, prisioneros y sin ganas de recibir visitas ó por respeto al decirles yo era Médico 1º, Romero. No dejó de causarme extrañeza el ver á estos dos médicos militares&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 73 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de edad avanzada, pues ambos pasaban ya de los cuarenta, con las insignias de alférez; verdad es que yo no había visto todavía los llamados médicos provisionales, pues cuando fuí á Marianas aún no se habían creado en el Cuerpo de Sanidad; del mismo modo que luego en Manila me extrañó el ver á Médicos Segundos también de edad madura procedentes de las oposiciones posteriores al principio de la guerra en que se ampliaron el límite de la edad de 30 años para el ingreso que era el exigido en mí tiempo. Pues bién, después de hablar un rato con dichos Sres. y ofrecerles mis cumplidos de compañero salí con el Cap.Geary que me invitó á refrescar en un cafetín allí próximo.&lt;br /&gt;Fuimos luego dando un paseo por el muelle de la población y allí pude ver dos ó tres compañías de soldados insurrectos que sentados unos por el suelo otros hablando en corro, esperaban para embarcar en unos lanchones que estaban atracados al muelle á fín de trasportarlos á Paranaque cruzando la bahía. ¡ Qué espectáculo ofrecían aquellos miserables ! unos con uniformes de rayadillo medio desnudos los más, otros con cintajos y adornos de llamativos colores era aquello más conjunto de bandidos ó partida de bandoleros que compañía de soldados. Lo que más lástima daba era ver en manos de un chongo de aquellos un hermoso fusil Maüser y encima de sus carnes, pues los había hasta descamisados por completo, las cartucheras de las municiones, todo ello procedente sin duda de nuestros soldados prisioneros y que eran empleados contra nuestros hermanos de Manila. Todavía el Capitán Geary le cogió á algunos el fusil para ver si lo tenían bién cuidado y limpio y le daba bromas en inglés, como si aquellas bestias le comprendieran, y se nos quedaban mirando y sonrientes como estupidos poseidos del respeto y admiración sobrenaturales que los muy idiotas tenían entonces á sus nuevos señores los yankees como antes lo habían tenido para nosotros los&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; castilas&lt;/span&gt; . Tanta era mí pesadumbre y mí rabia de ver aquello que no pude menos de instar al Cap.Geary regresáramos á San Felipe diciéndole me encontraba cansado y además me estarían esperando para comer mis compañeros , como así era la verdad.&lt;br /&gt;Gran ansiedad era la que tenían estos por conocer el resultado de mí excursión cuando entré de regreso en el Fuerte y después de contarles todo cuanto me había ocurrido les hablé detenidamente de la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;nube&lt;/span&gt; que se nos venía encima y la necesidad urgente de que tomásemos de antemano alguna medida relativa á nuestra &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;relativa &lt;/span&gt;comodidad pues de lo contrario todo lo perderíamos con aquel gran número de compañeros que vendrían&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 74 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dentro de poco, toda vez que según nos había dicho el Capitán, el sítio destinado para todos eran las dos habitaciones que hasta entonces nosotros solos habíamos ocupado. Así pues, decidimos trasladar inmediatamente nuestros seis camastros á la galería exterior, pues de quedarnos en el dormitorio hubiera sido cosa de axfisiarse con la aglomeración mientras que allí fuera teníamos siquiera aire que respirar. Aún no habíamos acabado de trasladar nuestros petates cuando vimos venir por el centro de la Plaza una verdadera procesión de asistentes cargados de camas, maletas, ropas y demás, seguidos por todos los oficiales que yo había saludado pocos momentos antes, que enseguida entraron en San Felipe.&lt;br /&gt;Eran estos: Del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cuerpo de Infantería: &lt;/span&gt;Coronel D.Lucas de Francia, Teniente Coronel D.Eduardo Oyarzabal, Comandante D.Federico Cabañas, Capitanes D.José Piqueras y D.José Perez Macias, Primeros Tenientes D.Wenceslao Sahagun y D.Luis Lopez y Segundo Teniente D.Juan Moreno. Del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cuerpo de Caballeria&lt;/span&gt;: Comandante D.Roberto White y Segundo Teniente D.Eduardo Lizarra. De &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Administración Militar:&lt;/span&gt; Comisario de Primera D.Francisco Gonzalez Montero, Comisario de Segunda D.Ernesto Martín Gonzalez, Oficiales Primeros D.Fernando Fontan y D.Manuel Contreras y el Oficial Segundo D.Eduardo Iglesias. De &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sanidad Militar: &lt;/span&gt;el Médico Segundo D.Antonio Horcada Mateo. Del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Cuerpo General de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;la Armada: &lt;/span&gt;el Teniente de Navio D.Manuel Peral. De &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Voluntarios de Macabebe: &lt;/span&gt;el Comandante D.José Gomez Pardo y el Capitán D.Federico M.Villa-Abrille, y por último, venían también cuatro Capellanes del Ejército y cuatro paisanos, comerciante de la Pampanga. Total 27 que unidos á los seis que estábamos de Marianas componíamos un total de 33 prisioneros en el Fuerte de San Felipe.&lt;br /&gt;Ya se puede imaginar el que esto lea, el lío que se armaría con el nuevo arreglo de camas y habitaciones para los recién llegados; era materialmente imposible que cupiéramos todos en los dos pequeños locales, y si disgustados nos pusimos nosotros en vista de la nueva complicación que se presentaba, no menos disgustados se mostrarían la mayor parte de ellos que decían habían venido á molestarnos, y ellos, en cambio, habían perdido también muchisimo en sus comodidades. Es verdaderamente poco cuanto se diga acerca de la confusión, trastorno, voces, etc., que allí se armó, y enseguida pudimos observar que no eran todos los caracteres apropiados, ni la paciencia toda la necesaria para sufrir todo lo conveniente, pues á las primeras de cambio hubo allí casi mojicones por coger tal ó cual sítio donde colocar las camas. ¡ Si aquello era en los primeros momentos qué no sería en lo sucesivo !.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 75 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deseosos por otra parte, ellos y nosotros de cambiar impresiones, enseguida entablamos conversación entre unos y otros hablando de los sucesos, de la situación etc. Yo, como era natural me dí á conocer é hice buena amistad con mí compañero el médico 2º D.Antonio Horcada, un navarro muy simpático, el cual me enteró, después de escuchar mí relato de lo de Marianas, de la historia de sus vicisitudes desde que salió con su columna hasta aquel momento en que fué á S.Felipe, y que por el interés de ella no dejaré de apuntar aquí aunque sea á grandes rasgos.&lt;br /&gt;Según me dijo, todos aquellos Jefes y Oficiales pertenecían á la columna del General Monet compuesta de 1000 hombres y que estaba en San Fernando de la Pampanga, Cabecera de esta provincia, cuando estalló el movimiento insurreccional en Luzon; dicha columna se mantuvo en dicho pueblo hasta fines del mes de Junio en que se le comunicó al General Monet la conveniencia de que se reconcentrara la columna á Manila. No pudo hacerlo dicho General por la línea ferrea pues ésta ya estaba cortada por los insurrectos, y en vista de esto emprende una marcha desde San Fernando á Macabebe á fín de ganar la costa de la bahía y embarcar en tres ó cuatro cañoneros que allí estaban. El viaje de esta columna ha sido indudablemente una de las páginas de más incidentes en la campaña de Filipinas y de las más horribles en una guerra.&lt;br /&gt;Salieron de San Fernando que era el Centro de la Comandancia gral. de este nombre en la Isla de Luzon y por lo tanto el de aprovisionamiento de toda aquella provincia abandonando ya gran cantidad de municiones de boca y guerra á fín de evitar una enorme impedimenta á la columna y aunque dichas municiones fueron arrojadas al rio, indudablemente serían aprovechadas por los insurrectos que las sacarían enseguida, pues no hacía media hora que habían salido los españoles de San Fernando cuando este punto fué ocupado por los rebeldes. En estas condiciones emprenden la marcha y de nada sirvió el abandonar las municiones innecesarias para el viaje, pues á cambio de esta impedimenta se agregó otra mayor á la columna la friolera de&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; noventa y tantas señoras&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;otros tantos niños&lt;/span&gt; con los equipajes y chismes consiguientes, todas ellas pertenecían á los oficiales que tenían allí sus familias más algunas otras de varios comerciantes y vecinos españoles en San Fernando que no podían quedarse allí abandonados á merced de los tagalos.&lt;br /&gt;Pues bién, en estas condiciones, repito, emprende la marcha aquel terrible convoy y tres días consecutivos con sus noches duró la penosísima expedición sin el más pequeño descanso adelantando la columna paso á paso, tomando trincheras y más trincheras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 76 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que se oponían al avance, arrasando los pueblos por donde pasaban después de tomarlos á viva fuerza, y con un fuego incesante por vanguardia flancos y retaguardia que no los abandonaba un sólo momento. Facilmente puede uno imaginarse las escenas que en tal peregrinación de Sras. y niños tendrían lugar: cobijadas unas bajo las ruedas de los carros, otras dentro de estos, las más desmayadas al sentir descargas y más descargas y silbar las balas por su lado, aquello debió ser horroroso y por si no era bastante la complicación de aquel convoy para la columna y para que no faltasen incidentes de todo género, hubo &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tres&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;partos&lt;/span&gt; en los tres días de camino. Un verdadero milagro de Dios fué también que no ocurriesen más desgracias entre las mujeres y los niños que la pérdida de una niña del Coronel Pintos criatura de siete años que se extravió en el camino en uno de los momentos de confusión por los rabiosos ataques de los rebeldes á la columna. Este doloroso incidente dá evidente muestra de el desórden que allí había; la niña fué devuelta sana y salva afortunadamente á los ocho días en Manila por el asistente indio del mismo Coronel, pero júzguese del dolor que tan horrible percance determinaría en aquella infeliz madre: no creo que nadie pueda describirlo ¡ tal vez hubiese preferido que una bala la hubiese muerto en sus brazos ! .&lt;br /&gt;Doscientas bajas tuvo la columna en aquellos tres días horrorosos de camino para llegar á Macabebe, entre ellas no pocos oficiales principalmente en el ataque y toma de los pueblos de Bacolor y Sto.Tomás en donde las trincheras tagalas hubieron de ser tomadas de frente y ésto gracias á la pericia y bravura del hoy Coronel D. Felipe Dujiols que mandaba la vanguardia y que es uno de los hombres más valientes y serenos, sin disputa, que hay en el ejército español: ¡ hay que verlo al simpático é intrépido viejo de perilla blanca !. El pueblo de Macabebe era uno de los puntos de la costa que siempre había permanecido fiel á España y aún se habían batido sus habitantes en la primera insurrección contra los insurrectos al mando del rico mestizo D. José Blanco, coronel de Voluntários, y á dicho pueblo había enviado el General Augústín su esposa é hijos después del combate de Cavite y temiendo el bombardeo de Manila. Así pues, no era verdad aquello que nos habían contado del secuestro de dicha Sra. y familia, sino lo que ocurrió fué que estando en Macabebe se originó el conflicto de la insurrección y se encontró dicha familia aislada en Macabebe y sin comunicación con Manila por estar ocupados los pueblos y provincias limítrofes por los insurrectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 77 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tal situación encontró la columna del General Monet al pueblo de Macabebe y al día siguiente de su llegada y sin haber cesado ni un momento el fuego de los sitiadores abandona el General á la columna y se marcha á Manila acompañando á la Sra. é hijas del General Augústín, haciendo el viaje en pequeñas embarcaciones de los indios y atravesando la bahía. Esto le valió al General Monet una sumaria grave en la cual se ve hoy todavía envuelto.&lt;br /&gt;Allí en Macabebe se organizó por fín el convoy marítimo para llegar á Manila. En el pequeño vapor Mendez-Nuñez se embarcaron todas las Sras., niños, enfermos y heridos, y este barco con la bandera de la Cruz Roja llegó á la Capital sin novedad alguna. Los ochocientos hombres de la columna fueron embarcados en tres grandes gabarras ó lanchones á las cuales remolcaba el cañonero "Leyte" al mando del Teniente de Navío D.Manuel Peral, teniendo necesidad de efectuarse este embarque defendiéndose todavía del avance incesante de los rebeldes que iban apoderándose palmo á palmo de todo el terreno que pisó la columna en su penosa marcha desde San Fernando. Pero todavía faltaba lo peor para aquellos infelices. Intentan cruzar la bahía, bajo los peligros de una mar gruesísima que reinaba procedente de un reciente báguio, y exponiéndose cada momento á una catástrofe, llegan casi frente á la bocana del rio de Manila en la tarde del 29 de Junio estando una infinidad de gente, desde las murallas y las obras del puerto, de la población, viendo el trabajo del "Leyte" y esperando su llegada. Pero el comandante de éste, viendo también que si continuaba remolcando las gabarras en aquellos sítios y en aquella forma se exponía á hacerlos zozobrar, soltó las amarras dejando solos los lanchones, y avanzó con el cañonero á pedir auxilio, bién á los barcos de guerra extranjeros fondeados allí cerca ó bién entrar en el rio de Manila salvando la vigilancia norteamericana.&lt;br /&gt;Ni una cosa ni otra pudo hacer, por desgracia: los americanos habían divisado el barquito español desde Cavite é inmediatamente se destacó de la escuadra uno de los cruceros que á toda velocidad se dirigió al encuentro del "Leyte". El Comandante Peral, entonces puso la proa de éste al crucero norteamericano enarbolando la bandera blanca y con el propósito de perdirle auxilio al mismo enemigo, toda vez que la situación era tan crítica que no se podía hacer otra cosa.&lt;br /&gt;Puestos al habla los dos barcos, el crucero norteamericano hizo prisioneros á todos los que venían en el cañonero, capturando éste y llevándolo á remolque hasta el costado del "Olympia" á las órdenes del Almirante Dewey. En cuanto á las gabarras abandonadas y mantenidas unidas por sus amarras á merced de las olas, esperando el socorro que el cañonero intentó buscar, fueron arrastradas por aquellas y al día siguiente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 78 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;arrojadas por la mar contra las costas, las cuales plagadas de insurrectos cogieron aquella presa que las olas les enviara, haciendo prisioneros á todos los salvados que restaban de la columna Monet. No puede darse peor suerte que la de estos mil hombres que después de la penosísima y horrible marcha de los tres días, la lucha incesante con los rebeldes y con la mar, y estando, en fín, á punto de salvarse y dar un refuerzo considerable á Manila que los esperaba con ansiedad caen todos prisioneros unos de los americanos, otros de los bandidos de Butacan.&lt;br /&gt;Al día siguiente de ser prisioneros la tripulación y los Jefes oficiales y paisanos que venían á bordo del "Leyte" fueron desembarcados en Cavite y en el mismo muelle - me decía Horcada - entregados por los americanos á un pelotón de soldados insurrectos que al mando de aquel mequetrefe &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;coronel&lt;/span&gt; Legarda de que ya he hablado, los condujo á la casa particular deshabitada de la calle de Novaliches donde yo los había visto cuando fuí con el Cap.Geary. Si grande é ignominiosa fué nuestra peregrinación cuando desembarcamos del "Sidney" y que ya he referido, todavía fué peor la de los prisioneros del "Leyte" según me contó Horcada: una vez en los muelles el coronelillo Legarda tirando de sable y ordenandoles imperiosamente á los 27 españoles que formaran de á cuatro, no lo cumplieron haciéndose los distraidos, se puso á la cabeza del pelotón y así los llevó por las calles de Cavite hasta la citada calle de Novaliches donde los alojó y dejó custodiados por una guardia insurrecta. Como se ve esto fué otra hazaña del Almirante Dewey semejante á la Subic.&lt;br /&gt;Permanecieron allí hasta aquel día en que fueron á San Felipe y en verdad que, según lo que me decía mí compañero habían perdido muchísimo en el traslado porque la vida que hacían en la otra casa era mucho mejor de la que les esperaba en el fuerte. En efecto, allí quisieron darle los insurrectos la asquerosa ración de marisqueta á que tenían derecho como prisioneros, pero ellos la rechazaron y les fué permitido comer por su cuenta, buscando cocineros en el pueblo, que por 6 ó 7 pesetas cada uno, les llevarían una muy regular comida á la misma casa y arreglándose&lt;br /&gt;ellos en pequeñas repúblicas de tres ó cuatro comerian en aquella forma y bastante bién: primer conflicto que se les presentaba en el Fuerte donde el Cap.Geary no permitiría la entrada y salida constantes de asistentes y cocineros que un tal servicio requería. En segundo lugar, en la calle de Novaliches tenían toda la casa por suya, y por lo tanto cabían todos perfectamente no estando como sardinas en banasta que era lo que con nosotros les esperaba. Y en fín, tenían también en la otra prisión una libertad relativa pues les era permitido salir á paseo dos ó tres horas todas las tardes, por cierto que con este motivo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 79 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;podía verse una escena digna de teatro:cuando alguno de ellos quería salir de paseo por el pueblo iba seguido por un descamisado de aquellos de la guardia insurrecta de la casa, que con su fusil colgado al hombro y comiendo á lo mejor un plátano ó llevando otra clase de comida en la mano, seguía los pasos, cual otro maggar, de el paseante prisionero donde quiera qué éste los dirigiera. Otro detalle digno de apuntar que indica lo que son estos idiotas deseosos ya de independencia era que nuestros compañeros los oficiales prisioneros jugaban por las noches y en&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; las puertas&lt;/span&gt; de la timba, se sacaban algunos realillos para la propina nada ménos que del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Jefe&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;de día&lt;/span&gt; insurrecto de la Plaza, encargado como es consiguiente de la vigilancia y órden de todos los centros y guardias militares. Todavía llegaban estos Jefes de día algunos batas ó lavanderos, sin duda ,hechos de pronto Comandantes ó Teniente Coroneles á ser tan serviciales por las propinas de nuestros compañeros que hasta proporcionaban á estos otra clase de entretenimientos &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;nom santos&lt;/span&gt; que buscaban por el pueblo y traían á la casa prisión de la calle de Novaliches. ¡ Es esto ya lo último que hay que ver en Filipinas !.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Como se vé todo era comodidades y relativa libertad, para estos prisioneros de el "Leyte" y no comprendíamos nosotros como habían querido ellos mismos, según decían, venir á San Felipe. Pero me dijo Horcada que habiendo observado ellos que los insurrectos de Cavite habían empezado desde algunos días antes á trasladar sus prisioneros al interior de la provincia, evacuando poco á poco la Plaza, temieron que hicieran con ellos lo mismo y por esta razón presentaron una solicitud al Almirante americano pidiendo que como ellos eran prisioneros de los Estados Unidos querían ser custodiados por tropas americanas y no estarlo por los rebeldes tagalos de quienes temían, la noche menos pensada, un degüello general. El Almirante Dewey había tomado en consideración aquella justa petición ( ¡ que milagro !) y de ahí la órden de que fuesen trasladados á San Felipe con nosotros, pero sin tener en cuenta si teníamos que dormir unos encima de otros formando pilas dadas las condiciones del pequeño alojamiento para treinta y tres personas.&lt;br /&gt;Aquella noche del 21 la pasamos como Dios quiso y había que oir sobre todo al comisario D.Paco P.Montero que enfermo, viejo y de un humor de todos los diablos gritaba con voz estentórea llamando cobardes y otros epítetos aún peores á los que habían sido los autores de aquel traslado que tanto perjuicio habían llevado á sus comodidades. Además de los denuestos de D.Paco existía sobre todo una especie de cruzada contra el Comandante de Voluntarios, al que todos rechazaban y arrojaban de su lado por......&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; puerco &lt;/span&gt; y era en verdad terrible oir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 80 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los insultos é improperios que aquel hombre tenía que aguantar en cuanto intentaba sentarse siquiera en la cama de algún otro, pues hasta tenía la desgracia de no tener ni cama, ni silla, ni nada. ¡ Era aquello un escándalo perpétuo. Como era natural enseguida empezamos también nosotros á notar variación grande en nuestro arreglo: nos fué prohibido utilizar el water-closet y el baño que antes usábamos y próximos á nuestras habitaciones y desde este día tuvimos que ir á lavarnos y bañarnos al aire libre en un foso del Fuerte donde había un pozo que fué destinado á este objeto; del mismo modo, en la cocina de que disponíamos también empezó el desorden en todo el utensílio, arreglo, etc.; en una palabra, de seguir así aquello terminaría por ser una Babel en al que todo sería posible menos entenderse.&lt;br /&gt;El día 22 por la mañana falleció en el Fuerte el soldado español Manuel Gallego, procedente de nuestro destacamento de Marianas; fué una verdadera desgracia pues era un muchacho sanote y robusto á quién una imprudencia le costó la vida, una nefritis agudísima determinada por un baño prolongado de lluvia que en mitad del jardín tomó después de un rudo trabajo corporal.&lt;br /&gt;A media mañana de este día 22 llegó á San Felipe un joven oficial de Marina que era el Secretario particular del Almirante Dewey acompañado de otros dos extranjeros que eran los Cónsules de Francia y Bélgica. El oficial Secretario traía una órden para el Cap.Geary con el objeto de poner en libertad á los cuatro paisanos y á los cuatro capellanes de la calle de Novaliches, los cuales debían regresar á Manila acompañados de los Cónsules citados en la lancha neutral que á estos conducía. Todos nos alegramos de tal medida y dimos mil enhorabuenas á los favorecidos de la suerte. Mientras ellos preparaban sus equipajes hablamos los demás con el Cónsul francés, el cual venía disgustadísimo y echando pestes y reniegos de el Almirante Dewey y de los americanos; era dicho Sr. además, Director de la Compañía Tabacalera en Filipinas y nos estuvo refiriendo que había venido á hacer una reclamación al Almirante sobre el acto de salvajismo que los insurrectos habían llevado á cabo en el vapor "Compañía de Filipinas" propiedad de la Tabacalera; la tripulación india había asesinado villanamente al Capitán y Oficiales del barco, españoles penínsulares, apoderándose de el mismo, que había pasado por este acto vandálico á ser un barco pirata propiedad de los insurrectos, enarbolando la bandera de ellos la cual se paseaba tranquilamente por las aguas de Cavite por en medio de los cruceros norteamericanos. Pues bién, el Almirante Dewey había hecho caso omiso de la reclamación del Director de la Tabacalera diciendo á éste que "el nada tenía que ver en aquellos asuntos". ¡ No podía menos dicho Sr.Dewey de seguir representando dignamente la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;hidalguía y humanidad&lt;/span&gt;  norteamericanas en Filipinas !.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 81 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preguntando yo al Cónsul francés el motivo de la libertad de nuestros ocho compañeros, nos dijo que los cuatro paisanos nada tenían que ver con la guerra y los capellanes tampoco por su cargo y misión especial dentro del Ejército. Y viendo yo esta puerta abierta para mí por el mismo derecho que asistía á los capellanes, dije á mí compañero Horcada que iba á reclamar en nombre de los dos sobre tal extremo, lo cual hice inmediatamente hablando al joven Secretario y manifestándole que el mismo derecho que los capellanes teníamos los médicos por nuestro carácter neutral en la guerra perfectamente declarado por el Convenio de Ginebra en 1864, y por lo mismo no debíamos ser considerados iguales prisioneros de guerra que los demás Oficiales de el Ejército, suplicándole al propio tiempo hiciese presente al Almirante Dewey dicha observación en nombre de los dos médicos españoles de San Felipe, los cuales estábamos dispuestos á hacer la reclamación en la forma que quisiera, sosteniendo nuestro derecho. Comprendió el Secretario la razón de mí petición y nos dijo que por que no lo habíamos dicho antes; tenía razón el hombre, pero yo le contesté que no nos correspondía á nosotros hacer tales reclamaciones sino al Jefe americano el deber de conocer los derechos de sus prisioneros, según quienes fueran estos, toda vez que el mismo Convenio de Ginebra prevenía en sus artículos el deber que los Jefes de los cuerpos beligerantes tenían no sólo de devolver á sus respectivos ejércitos los médicos y demás individuos neutrales hechos prisioneros en el momento en que su misión estuviese terminada, sino cuidar así mismo de justificarles debídamente el tiempo que habían estado en su poder para que luego no dejasen de percibir sus haberes y emolumentos cuando regresaran á sus puestos. Y por último, á fín de entibiar un poco la censura que envolvían mis frases, dije al Secretario que no habíamos hecho la reclamación porque esta hubiera sido una ofensa al Almirante Dewey á quién no podíamos suponer desconocer de los deberes que el ya citado Convenio le imponía como Jefe de la Escuadra referentes á los individuos no beligerantes.&lt;br /&gt;Agradeció el Secretario esta diplomática alabanza á su Jefe y tomó nota de los nombres de Horcada y mío diciéndonos que inmediatamente que llegase á bordo del "Olympia" pondría en conocimiento del Almirante nuestra pretensión, después de lo cual marcharon todos volviendo á repetirse los plácemes y enhorabuenas á nuestros libres compañeros. Advertiré aquí, pues lo he olvidado antes, que de los cuatro capellanes, dos lo eran efectivos, pero los otros dos eran frailes agustinos parrocos de dos de los pueblos que la columna Monet había atravesado en su ya referida marcha, y los cuales fueron recogidos y disfrazados de capellanes de ejército, porque así convenía mejor á todos, dada la baja erotización reinante del fraile en Filipinas. Y á la verdad fijándose un poco en aquellos dos tipos. se echaba de ver enseguida la facha y modo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 82 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de llevar los pantalones, denunciándose inmediatamente como gente de á vestir por la cabeza.&lt;br /&gt;Con la marcha de estos ocho compañeros quedamos reducidos á 25 los prisioneros de San Felipe, pero de todos modos aún era este un número exorbitante para las dos habitaciones que teníamos destinadas. Así lo comprendió el Capitán Geary, ferviente devoto de la higiene, y aquella misma tarde dispuso nos trasladásemos á una gran nave cuadrilátera edificada en el jardín, destinada á dormitorio de tropa y á la sazón ocupada por los artilleros americanos que constituían la guarnición de S.Felipe pero que como no eran más que unos sesenta y tantos en total , no ocupaban ni con mucho todo el dormitorio quedando espacio más que suficiente para nosotros. Y en efecto, enseguida cargamos con todo el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;barangay&lt;/span&gt; trasladándonos al sitio indicado donde siquiera teníamos aire que respirar y hasta espacio para pasear aunque perdimos en cambio la vista del puerto, la calle, etc. No puedo dejar de anotar aquí que aquella noche fué la primera que descansé tranquilamente desde que entré en el dichoso Fuerte, gracias á la bondad de uno de los capellanes libertados que me regaló al marcharse un mosquitero con el cual me quité de encima desde entonces la horrible lucha que á bofetón y manotada limpia venía sosteniendo todas las noches con los Sres. mosquitos de Cavite, que creo son los mosquitos más tenaces, hambrientos y picoteros de todo el orbe: insurrectos al fín; aquella noche hasta me fué grato oirlos zumbar desde dentro de mí trinchera de tela.&lt;br /&gt;Sin novedad pasaron los días 23 y 24 de Julio salvo la profunda variación que en nuestra nueva vida determinó el aumento de personas en la república. A medida que transcurría el tiempo é iba conociendo á los recien llegados me convencía de que aquella vida en común y tan íntima no podía resultar buena y que muchos disgustos habían de presentarse en lo sucesivo. En efecto, la diversidad de caracteres que no se prestaba á la consideración mutua, la falta de prudencia en las conversaciones, en las discusiones y en el respeto debido á los demás, la poca edad de algunos de ellos que les hacía cometer tonterias y abusos de todo género sin darse cuenta de la situación, el egoismo y amor propio en otros; en fín, aquello era un infierno en el que muy pronto habían de estallar no uno sino una serie de conflictos. Había ya discusiones hasta por los asistentes pues habiendo ordenado el Cap. Geary que sólo tuviéramos seis para todos, cada cual quería que uno de los seis fuese el suyo y como era esto imposible allí era de ver la de insultos y controversias que se armaba, de las cuales salían&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 83 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;escandalizados hasta los mismos americanos. Yo me convencí, aparte del deseo vivísimo de hallarme en libertad no fué más pequeño el que se apoderó de mí para salir cuanto antes de aquella reunión de locos de la que nada más que disgustos podían resultar; el tiempo hizo buenas mis presunciones pues después de mí salida de Cavite me enteré de que habían llegado á abofetearse dos de los que al parecer eran más respetables cuyos nombres no es del caso citar.&lt;br /&gt;También conocí en estos dias al médico militar provisional Sr. Biader que estaba prisionero de los insurrectos en Cavite, juntamente con su Sra. y con su hija, y vivían en una casa particular del pueblo gozando de cierta libertad pues podía salir, entrar é ir donde le diese gana, y con tal motivo vino á visitarnos al Fuerte. Era un catalán muy simpático: su Sra. tuvo la bondad de hacernos á Horcada y á mí dos brazales de la Cruz Roja.&lt;br /&gt;Mucha fué la influencia también que la venida de los nuevos compañeros tuvo sobre el tan discutido asunto de nuestras Marianas. Enseguida se proporcionaron mis compañeros un ejemplar del Código militar que los otros tenían por casualidad, y estudiando el caso con detenimiento encontraron, según decían, algunas circunstancias que modificaban grandemente las ideas antiguas de pesimismo y temor que tanto les había mortificado. El Gobernador mismo llegó á tranquilizarse y á desechar en absoluto las ideas de la fuga, por cierto que tuve que llamarle al órden pues me dijo que le preocupaba ahora el paso que había dado de hablar al Capitán Phelps y pedir protección al Almirante, porque todavía no había tenido contestación de éste y podía venir de un momento á otro concediéndosela para embarcar para Hong Kong, pero como ya no quería marcharse había pensado decir, para evitar el compromiso, que el no había querido decir tanto y que yo había interpretado mal sus deseos...... ¡ Cara........... coles !, no porque yo crea hablar correctísimo inglés, sino por la estúpida manera de disculparse que intentaba hacer aquel hombre, fuí y lo puse como ropa de pascua; ¡ es decir, que no tenía otra excusa sino la de ponerme á mí en ridículo !, ¿ que le habían de hacer porque dijera solamente que había mudado de modo de pensar y ya no quería marcharse ?, ¿ tenía más que decir la verdad, ó sea, que estaba equivocado en la apreciación de la pena que le sería impuesta y por lo tanto no era cosa de recurrir á la deserción en que pensó ?....., por supuesto, tan loco estaba ya este Sr. que había que tomar las cosas á risa, como lo hice después de mí primera indignación, y luego llegué á decirle con gran risa y chacota de todos que á tal punto me había ofendido con su insensata y falsa disculpa que había de decir al Almirante Dewey lo obligase&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 84 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;á embarcar y lo mandase á las Quimbambas, y ¡ casi se lo creía !.&lt;br /&gt;El día 25 de Julio volvió á presentarse en el Fuerte de San Felipe el Secretario del Almirante Dewey, el cual nos dió en nombre de éste la buena nueva de que Horcada y yo estábamos en libertad. ¡ Gracias á Dios !. Nos dijo que esperasemos á que viniera á Cavite alguna lancha neutral de los cónsules extranjeros en la cual podíamos ir á Manila. Excuso decir la alegria que tuvimos así como los múltiples plácemes que recibimos de los compañeros; yo empecé á recibir una multitud de encargos de los de Marianas, relativos unos á sus asuntos particulares y otros á dicha grave cuestión de la rendición de Guajam, para que les enterase después de el aspecto que la misma ofrecería en Manila tanto particular como oficialmente.&lt;br /&gt;Transcurrió el resto del día y lo mismo todo el siguiente sin novedad creciendo en nosotros los médicos la impaciencia, por la salida, y el 27 por la mañana llegó á San Felipe el Cónsul belga pero el Cap.Geary no nos dejó marchar con este Sr., porque según decía, no había recibido órden escrita del Almirante para permitirnos la salida, ¡ era muy rigorista aquel tio bruto !.&lt;br /&gt;Aquella mañana la pasamos de conversación con el citado Cónsul que nos dió algunas noticias de Manila; decía que se aseguraba como cosa cierta los comienzos de las negociaciones de paz entre los Gobiernos de Washington y Madrid, pero que esto no sería obstáculo para que Manila fuese tomada ó rendida, pues teniendo los Estados Unidos como vencedores la sartén por el mango, como decirse suele, podían retrasar cuanto quisieran la suspensión de ostilidades hasta que la ciudad cayese en sus manos, lo cual tendría que suceder en breve espacio de tiempo, pues ya no había alimento más que para 15 ó 20 días en la población. Despidiose de nosotros aquel Sr. quedando en volver al siguiente día por nosotros recogiendo á su paso por la bahía á bordo del "Olympia" la órden para el Cap.Geary á fín de llevarnos á Manila.&lt;br /&gt;En efecto, llegó por fín el día 28 de Julio de cuya fecha siempre tendré grato recuerdo. A las once de la mañana llegaron el Secretario del Almirante y el Cónsul belga diciéndonos que nos preparásemos enseguida para partir; también vino con dichos Sres. nuestro amigo el P.Mac-Kinnon que se mostró muy contento de mí marcha y me preguntó si no tenía inconveniente en llevar una carta suya para el Arzobispo de Manila, y contestándole yo, tendría sumo gusto en complacerle, se fué á la habitación del Cap.Geary á fín de escribirla en tanto acabábamos nosotros de hacer los equipajes. Antes de marchar me acordé yo del anciano Comisario D.Paco G.Montero de quién dije al Cap.Geary me debía dejar lo llevase conmigo á Manila por enfermo, y aquel en un rasgo de aquellos que tenía, lo mismo para bién que para mal me lo concedió enseguida dando el consiguiente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 85 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;alegrón al pobre viejo que inmediatamente se arregló su equipaje y estuvo en disposición de marchar, firmando antes un documento al Cap.Geary en el que daba su palabra de honor de volver á San Felipe una vez que recobrase la salud. También conseguí del Capitán americano, que aquel día estuvo complaciente conmigo como nunca, llevarme al sargento E.Estepa, del Destacamento de Marianas que estaba bastante enfermo de disentería, para que ingresara en algún Hospital de Manila donde estaría mejor. Arregladas, en fín, nuestras maletas y recibida por mí una carta muy abultada y abierta que á última hora me entregó el P.Mac-Kinnon, nos despedimos de todos los compañeros y del Cap.Geary, saliendo de el Fuerte de San Felipe para los muelles de el Arsenal donde nos esperaba la lancha del Cónsul. Yo no pude menos de acordarme del día 21 de Junio comparándolo con el actual: ¡ &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;estaba en libertad después de 37&lt;/span&gt; &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;días de prisionero&lt;/span&gt; !.&lt;br /&gt;Embarcamos en la lancha de vapor de el Cónsul de Bélgica, viniendo con nosotros también el Secretario de el Almirante Dewey á quién debíamos dejar al paso en el "Olympia", el cual al poco rato de camino me preguntó si llevaba alguna carta ó papeles para Manila, pues me había visto la carta que me fué entregada por el P.Mac-Kinnon y que aún conservaba yo inadvertidamente en la mano. Se la mostré diciéndole de quién era y á quién iba dirigida y me indicó entonces la conveniencia de que se la entregara para que el Almirante la leyese; no tuve más remedio que dársela extrañándome tal exceso de vigilancia, y aún me extrañé más cuando llegados al costado de el "Olympia" y esperando nosotros en la lancha, subió el Secretario á bordo con la carta, volviendo á los pocos minutos asomándose á la escala y diciéndome que podíamos continuar el viaje pues el Almirante no podía permitir el curso de la epístola, la cual quedaba en su poder. Grande fué entonces mí curiosidad por saber que se decía en aquella carta y no menor mí contrariedad por si el incidente le había de proporcionar algun disgusto con sus Jefes al P.Mac-Kinnon. Desatracamos del costado del crucero y continuamos nuestro viaje pasando próximos á la popa del buque desde donde el Almirante Dewey, que estaba sentado leyendo, levantose y quitándose la gorra nos hizo un profundo saludo, al que contestamos en igual forma desde la lancha, añadiendo yo para mis adentros&lt;br /&gt;aquello de "Cambronne en Waterloo", ¡ no lo pude remediar !.&lt;br /&gt;A las dos de la tarde enfilaba la lancha la bocana del rio Pasig y ya desde este sitio pudimos observar el tétrico aspecto y lastimosas condiciones que ofrecía la ciudad de Manila. Lo primero que nos encontramos en la misma barra del rio fué una infinidad de grandes cascos ó lanchones destrozados y echados á pique unos encima de otros, enlazados y trabados intimamente por&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 86 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;gruesos cables y que oponían un serio obstáculo á la entrada del rio, no dejando más que un estrecho paso para botes ó lanchas pequeñas como aquella en que nosotros ibamos. Después de esto y siguiendo rio arriba, encontramos, una detrás de otra, multitud de goletas y otros barcos de vela de muy regular tonelaje echados así mismo á pique y que hacían dificilísima la navegación aún para las pequeñas embarcaciones que tenían que avanzar con grande precaución haciendo continuos rodeos, aproximándose ya á una orilla, ya á otra ya en fín por el centro de la corriente, á fín de evitar los escollos formados por aquellos restos de buques inutilizados á propósito para la defensa del rio. Por otra parte, no podían darse mayor tristeza y soledad de las que presentaban los muelles y embarcaderos, y el mismo rio también; precisamente antes eran aquellos unos de los más alegres sitios de Manila y el Pasig uno de los de más vida de la ciudad por el movimiento y animación grandísimo que le daban la entrada y salida incesantes de buques; aquel día no había en todo el rio más que el transporte "Cebú" y el vaporcillo "Mendez-Nuñez" con algunas pequeñas goletas fondeadas casi junto al puente de España, reinando un silencio sepulcral que llevaba al ánimo la idea de como estaría el resto de la población. Aquello, en fín, parecía un cementerio.&lt;br /&gt;Llegamos poco después á uno de los muelles donde desembarcamos despidiéndonos allí mismo de el Cónsul á quién reiteramos nuestros respetos y agradecimiento por su intervención en el asunto de nuestra libertad, marchando enseguida Horcada y yo á dejar nuestros equipajes á la próxima casa del Sr. Lafita, uno de los comerciantes prisioneros en San Felipe el que me creía á mí español &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;renegao&lt;/span&gt; en la casa de la calle de Novaliches y que era intimo amigo de Horcada. Allí fuimos recibidos por aquella familia con gran alegria felicitándonos é invitándonos á que fuésemos aquella noche á cenar con ellos; allí conocí también á una de las pobres Sras. que dieron á luz en la horrorosa marcha de San Fernando á Macabebe, en tanto que la hermana de esta Sra., esposa de Lafita, guiaba el coche dentro del cual ocurrió el lance.&lt;br /&gt;Desde allí tomamos un coche dirigiéndonos inmediatamente á Capitanía General. No pudimos ver entonces más que al Jefe de Estado Mayor General Fernandez-Tejeiro al que yo hice la reglamentaria presentación y un minucioso relato de lo ocurrido en Marianas que escuchó atentamente, rogándome volviese á hablar con el Capitán General aquella misma tarde á las cinco, hora en que estaría éste en su despacho. Fuimos enseguida á la Inspección de Sanidad Militar presentándonos á nuestro Jefe el Inspector Sr. Casas y Martí á quién yo no conocía; allí estaba también el Secretario, médico mayor Sr.Feito, mí antiguo amigo y compañero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 87 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;del Hospital de Manila, al que encontré bastante variado en carácter y engreido además, ¡ la privanza ! ........ Enteramos al Inspector de nuestras respectivas &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;odiseas &lt;/span&gt;en las que no puso gran atención pues el pobre Sr. estaba ya más para estar en su casa tranquilo que para ocuparse de jefaturas de ningún género. No fué, á la verdad, grata la primera impresión que me produjo mí Jefe pues enseguida pude observar en él la falta de iniciativa y energía tan necesarias para el puesto que ocupaba y de las que indudablemente se veía abandonado por su edad avanzada. Allí en la Inspección nos enteramos de el gran número de compañeros que teniendo sus destinos en la Isla de Luzon no se sabía nada de su paradero creyéndose estaban todos en poder de los insurrectos: eran 32 los médicos militares de distintas graduaciones que faltaban en aquella fecha. Después de decirnos que seríamos colocados en los destinos oportunos dentro de algunos días salimos de la Inspección é hicimos algunas visitas particulares, entre ellas yo cumplí la de mis amigos Luengo Hermanos, en donde me recibieron con la sorpresa y júbilo consiguientes, pues el día anterior habían sabido por vez primera lo de Marianas y mí estancia en Cavite como prisionero en el castillo de San Felipe, y hasta tenían proyectado haberme mandado algunas ropas y comestibles de su almacén dado que suponían estaría más necesitado; en casa de Luengo recogí cuatro cartas que allí tenía detenidas de España y me despedí para volver á hospedarme allí si acaso no encontraba sitio para hacerlo convenientemente.&lt;br /&gt;Volví otra vez á Capitanía General donde me recibió enseguida el General Augústin. Después de la presentación de ordenanza hice otra vez el extenso relato de la rendición de Marianas que escuchó sin interrumpirme y sin muestras de la menor sorpresa y sin preguntarme por ningún detalle de los que en mí concepto habrían de interesarle; luego me hizo sentar invitándome á fumar y haciéndome otras preguntas sobre la situación de Cavite de la que le hice una detallada descripción, así como de las fuerzas americanas allí residentes, de la escuadra, ideas que había en ésta sobre Manila, etc. Dos horas duró aquella conferencia y salí complacidísimo de la benévola y afable acogida del General Augústin, pero también me marché con dos no muy buenas impresiones. La primera era, que me pareció ver á aquel hombre agobiado y caído, no sé si porque sus condiciones de mando y su carácter no fuesen del todo idóneos para el caso, ó porque el estado actual de cosas en el Archipiélago y el delicado y gravísimo cargo que sobre él pesaba le tuvieran en aquel estado que á mí me parecía de&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 88 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;indiferencia y amilanamiento de todo punto perjudiciales á la situación. La segunda fué el convencimiento que tuve y la extrañeza que en mí produjo el hecho de que la Primera Autoridad del Archipiélago estuviese en aquel estado de ignorancia respecto á multitud de detalles de las fuerzas enemigas á que tendría que hacer frente, sus probables propósitos etc.,etc. , y no sólo esto sino el desconocimiento absoluto en que estaba de muchas otras noticias del curso de la guerra las cuales estábamos nosotros hartos de saber en Cavite mucho tiempo antes. Por lo que respecta al asunto de Marianas quedé también convencido del que el General Augústin no daba al hecho de la rendición la menor importancia, y la había considerado como la cosa más natural del mundo. ¡ Bastante tenía con lo que había á su alrededor !.&lt;br /&gt;En cambio fuí mejor impresionado de la presentación al General Jaúdenes, Gobernador militar de la Plaza á quién visitamos Horcada y yo, después que al Gral. Augústin, y que con la mayor franqueza, luego de oir nuestras ya repetidísimas relaciones de Marianas y columna Monet, no tuvo reparo en manifestarnos lo negro de el horizonte de Manila y la proximidad de un desastre poco más ó menos igual á los que nosotros le referíamos.&lt;br /&gt;Aquella noche, no pudiendo desechar la invitación de casa de Lafita cenamos con estos Sres. y nos vimos obligados también á aceptar una habitación en la que dormimos en tanto buscábamos al día siguiente hospedaje definitivo. A pesar del trabajo y cansancio del día yo no pude conciliar el sueño hasta muy avanzada la hora, dando vueltas á la imaginación sobre las impresiones recibidas á mí llegada en Manila. Desde luego consideré la situación de ésta más grave aún de lo que anteriormente me había figurado, contribuyendo no poco á esta presunción lo que había visto y oido en aquel día tanto á nuestras primeras autoridades como á la gente en general; todo el mundo parecía estar en el limbo, nadie pensaba con lógica, nada se decía en Manila que fuese verdad y en cambio corrían de boca en boca noticias estupendas antiquisímas algunas y dadas al público como de reciente fecha; todavía se tenía por seguro la venida de la escuadra de Cámara que estaba ya cansada de haber regresado á España, y hasta había ilusos que veían el humo de los barcos españoles entrando en la bahía de Manila, en cambio se ponía en duda el, por desgracia, ciertísimo desastre de la escuadra Cervera, en fín , aquello era un lio tan grande como el de Filipinas en general del que yo no sacaba más conclusión que esta: si la paz no se firmaba pronto la ciudad estaba perfectamente perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 89 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente y después de desayunar en casa de aquellos amables Sres. de Lafita, salimos Horcada y yo, dedicándonos, en primer término, á comprarnos ropas, uniforme, armas, etc., pues había que tirar todo lo que traíamos del cautiverio de San Felipe. Después nos separamos á fín de cumplir cada uno la infinidad de encargos de nuestros compañeros de Cavite.&lt;br /&gt;Uno de los más importantes que yo traía era la visita de el Almirante Montojo por encargo especialísimo de Garcia Gutierrez, y en efecto, aquella misma mañana me presenté á dicho Sr. , obteniendo de él un afabilísimo recibimiento . Enseguida que me dí á conocer hizo llamar á su Sra. que era de la familia de la de Garcia Gutierrez y con gran interés me hicieron relatar los ya cansadísimos sucesos de Marianas, después de cuyo relato yo expuse al Gral. todos los pensamientos y temores que abrigaban mis compañeros por la responsabilidad que les esperaba, á lo cual me contestó desechando en absoluto aquel pesimismo y no viendo en la rendición de Guajam nada que pudiese tener asustados de aquel modo á los autores de la misma; me preguntaron luego sobre las condiciones en que habían quedado nuestras familias en Agaña principalmente en la cuestión de dinero, manifestándole yo lo que sabía de cada uno de los interesados, sobre todo de su pariente Sr.Garcia Gutierrez, el cual no había podido dejar ni una peseta á su familia, según él mismo había dicho en Cavite, lo cual les produjo á los Sres. de Montojo una dolorosa impresión, censurando en mí presencia durisimamente á Garcia Gutierrez por su manera de ser y su modo de vivir gastando lo que no podía, puesto que á pesar de su muy decente sueldo, en un punto como Agaña se veía en aquel terrible lance de dejar á su familia sin un cuarto y sin recursos de ningún género; otras muchas fueron las críticas principalmente en este sentido para Garcia Gutierrez y familia , á las que como es natural yo no contestaba una palabra, y poco después hechos los cumplidos de ordenanza despedime de aquellos Sres. quedando complacidísimo de la visita.&lt;br /&gt;Algunas otras hice aquel mismo día, tales fueron la del Ingeniero Jefe de Montes D.Ramón Diaz Blanco, pariente también de la Sra. de Garcia Gutierrez; la de mí compañero Garcia Mercet, Habilitado del Cuerpo de Sanidad y depositario de una respetable cantidad de dinero mio, el cual me apresuré á cobrar; dicho Sr.Garcia Mercet era también el Director de "La Oceanía Española" cuyo periódico puso incondicionalmente á mí disposición para todo lo que se me ofreciera en los asuntos de Marianas. Visité también á la familia de mí compañero el Sr.Valderrama, antiguos conocidos nuestros que estaban disgustadísimos por el abandono&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 90 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en que habían quedado nuestras familias en Marianas. Y en fín, arreglé definitivamente mí modo de vivir desde este día aceptando una hermosa habitación para dormir que me cedieron en casa de Luengo y comiendo con otros compañeros en el "Restaurant de París" . En este último punto me reuní á otros médicos militares muchos de los cuales no conocía, pues pocos eran los que quedaban en Filipinas de los que había cuando yo salí de Manila para Marianas en el año 95, pero principlamente hice amistad intima con tres de ellos, el médico mayor Sr.Blanco, el 1º Sr. Salazar y el 2º Garcia Barsala, los cuales son muy buenos amigos y no menos excelentes compañeros que nunca olvidaré. Particularmente tuve gran satisfacción en conocer á Salazar, pues daba la casualidad de que este Sr. era el que estaba nombrado para relevarme en Marianas y que no estando en Manila el día 14 de Abril último no pudo embarcar en el correo "Saturnus" é incorporarse á la Enfermería de Agaña.&lt;br /&gt;Todo el día siguiente, 30 de Julio, lo pasé ocupado de enterarme de todo cuanto á las defensas y organización militar de Manila se refería, así como también de todo lo concerniente al Servicio de Sanidad que por razón de mí cargo me interesaba, y por último de frecuentar algunos centros de reunión á fín de oir y apreciar lo que se decía y había dicho de la rendición de Marianas, pues era éste otro de los especiales encargos de los compañeros de Cavite al objeto de desmentir algún concepto falso y formar atmósfera en favor de ellos que tenían como ya he dicho la chismografía y censuras de los desocupados del Casino y Cervecerías de la Escolta.&lt;br /&gt;En efecto, el sitio que sostenía la población estaba defendido por una extensa línea de trincheras cuya longitud total podía apreciarse en 15 kilómetros: partiendo desde el final del caserio de Malate en el sitio donde se asentaba el pequeño fuerte de San Antonio Abad, el cual encabezaba la trinchera por este lado (Vease la página 38 y el plano de Manila), seguía aquella hacia los poblados de Paco y Santa Ana, que quedaban fuera de la línea, hasta llegar á la orilla izquierda del rio; empezaba otra vez en la orilla derecha por la parte de Sampaloc rodeando aquella parte para pasar por detrás de Dalumbayan, Trezo, Binondo y Tondo, terminando en fín, en la playa al otro lado de la ciudad. Esta extensa línea estaba constituida por una trinchera de tierra, provisional, y defendida por toda la guarnición disponible de la ciudad que no pasaría de 7000 hombres, estando reservado el servicio interior de aquella al Cuerpo de Voluntarios formado por todos los individuos útiles del órden civil. La línea de la trinchera estaba dividida en tres sectores, llamados de la Derecha, del Centro y de la Izquierda: el primero extendido desde San Antonio Abad á la orilla izquierda del Pasig, lo mandaba el General de Brigada Arizmendi, el 2º , desde la orilla derecha del rio hasta Trezo al mando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 91 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;del General Rizzo á quién sustituyó luego el General Monet, y el 3º desde Trezo hasta las playas de Tondo estaba á cargo del General Palacios. Todo cuanto se diga es poco para describir el penosísimo servicio que muchas tropas venían prestando en aquella larguísima trinchera: allí no podía haber relevos ni descansos, todas las fuerzas destinadas en cada sector manteniánse en servicio permanente porque casi no eran suficientes para cubrir la línea y no había otras que las sustituyeran, allí había que sufrir todas las inclemencias del sol, del suelo y de la lluvia arrimados al mismo parapeto el cual lo mismo servía para sitio donde comer que de lecho para dormir, todo lo cual se hacía recostado y en pié sobre la misma pared interior de la trinchera, con el fusil al brazo y mirando siempre á la línea enemiga que no distaba más de 400 metros de la nuestra.&lt;br /&gt;Las defensas interiores ó de segunda línea de Manila quedaban reducidas en el caso de ser forzada la primera casi exclusivamente á la ciudad murada, pero quedando la mayor parte de la población y todos sus arrabales entre esta y la primera, una vez sola esta última podía considerarse perdida la ciudad puesto que dentro de murallas no hay más que los antiguos conventos y algunos Centros oficiales, estando lo principal del comercio y riqueza de la población fuera de Intramuros. Las defensas de la ciudad murada estaban casi todas emplazadas para resistir el ataque por el mar; la parte que daba á la gran Calzada de las Aguadas y que rodeaba casi por completo á la muralla estaba desprovista de artillería y en el caso de ataque por este sítio la defensa hubiera quedado reducida al fuego de fusileria desde la muralla. Por la parte de la Playa los principales puntos ofensivos eran: la Bateria de la Luneta con dos cañones de á 24 c. , la llamada del "Pastel" con cuatro piezas grandes también, la Bateria de S. Diego y la del "Plano" con obuses de á 24 , más algunas más de órden secundario; dicho sea de paso, de todas estas piezas sólo podían considerarse como regulares seis ú ocho en total, - siempre de mucho menor alcance y poder que la artillería de la escuadra norteamericana -, pero aún todavía hay que hacer notar que la mayor parte de aquellas piezas, que esto como regulares, tenían cureñas y accesorios que no eran las suyas, á parte de otros defectos no menos graves, dígalo si no el hecho de que uno de los obuses de á 24 de la Bateria del Plano que fué cargado el día 1º de Mayo y que no llegó á dispararse aquel día, no pudo luego ser extraido su proyectil y en tal situación estaba á esta fecha temiéndose fundadamente una desgracia el día en que se disparara, pues no había otro medio de descargarlo, siendo mas que probable que volase con él media bateria.&lt;br /&gt;Como se vé todo era exactamente lo contrario de lo que el General Primo de Rivera decía en el Senado ponderando la artillería de las murallas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 92 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de Manila, cuyo número de piezas sólo hacía ascender á una cifra asombrosa, ¡ parece mentira que así se engañe y extravíe á la opinión !.&lt;br /&gt;No dejaré de citar el destrozo que para mejor defensa de la ciudad murada, se había llevado á cabo en toda la parte que ye he citado de la Calzada de las Aguadas. Era esta una hermosísima avenida extendida desde el Puente de España al Paseo de la Luneta (ver el plano), siguiendo el circuito de la muralla, y provista á uno y otro lado de gigantescos y frondosísimos árboles seculares que con su ramaje formaban ancha bóbeda que daba sombra y frescura á la Calzada aún en medio de las más calurosas horas del día, haciendo de ella una de las más hermosas y cómodas avenidas de Manila; pues bién, todos estos árboles habían sido talados á raiz del suelo ofreciendo la perspectiva más lastimosa y la más penosa impresión que dar se puede. No menor lástima daba la tala hecha de todo el Jardín Botánico del cual no quedaba ya más que los restos de la hermosa verja de hierro que lo circundaba y que así mismo había sido derribada. Las pérdidas que todo aquello representaba ascendía á muchos miles de pesos y ¡ sabe Dios cuando podrá restaurarse lo que allí se ha echado por tierra !.&lt;br /&gt;Respecto á la cuestión de el servicio sanitario había establecido en Manila dos hospitales militares: el Hospital Militar Central, del cual dependían los establecidos en el Civil de San Juan de Dios, en el Colegio de San Juan de Letrán, en la Escuela Municipal, en el Seminario nuevo y en la Universidad de Santo Tomás, y dirigido por mí querido Jefe y amigo D. Gonzalo Armendariz; el otro era el Hospital militar de Malate, que sólo tenía como dependencia una gran sala establecida en el piso bajo del Convento de Jesuitas, y que dirigía mí viejo amigo el Subinspector de 2º D. Zacarias Fuertes. Había, en fín, establecidos diversos puestos de socorro repartidos en los sitios más convenientes de la población.&lt;br /&gt;La situación de Manila en lo referente á la alimentación era en verdad lamentable; la carne escaseaba á tal punto que para una población de muchos miles de habitantes sólo se mataban al día limitado y escaso número de reses vacunas que á penas daban para el suministro de los enfermos y heridos, y algun afortunado que podía recibir una corta cantidad de carne de vaca tenía que pagar dos duros y medio ó tres por una libra. Se mataban cárabos y caballos que también alcanzaban precios exorbitantes, las escasas gallinas que se encontraban valían á 5 y 7 duros, un huevo 2 pesetas, un panecito del tamaño de una caja de fosforos 1 peseta, y así lo demás. La alimentación de la tropa, excuso decir que era malísima y deficiente; faltaba ya la harina y la carne y todo era hacer economías y alargar cada vez más las raciones, pero ya se veía cerca el fín que tendría en breve plazo aquella situación, siendo inútil dentro de poco el querer prolongar más aquel estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 93 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por lo demás, justo es decir, que el espíritu público no estaba ni con mucho decaido. Sin llegar á un grado exagerado de entusiasmo, todo el mundo llevaba con paciencia y ánimo las vicisitudes y molestias del sítio, cumpliendo como buenos en el servicio; hasta en las mujeres se veía una especie de valentía ó falta de temor á las contingencias futuras y eran las primeras en acudir al paseo y sitios públicos como si nada ocurriera en la población; era aquello una especie de hábito ó costumbre adquirida ya en los dos meses y medio de diaria y constante lucha que había embotado toda clase de sentimientos, afecciones y temores incluso el de la muerte, estado tanto más digno de tenerse en cuenta cuanto que la esperanza de socorro de España , ni próximo ni lejano, estaba perdida y nos hallábamos entregados á nuestras propias y exclusivas fuerzas.&lt;br /&gt;En lo referente á Marianas también he de convencerme que por parte del público nada de particular se había notado en la rendición. Se supo ésta en Manila por una relación que hacían los periódicos de Hong-Kong algo diferente de la verdad, pero que más bién había causado hilaridad por aquellos cómicos detalles de la ignorancia de la existencia de la guerra á los dos meses de empezada, la ida á bordo del "Charleston" etc. Por lo demás yo empecé desde mí llegada á Manila á ser el objeto curioso, por decirlo así, de todo el mundo; no se el número de veces que me hicieron referir el dichoso viaje del "Sidney" y nuestra estancia en Cavite: todas las noches me eran presentadas nuevas personas en el Casino y todas las noches nuevos y nuevos relatos de el suceso; ya hasta oía decir por la calle cuando yo pasaba: "ese es el médico de Marianas". Por otra parte Garcia Mercet me pidió algunas notas sobre el asunto que fueron publicadas en la "Oceanía Española" , restableciéndose así la verdad de todo lo ocurrido en la Isla de Guajam y quedando salvada aquella atmósfera de efervescencia en contra que tanto temían Duarte y sus compañeros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el día 31 de Julio supe ya la órden por la que se me destinába á prestar mis servicios al Hospital militar de Malate y precisamente también en este día, fué el primero en que tuve ocasión de apreciar de cerca uno de aquellos furiosos ataques de los insurrectos destinádos á forzar la línea. No cesaba el fuego de fusilería en todo el día ni en toda la noche pero casi todos había un ataque general en que tomaba parte toda aquella inmensa avalancha de salvajes que nos rodeaba, no habiendo hora fija para el avance: unos días al anochecer, otros á media noche, otros por la madrugada y aunque nunca consiguieron adelantar un paso conseguían sí, el no permitir un sólo segundo de descanso á nuestras escasas y cansadísimas fuerzas. Aquella noche fué á las 10 cuando empezó el ataque, haciéndose tan terrible al cuarto de hora que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 94 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;todos temimos fuese rota la línea; no ocurrió por fortuna, siendo rechazados como siempre con grandes pérdidas pero indudablemente fué el día de más rigor en el ataque y en la defensa, llegando el fuego de las descargas y de cañón tan vivísimo y continuado que no nos entendíamos al hablar unos junto á otros. Por desgracia, aquella noche se conoce que uno de los cañones enemigos estaba apuntado en tal dirección que pasando sus proyectiles por encima de la trinchera iban á parar á Manila: ocho fueron las granadas que en muy poco tiempo cayeron aquella noche en el recinto del Hospital militar explotando una de ellas en mí antigua sala 4ª, ocasionando algunas bajas los cascos de la bomba, uno de los cuales, que quedó incrustado en la pared, conservo como recuerdo de aquella horrible noche para mí imposible de olvidar.&lt;br /&gt;El día 1º de Agosto me presenté á mí nuevo destino en el Hospital militar de Malate instalado en el antiquísimo y ruinoso edificio llamado "Beaterio de la Compañía de Jesús" , y ¡ qué edificio ! : aquello era como decía el médico mayor Sr. Blanco, una verdadera &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;leonera&lt;/span&gt;. Yo no sé quién se había permitido aceptar dicha zahurda como albergue de enfermos y heridos, pues la verdad el entrar sólo en aquel horrible caserón bastaba para adquirir grave afección y morir como arpa vieja, en vez de recuperar la salud, á cuyo objeto se le destinara. Respirábase ya al entrar una atmósfera casi &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;sólida&lt;/span&gt;, que tiraba de espaldas, y el infeliz que por necesidad tenía que internarse en aquel laberinto de porquería y antro de muerte merecía sólo por este hecho no una sino un montón de cruces de Beneficencia. No había allí salas propiamente dichas, eran pasillos y claustros súcios y medio derruidos, habitaciones angostas, oscuras y hediondas donde se hacinaban los enfermos , pudiendo asegurar el que allí entraba y salía curado que podía ponerse á prueba de infecciones y epidemias. Sí por una aberración de la imaginación se hubiese querido construir un Hospital de condiciones precisamente opuestas á las prescritas por las más elementales reglas de higiene, el Hospital de el tal Beaterio hubiera llevado diploma de honor como tipo de una tal construcción. Pero por si las condiciones apuntadas no eran bastantes para hacer de este Hospital un centro de infección y muerte, estaba situado, además, en tal sítio que precisamente á ocho pasos de sus paredes traseras se emplazaba uno de los cañones de á 24 de la bateria de Carlos 4º, y no ya por los cañones enemigos cuyos proyectiles tocarían indudablemente al Hospital al intentar apagar los fuegos de la citada bateria, sino por la trepidación de los mismos cañones de ésta era más que probable que el Beaterio de la Compañía, dejase de ser Beaterio y Hospital á la primera de cambio viniéndose al suelo su espantosa ruina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 95 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡ Era en fín, una &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;delicia &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;/span&gt;la previsión en la dirección de los servicios sanitarios !.&lt;br /&gt;Con motivo de la enfermedad de el Director en propiedad D. Zacarias Fuertes, dirigía entonces el Hospital del Beaterio el Jefe de Servicios médico mayor D. Manuel Rabadán Arjona, ordenancista de primera, exigente en el servicio sin discusiones ni reparos, cumplidor de su deber como el primero y hombre de pocas simpatías precisamente entre los maulas y remolones; yo de mí sé decir que me agradaron muchisimo estas condiciones del Sr.Rabadán y le conceptúo como uno de los mejores Jefes que el Cuerpo de Sanidad tendrá en lo futuro, si se quiere que este sea lo que debe ser y esté representado por hombres de cáracter y energía y no por débiles entidades como, por desgracia, es lo general.&lt;br /&gt;A dicho Sr. me presenté como Director interino que era, y desde luego me dió la jefatura de la Clínica 2ª de Cirugía que el mismo visitaba anteriormente, de la cual me hizo la entrega en aquel mismo día. Y había que ver la Clínica: allí no había enfermos ni heridos aquello era una reunión de semidifuntos, esqueletos vivientes de los que no había que esperar curación alguna y para que el pronóstico fuese aún más terrible, los Jefes de Clínica no podíamos prescribir ni aún lo más indispensable:no había gallinas, no había leche la carne, de caballo y malísima y hasta en la Botica había limitación para las prescripciones por haberse terminado la la existencia de gran número de sustancias en Manila, el alcohol entre las más importantes.&lt;br /&gt;En este Hospital, como digo, empecé á prestar servicio haciendo mis visitas reglamentarias y dedicando el resto del tiempo á últimar algunos de los asuntos particulares de mis amigos y los mios propios, teniendo por cierto el disgusto de saber que los alféreces Berruezo y Ramos habían perdido sus pequeños ahorros que tenían depositados en las cajas del Regimiento á que pertenecían las cuales se decian extraviadas al evacuarse Cavite después del combate del 1º de Mayo. Yo también encontré tenía extraviados 450 duros que me adeudaba el Regimiento nº 74 y que consideré perdidos pues ¡ sabe Dios donde andaría el citado Regimiento !. - Por fortuna cobré luego dicha cantidad en la Administración de Hda. Pca. de Marianas. - También recuerdo que en estos días recibí con la sorpresa y alegría consiguientes una carta de mí familia de Marianas enviada por Yokohama y Hong - Kong en la que ví el cariñosísimo comportamiento que todo el pueblo de Agaña en general tenía para mí esposa é hija desde el mismo momento en que yo fuí hecho prisionero.&lt;br /&gt;En estas condiciones llegó el 5 de Agosto y con él la sorpresa de la Orden de la Plaza, la cual trascribía un telegrama del Gobierno de Madrid según el cual quedaba relevado del cargo de Gobernador y Capitán General de Filipinas el Teniente General D. Basilio Augústin ordenando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 96 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;á éste entregase inmediatamente el mando al Segundo Cabo General de División D. Fermín Jaúdenes y Alvarez..... Creo no haya habido nunca en los anales de el Ejército una destitución de mando hecha de modo tan seco, lacónico y en condiciones tan críticas como estas en que se hallaba Filipinas. Si bién sorprendió la determinación del Gobierno, como era natural, á todo el mundo, fué acogida con respeto y casi sin comentarios: por una parte el Gral. Augústin no había dado prueba alguna de energía y de condiciones de mando, tal vez porque, en verdad, la situación de Manila era de los problemas más serios que á una Autoridad puede presentarse; por otra parte, el estado de los ánimos en general era, como he dicho antes, el de una especie de pasividad é indiferencia que yo creo que á nadie le importaba ya lo que pasara; nadie se acordaba ya de España ni de sus imbéciles gobernantes que á tal abandono habían condenado el Archipiélago y lo mismo nos daba que mandase Juan que Pedro ó Roque; se defendía la ciudad maquinalmente y más bién se peleaba por la conservación de la vida propia que por aquello de la idea de la patria, la integridad del territorio y el honor de la bandera todo lo cual, dicho sea sin exageración, había pasado ya á ser en Manila verdadera antigualla y rancios pensamientos. ¿ Cómo si nó el hecho de la destitución del General Augústin ó mejor dicho, las condiciones en que se hacía hubieran dejado de ser acaloradamente comentadas y discutidas por las de ordinario exaltadas imaginaciones de los desocupados de la Escolta ?. Pero nó, el hecho pasó como digo sin comentarios y recibido con frialdad y el General Jaúdenes tomó el mando del Archipiélago en este mismo día sin el aplauso ni la censura de nadie. La destitución fué motivada por un cablegrama que le General Augústin dirigiera al Gobierno en días anteriores en el cual en vista de la crítica situación de la Plaza y la falta absoluta de socorros por parte de España, declinaba la responsabilidad que pudiera ocurrir , á lo que el Gobierno contestó ordenándole entregase inmediatamente el mando.&lt;br /&gt;Sin otra novedad pasaron los días 5 y 6 de Agosto y el 7 por la mañana recibió el nuevo Capitán General Jaúdenes una comunicación firmada por los Jefes norteamericanos General Merrit y Almirante Dewey en la que estos le anunciaban que "al cumplirse el plazo de 48 horas de recibida aquella notificación comenzarían las operaciones de las fuerzas americanas por mar y tierra contra la Plaza, lo cual comunicaban á fín de que fuesen retirados de la ciudad á sitio conveniente los enfermos, heridos, mujeres, niños y demás personas no combatientes"..... Ah ¡ miserables ! ya estaba la fruta en sazón y madurada por los insurrectos, ya habían llegado todas cuantas fuerzas habían querido traer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 97 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y que perfectamente descansadas en Cavite sin haber entrado en fuego una sola vez iban á atacar una población defendida por un puñado de hombres enfermos, abatidos, muertos de hambre y cansancio por tres meses de constante esfuerzo, intimidaban á una población que harto hacía con defenderse de la chusma tagala y no para oponerse ni batir la inmensamente superior artillería de la escuadra, reforzada ya por el maldito "Charleston" y los dos acorazados defensa-costas "Monterrey" y "Monadnock" uno sólo de los cuales era más que suficiente para reducir á polvo la ciudad en menos de media hora, y sobre todo ¿ no era un sarcasmo el rasgo humanitario de la estúpida comunicación diciendo se retiraran los hospitales, mujeres, ancianos y niños cuando ellos mismos habían hecho imposible de antemano tal medida por el cerco de los insurrectos ?.&lt;br /&gt;Contestó el General Jaúdenes á dicha comunicación diciendo á los Jefes firmantes que "enterado de ello, podían hacer desde luego lo que quisieran, pero que respecto á poner en salvo los centros y personas no combatientes era imposible por razón de que estando la población sitiada por los rebeldes no había sítio oportuno para el objeto". Como es de suponer, grande fué la impresión recibida en Manila con el anuncio del próximo ataque sobre la ciudad, noticia que circuló con la rapidez del rayo, y las opiniones entonces se dividieron aceptando unos como buena la digan contestación del General Jaúdenes, considerándola otros como inútil y contraproducente por el sin número de desgracias que habría que añadir á las ya ocurridas en los tres meses de sítio, para que en último término la ciudad fuese rendida ó tomada, cosa inevitable y obligada por la inmensa superioridad del enemigo: otros, en fín, no opinaban ni en favor ni en contra de la defensa y sólo deseaban que de un modo ó de otro terminara como quiera que fuese aquella prolongada y angustiosa situación.&lt;br /&gt;Gravísima era también la que se le ofrecía también al nuevo Capitán General á los dos días de hacerse cargo del mando; sin embargo después de contestar en la forma indicada á la semi-intimidación americana dispuso lo conveniente en relación con los elementos que se tenían para resistir el ataque: la ciudad murada y dividida en cuatro distritos para el mejor servicio de incendios y el socorro de heridos, quedó prohibida en absoluto la circulación de toda clase de vehículos, las iglesias y conventos se ordenó permanecieran constantemente abiertas para el asilo de todo el mundo, las bóvedas de la muralla fueron habilitadas á tal objeto, y en fín todos los servicios militares, propiamente dichos quedaron ordenados permanentes en todos los Centros y Dependencias de la Plaza. En cuanto al público en general fueron muchas familias que no encontrando otro sítio de refugio se embarcaron en algunos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 98 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de los buques mercantes anclados en bahía con bandera extranjera, ocurriendo allí escenas lastimosas por la excesiva aglomeración y hasta desgracias, ahogándose dos señoras y dos niños al zozobrar una lancha que atracaba á uno de los vapores.&lt;br /&gt;Por lo que se refiere al Hospital de Malate se tomaron también algunas precauciones: el Sr.Rabadán dispuso la traslación de los 400 y tantos enfermos y heridos que allí se albergaban, al piso bajo del edificio, á fín de salvar en lo posible, de el blanco de los pisos superiores al fuego enemigo, á aquellos infelices moribundos, y allí era de ver el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;almacén &lt;/span&gt;de hombres acumulados como géneros de tienda, que no otra cosa fué la instalación de los enfermos en las galerias bajas del Beaterio. Todo el personal del Hospital estaba en sus puestos y nosotros, los Jefes de Clínicas establecimos nuestro punto de reunión en el único sitio desocupado, el zaguán del edificio donde sentados en sendos taburetes y bancos de piedra pasamos todo el día 8 y el 9 esperando.................. ¡ á que una granada tirase el edificio !.&lt;br /&gt;En esta disposición llegó el día 9 de Agosto y las 12 del día, hora en que expiraba el plazo fijado en la comunicación de los Jefes americanos, pero nada ocurrió con gran sorpresa de todo el mundo, pudiendo verse desde las murallas que la escuadra americana no se había movido de las aguas de Cavite. La noche del 9 la pasé yo en el piso bajo de el Convento de Jesuitas, próximo al Beaterio, donde descansamos un rato el médico Blanco y yo y en la madrugada del 10 ya estábamos otra vez en la bateria detrás de nuestro Hospital esperando al clarear del día el comienzo de el bombardeo. Me notaba yo al pasarme la mano por la cara cierta cosa extraña que me pareció como algo que se me hubiese adherido á la piel, al propio tiempo que una sensación de malestar general que yo atribuia al cansancio natural de los trabajos é impresiones del día, pero el médico Blanco y Valderrama que estaban conmigo en la bateria, al ser de día se fijaron en mí y me hicieron notar que tenía una grande erupción generalizada á toda la piel; entré en el convento donde me proporcioné un espejo y pude ver que tenía nada menos que un ataque de sarampión, ¡ era lo que me faltaba !. Pero en fín, como quiera que no sentía grandes molestias en mí estado general, no puse gran cuidado en ello y permanecí en la muralla hasta ver que, al parecer, los americanos tampoco atacaban aquel día, puesto que sus barcos seguían en Cavite. Nos fuimos luego á descansar al Hospital de San Juan de Dios donde yo permanecí hasta el día siguiente, pues no ocurriendo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 99 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nada de particular en todo el día no tuve necesidad de moverme para acudir á mí puesto.&lt;br /&gt;Así pasamos todos hasta el día 13, comiendo tarde ó nunca y durmiendo donde nos cogía, pues yo hasta me había quedado sin casa, toda vez que la familia Luengo había abandonado la suya, huyendo de Intramuros é instalándose en el Hotel Oriente al otro lado del rio, fuera de la ciudad murada. El día 13 al amanecer ya pudimos ver á la escuadra norteamericana abandonar las aguas de Cavite y moverse hacia Manila. Los barcos de guerra y mercantes extranjeros que estaban fondeados en la bahía frente á la población habían abandonado sus puestos desde el día 9 para dejar libre la acción de los americanos, siendo de notar el movimiento de los barcos ingleses y los japoneses que se marcharon hacia la parte de Cavite colocándose detrás de los americanos, en tanto que los buques alemanes y franceses se pusieron hacia la derecha de la bahía por la parte de Tondo. Poco después la escuadra norteamericana tomaba posiciones frente á la Plaza: amenazaban la boca de el rio el "Boston" y el "Raleigh", los monitores cruzaban arriba y abajo frente á la ciudad murada y los demás se colocaron frente á la Ermita, Malate y San Antonio Abad.&lt;br /&gt;Las nueve de la mañana serían próximamente cuando el "Olympia" rompió el fuego disparando el primer cañonazo contra el Fuerte de San Antonio y desde este momento fué aquello una horrible tempestad contínua de estampidos y explosiones de granada. A los pocos momentos de comenzar el cañoneo empezaron á entrar heridos en la ciudad procedentes de la primera línea, que los barcos enemigos batían de flanco originando así graves conflictos y gran número de bajas en la trinchera. A la hora el Fuerte de San Antonio Abad había sido demolido por completo con grandes pérdidas por nuestra parte y tuvo que ser abandonado no sin inutilizar las piezas que no pudieron ser retiradas. Nada ocurrió entre tanto en la muralla detrás del hospital donde nosotros estábamos (el Beaterio temblaba pero seguía en pié ) y á las diez y media, después de aquel fragor horrible y sin interrupción producido por los cañones con gran sorpresa de todos la escuadra enemiga suspendió el fuego, miramos y...... ¡ en la bateria de San Diego estaba izada una bandera blanca !. ¡ La Plaza había capitulado !.&lt;br /&gt;Todavía continuamos nosotros en el hospital sin saber lo que ocurría en el resto de la población, á las dos de la tarde hasta que yo no sé si quién llevó la noticia de que las tropas americanas estaban ocupando tranquilamente toda la Calzada de las Aguadas hasta el Puente de España y que el General Merrit había entrado ya en Intramuros y estaba en el Ayuntamiento. Convencido ya de la capitulación y de que nuestra presencia en el Hospital no era ya necesaria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 100 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;al momento invité yo á Salazar á ir al Ayuntamiento para ver qué ocurría por allí y en efecto, á los pocos minutos llegamos á la Plaza de Palacio á donde ya iban llegando algunas fuerzas españolas que formaban delante de el hermoso edificio del Municipio de Manila.&lt;br /&gt;Subimos nosotros al piso principal de aquel donde ya encontramos algunos oficiales americanos discurriendo por galerías y habitaciones; pocos momentos después se acercó á mí uno de ellos que por el uniforme ví era médico mayor; el también me habia conocido á mí por el uniforme y brazal de la Cruz Roja y se dirigió á saludarme: era el Médico mayor Char. E.Woodruff, agregado al Cuartel General de el General Merritt, y que al oir mí nombre me preguntó enseguida si era el Doctor de Guajam de quién ya tenía conocimiento, ( por lo visto el sainete de Marianas había sido tan divertido para los españoles como para los americanos ). Después de un rato de conversación despidióse de mí para volver enseguida diciéndome que el General Merritt deseaba hablar conmigo: era verdad, pues , que estaba allí como nos habían dicho.&lt;br /&gt;Entré en el despacho donde pocos días antes había estado hablando con el General Augústin, y allí me encontré con el Mayor General Wesley Merritt, Jefe del Ejército Americano en Filipinas y nombrado por el gobierno de Washington Gobernador General de estas. Era dicho Sr. un hombre alto, grueso, muy colorado, representando una edad de sesenta y tantos años y cuya fisonomía sumamente vulgar no ofrecía ningún rasgo que acusara inteligencia clara y viva. Me llamaba para preguntarme si estaban ya reunidas todas las fuerzas españolas en la Plaza, delante de el Ayuntamiento, - se conoce que había convenido en aquello con los generales españoles - , yo le contesté que no sabía nada pues así era en efecto. Después, aprovechado la ocasión de encontrarme solo con aquel hombre, que desde entonces comprendí había de ser el todo en Filipinas, no quise dejar escapar la oportunidad de hacer algo por mis asuntos particulares y me lancé á hablarle con la mayor frescura de mí pasada prisión en Marianas y Cavite así como de la situación en que había quedado mí familia en aquel punto y la necesidad de recogerla á la primera ocasión de barco que saliera de Manila para Agaña. Me escuchó atentamente y me dió las seguridades de hacer por mí causa todo cuanto le fuera factible.&lt;br /&gt;En esto llegaron al Ayuntamiento y entraron en el citado despacho donde yo me hallaba con el Jefe Americano, los generales Jaúdenes y Tejeiro, con sus ayudantes, el Auditor General , Intendente,Gobernador Civil y otra multitud de autoridades españolas que llenaron por completo el salón. Se iba á tratar de la capitulación llevada á efecto y de extender las&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 101 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;oportunas actas ó documentos en que constasen las condiciones de la misma. Con tal motivo y no estando allí presente intérprete alguno, ni habiendo, y lástima dá decirlo, ningún oficial de Estado Mayor que supiera inglés, intervine yo como tal, escribiendo juntamente con un Coronel de Estado Mayor norteamericano, las condiciones y claúsulas de la capitulación de acuerdo con lo que el General Jaúdenes y el Auditor General Sr.Peña iban diciendo; escritos los borradores fueron luego puestos en limpio por las máquinas de escribir, ya mencionadas, y se tiraron varios ejemplares, uno de los cuales conservo como recuerdo. El documento en cuestión dice literalmente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preliminary agreement entered into this day in regard to the capitulation of the Spanish Army in the Philippines, details to be arranged by a joint comission.&lt;br /&gt;The capitulation will be under the following termes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1 - The military forces of the United States shall ocupy the city and the defences of Manila until in the treaty of peace between the two belligerent powers of it may be agreed the final fate of the city.&lt;br /&gt;2- It being impossible for the spanish forces of the garrison to evacuate the place either by sea on account of the lack of steamers or by land on account of the Insurgents it is hereby agreed that all the fighting forces capitulate with the honors of war, the officers keeping their swords, arms, horses and fornitures, and the troops will deposit theirs in the place agreed.&lt;br /&gt;3- All the personal included in the capitulation will be at liberty, being allowed to continue living in their abodes wich shall be respected.&lt;br /&gt;4- The Spanish troops will remain in their barracks at the orders of their chiefs.&lt;br /&gt;5- The authorities and the forces of North America will carefully respect the persons, their dwellings and the property of the inhabitants of Manila and its suburbs.&lt;br /&gt;6- The banks, credit societies, industrial stablishments and these for educational purposes, or any other the object of which is humanity and civilization, shall continue open according to their regulations, unless modified by the authority of the United States as circunstances may require.&lt;br /&gt;7- The expenses of living of the military and navy men will be paid with the funds of The Spanish Treasury if there be enough, and in the contrary they will be aided with the amount that corresponds to the prisoners of war according to their rank.&lt;br /&gt;8- The repatriation of the officers and soldiers and their families will be at the cost of the United States and also of the native officers which may desire to return to Spain.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 102 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9-  The native troops will be dismissed from the service.&lt;br /&gt;10- The United States authorities shall, to the best of their ability, guarantie and will insure the safety of the lives and properties of the inhabitants of Manila.&lt;br /&gt;--------------------------&lt;br /&gt;The 7º article shall be construed to cover only rations and necessary supplies. The United States to determine what is necessary.&lt;br /&gt;Complete return of men shall be rendered to the United States authorities by organizations and also, full list of public property and stores in their possession.&lt;br /&gt;The question of returning troops to Spain and the expenses thereof to be determined by the United States Goverment at Washington.&lt;br /&gt;Arms, will be returned to the men, at the discretion of U.S. authority  and officers shall retain their side arms.&lt;br /&gt;  Wesley Merritt&lt;br /&gt;  Mayor General U.S.A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fermin Jaúdenes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y que traducido al español dice:&lt;br /&gt;Convenio preliminar celebrado en este día con relación á la capitulación del Ejército Español en Filipinas, cuyos detalles serán últimados por una comisión mixta. La capitulación será bajo las bases siguientes:&lt;br /&gt;1- Las fuerzas militares de los Estados Unidos ocuparán la ciudad y las defensas de Manila hasta que en el tratado de paz entre los dos poderes beligerantes sea convenido el destino final de la ciudad.&lt;br /&gt;2- Siendo imposible para las fuerzas españolas de la guarnición evacuar la plaza ni por mar por la falta de barcos ni por tierra á causa de los insurrectos queda convenido que todas las fuerzas de guerra capitulan con los honores de ésta, manteniendo los oficiales las armas, caballos y pertrechos, y depositando los soldados las suyas en el lugar que se convenga.&lt;br /&gt;3- Todas las personas incluidas en la capitulación estarán en libertad, siéndoles permitido continuar en sus viviendas las cuales serán respetadas.&lt;br /&gt;4- Las tropas españolas permanecerán en sus cuarteles á las órdenes de sus jefes.&lt;br /&gt;5- Las autoridades y las fuerzas de Norte América respetarán ciudadosamente las personas , sus viviendas y la propiedad de los habitantes de Manila y sus arrabales.&lt;br /&gt;6- Los bancos, sociedades de crédito, establecimientos industriales, aquellos que sean dedicados á la instrucción, ó cuyo objeto sea la humanidad ó civilización, continuarán abiertos conforme á sus reglamentos, á menos que sean modificados por la autoridad de los Estados Unidos según las circunstancias requieran.&lt;br /&gt;7- Los haberes de los soldados y marinos serán pagados con los fondos del Tesoro español si hay bastante, y en el caso contrario serán auxiliados con la suma que corresponde á los prisioneros de guerra, según su categoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 103 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8- La repatriación de los oficiales y soldados y sus familias será costeada por los Estados Unidos, así como también la de los oficiales del país que deseen ir á España.&lt;br /&gt;9- Las tropas indígenas serán licenciadas de el servicio.&lt;br /&gt;10- Las autoridades de los Estados Unidos garantizarán, en todo su poder, y asegurarán las vidas y propiedades de los habitantes de Manila.&lt;br /&gt;-----------------------&lt;br /&gt;El artículo 7º se entenderá para cubrir sólo las raciones y recursos necesarios. Los Estados Unidos determinarán lo que sea necesario.&lt;br /&gt;Relaciones completas, por Cuerpos, de los hombres serán dadas á las autoridades de los Estados Unidos, así como también listas detalladas de los edificios y propiedades del Estado.&lt;br /&gt;La cuestión de la vuelta de las tropas de los españoles á la patria y los gastos que por ello se ocasionen se determinará por el Gobierno de los Estados Unidos en Washington.&lt;br /&gt;Las armas serán devueltas á los soldados, á la discreción de la Autoridad de los Estados Unidos y los oficiales retendrán sus armas de cinto.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Wesley Merritt&lt;br /&gt;  Mayor General U.S.A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fermin Jaúdenes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se vé en el encabezamiento &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;del escrito no fué éste sino la base preliminar á la cual la comisión mixta nombrada, luego debía ajustar los términos definitivos de la capitulación, la cual no variando gran cosa de lo establecido en el anterior documento no es de importancia trascribir también.&lt;br /&gt;Aún no había terminado yo de escribir los citados documentos cuando el General Jaúdenes recibió, allí mismo en el despacho del Ayuntamiento, un aviso telefónico del General Monet, Jefe del Sector del Centro, en el que comunicaba estaba esperando fuese relevado por las fuerzas americanas en la circunscripción de su mando pues se hallaba casi rodeado por los rebeldes que á toda costa intentaban forzar el paso. Enterados los Generales Jaúdenes y Merritt dispusieron que un Coronel de Ingenieros americano que allí estaba, el Dr. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Woodruff y yo fuéramos enseguida á buscar á alguno de los Jefes de las fuerzas americanas de el exterior, á fín de que cumpliera el relevo citado.Montamos y salimos á la carrera en busca del General americano Green que debía estar, según decían, por los barrios de Binondo y Tondo. Después de salir de la ciudad murada, atravesamos el Puente de España llegando á la Escolta á la sazón ocupada por las tropas americanas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;; allí estaban algunos batallones entre ellos los Voluntarios de Oregon, mis combarcanos del "Sidney" tirados por las aceras &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;cansados de andar&lt;/span&gt; y esperando, sin duda las órdenes de acuartelamiento. Preguntando á unos y á otros seguimos por la calle de el Rosario hasta llegar á la Plaza de Binondo donde volvimos á preguntar á otro batallón que descansaba frente al Hotel Oriente por dónde se encontraba el General Green. Allí en el Hotel Oriente fuí rodeado por un centenar de curiosos que me asediaban á preguntas sobre lo que ocurría pues es de notar que en toda esta parte de la población aún no se sabía lo de la capitulación y la gente en ventanas y balcones sólo veía con sorpresa la ocupación tranquila de las principales calles y plazas por los batallones yankees que iban llegando; no era pues de extrañar el asombro que causábamos nosotros tres, los dos americanos y yo, recorriendo juntos y á escape la ciudad,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 104 - &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;ni tampoco las mil y mil preguntas que se me hacían donde quiera que nos deteníamos. Por fín, después de cien vueltas y rodeos, encontramos al tal General Green en el muelle de la Capitanía del Puerto ocupado en tomar posesión de ésta y en izar la bandera norteamericana en el edificio. Enterado de nuestra misión y viendo por el Plano de Manila que tenía en la mano el sitio de Sampaloc donde yo le indicaba que se hallaba el General Monet, nos dijo que á el le era imposible acudir á tal puesto, y nos envió á la Calzada de las Aguadas ó á la Luneta donde debía estar el General Anderson, el cual más próximo á Sampaloc podía prestar el servicio necesario. Volvimos á escape á los sitios indicados donde encontramos, en efecto, á este último General el cual pudo cumplir las órdenes que traíamos. Después de cumplida nuestra misión y ya de noche, regresamos de Sampaloc á la ciudad murada y Plaza del Ayuntamiento viendo que ya las tropas españolas aue antes allí estaban habían depositado las armas en dos grandes montones en el mismo zaguán del edificio; y no estando ya en éste ninguno de los Jefes españoles me despedí del Dr.Woodruff y del Coronel de Ingenieros marchándome á descansar á mí casa, que ya bién lo necesitaba.&lt;br /&gt;La familia Luengo había regresado del Hotel Oriente á su domicilio y ya en esta noche pudimos , en fín, cenar tranquilos todos reunidos comentando los sucesos del día. Reflexionando sobre ellos no hacíamos más que pensar cual habría sido el trato celebrado entre americanos é insurrectos para en primer término, dejar estos á los primeros la trinchera suya donde habían peleado dos meses y medio, y en segundo lugar, no entrar con ellos en la población, objeto final que los rebeldes habían siempre mirado como el premio deseado y obtenido por su trabajo, pero nada podía aventurarse hasta ver en los días sucesivos el curso que tomaban los sucesos. Hasta entonces nada se había dicho de desmanes y abusos que se hubieran cometido y la ocupación de Manila por las tropas americanas habiasé efectuado con el mayor orden y respeto á vidas y haciendas y una tranquilidad absoluta.&lt;br /&gt;Al día siguiente ya empezamos á ver los resultados de la alianza americano-salvaje; durante la noche todos los arrabales de la ciudad habían sido objeto de el saqueo más indigno y no pudo menos de suceder así, pues por un lado los americanos desconocedores de la población no podían tener la vigilancia que nuestras tropas habían tenído, y por otra parte, les importó muy poco que los insurrectos si no en masa, en grupos aislados y como bandidos sueltos entrasen por acá y acullá y se dedicaran al pillaje y merodeo de todo cuanto estuvo á su alcance; puede decirse que á excepción de la Escolta y la ciudad murada, el resto de la población fué totalmente objeto del robo y rapiña de los rebeldes que entraron de fuera y también de los indios insurrectos pasivos del interior de la ciudad que vieron en aquel desorden ocasión propicia para desmandarse: no quedaron en los arrabales de Manila, aquella noche, caballos, objetos de valor,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 105 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ropas, etc. que no fuesen robados. Una de las victimas del saqueo fué el Director del Hospital Central D. Gonzalo Armendariz cuyo pabellón situado en el de Arroceros fué asaltado y robado; y gracias á que al día siguiente fuí yo á dicho Hospital acompañado del Dr.Cardwell (del Sydney) y pude salvarle á Armendariz el carruaje y algunos armarios de ropas: dos caballos muy buenos que tenía habían &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;volado &lt;/span&gt;y dicho sea en &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;honor &lt;/span&gt;de los tagalos, aquellos caballos fueron robados por oficiales americanos, porque aquel mismo día, yo que conocía á los animales y el mismo Sr.Armendariz también, vimos á un oficial yankee montando uno de ellos. ¡ No podían menos de ser ladrones también !.&lt;br /&gt;Desde este mismo día se empezaron á organizar los servicios tanto por parte de el Ejército americano como por el nuestro. Pero si bién por parte suya todo era organización en regla y se iban ocupando poco á poco de absorberlo todo y de incautarse de cuanto había en Manila, por la nuestra todo era desorganización y desórden. Como todos los Centros del orden civil quedaron en suspenso también con la entrada de los americanos estos tomaron á su cargo todos ellos, haciendo nombramientos entre ellos mismos para la dirección de los distintos ramos, tales fueron los de Correos, Aduanas, Ayuntamiento, etc. pero como quiera que en todos estos centros los antiguos empleados no querían prestar servicio con los nuevos dueños de la situación, todavía pasaron muchos días para que todo volviese á su antigua normalidad. Nombraron los americanos un Mariscal Preboste, Gobernador Civil y Militar de la ciudad, que lo fué el General Mac-Arthur, el cual entendía así mismo de los asuntos judiciales graves ó sencillos á estilo de magistrado y juez de paz todo junto, y aunque en un princípio todo parecía indicar benevolencia y facilidades á el público, volviéronse poco á poco las tornas y luego todo eran dificultades y obstáculos: las reclamaciones que por cualquier concepto se hicieran al Preboste, &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;preboscibio&lt;/span&gt; ó lo que fuese, debían hacerse por escrito y redactadas en idioma inglés y aún así eran atendidas mal, tarde y nunca. A este Preboste eran también dirigidas las reclamaciones que por parte de nuestras autoridades se hacían á las americanas, ¡ lo que trabajé y discutí yo en los días sucesivos con este tio feo sólo Dios lo sabe !.&lt;br /&gt;A los ocho días de la capitulación ya el modo de ser &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;digno y caballeresco&lt;/span&gt; de los yankees se había mostrado con todo su explendor. Se habían incautado de todos los locales públicos y aún de algunos privados, quedando reducidos nosotros á las iglesias y conventos; se apoderaban con la mayor desfachatez de caballos y carruajes particulares que los criados llevaban por la calle ó marchaban desocupados; del mismo modo se incautaron de las factorias militares nuestras y de las existencias que allí había, costando luego Dios y ayuda el sacarles las raciones que con arreglo á lo estipulado debían proporcionar á nuestras tropas, y en fín,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 106 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;se apoderaron también de la intendencia y de los fondos del Tesoro que quedaron en su poder. Este último detalle no tuvieron ellos la culpa sino nuestras propias autoridades españolas que debiendo haber repartido dichos fondos adelantando cuatro ó seis pagas á todos los militares y empleados civiles cometieron la ligereza de entregar el dinero á los americanos dando lugar á lo que luego ocurrió, á quedarnos sin dinero y sin pagas. Hay que advertir que esta ligereza fué aún más grave de lo que á primera vista aparece, pues en días anteriores á la capitulación se había ordenado á todos los Cuerpos del Ejército depositaran sus fondos en la Intendencia, de modo que gran parte de el dinero de que se incautaron los americanos no era de el Estado sino de las Cajas de los Regimientos que á su vez guardaban fondos particulares de los oficiales y de la tropa, es decir, que todos los alcances de aquellos pobres soldados que se habían estado batiendo heroicamente durante tres meses, y que era lo único que al día mañana podrían llevar á sus casas como pequeñas economías, también les era arrebatado del modo más inícuo y censurable por la ligereza de nuestros propios Jefes.&lt;br /&gt;No dejaré de mencionar aquí otro acto de salvajismo verdadero cometido por los que se llaman hijos de una nación culta y civilizada: al hacerse cargo del edificio donde estaban instaladas las oficinas del Estado Mayor y el archivo de la Capitanía General de Filipinas se conoce que les estorbaban los papeles de éste en los estantes y quemando unos, arrojando á la calle otros, limpiaron casi todo cometiendo así un acto de barbarie análogo al que pudieran cometer las más salvajes tribus del Centro de Africa, ¿ que daño le harían aquellos documentos y legajos que si á ellos no les interesaban, en cambio debían saber eran para otra nación civilizada de trascendental importancia ?. Otro tanto sucedió con los papeles de la Intendencia. Actos como estos no necesitan comentarios.&lt;br /&gt;Por lo que respecta á la organización de nuestras fuerzas capituladas después de depositadas las armas, fueron acuarteladas en las Iglesias y Conventos de la población pésimamente acondicionados como es de suponer, y allí los Jefes respectivos de los Cuerpos cuidaban de mantener el órden, limpieza y subordinación debidas continuando así en espera de las superiores resoluciones del Gobierno de Madrid, á quién se comunicó enseguida, una vez restablecido el cable, todos los detalles de la capitulación y la situación de la ciudad. La Capitanía General española continuaba en sus funciones militares ejerciendo el mando restringido á que las circunstancias obligaban; toda la tramitación de los asuntos pendientes quedó suspendida, y casi todo el trabajo de las Secciones estaba reducido á los mil y cien líos que originó la nueva situación, y á los distintos problemas que á cada paso surgían en las relaciones entre invasores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 107 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y capitulados y en los que me ví envuelto del modo más íntimo.&lt;br /&gt;Yo no pienso trabajar en mí vida más de lo que trabajé desde el día siguiente al de la capitulación: con esta fecha fuí nombrado por el General Jaúdenes, médico agregado á su Cuartel General, empezando desde entonces para mí una nueva época de trabajo profesional y diplomático.&lt;br /&gt;Vuelvo á repetirlo, daba verguenza de que en todo el Estado Mayor general no hubiese un sólo oficial nuestro que supiese inglés, y con tal motivo, yo fuí el encargado de este servicio que era el más importante dadas las circunstancias por que atravesábamos.&lt;br /&gt;El primero que presté bajo tal concepto fué el día 16, tres días después de la capitulación. Recuerdo que estaba comiendo tranquilamente con la familia Luengo, en cuya casa ya estaba hospedado por completo, cuando recibí un recado urgentísimo del General Jaúdenes para que fuese al Gobierno Militar, único edificio que había escapado de la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;absorción &lt;/span&gt;americana y que habitaba nuestro General, en donde me presenté enseguida. Estaba éste en la cama un poco enfermo y no deseaba recibir á nadie, pero habían llegado dos militares americanos, uno de ellos el Jefe de Estado Mayor yankee, que no obstante el estado delicado del General Jaúdenes insistían en hablarle reservadamente y de un modo urgente de parte del General Merritt; en vista de ello entramos en el mismo dormitorio de aquel, el Jefe americano y yo, que después de los cumplimientos de etiqueta me suplicó que tradujese á mí General un telegrama acabado de recibir de el Gobierno de Washington y que el General Merritt tenía el honor de trasmitir á nosotros. Cogí el telegrama en cuestión y lo leí en español y en alta voz al General Jaúdenes; decía así:&lt;br /&gt;"Al General Merritt - Manila - El Secretario de la guerra decreta que la siguiente proclamación del presidente le sea enviada para su conocimiento y guia. - Por el Presidente de los Estados Unidos de América - Proclama - Como quiera que por un protocolo concluido y firmado en 12 de Agosto de 1898, por Willian R.Day, Secretario de Estado de los Estados Unidos y su Excelencia Jules Cambon, embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Francesa en Washington, que para el objeto representa respectivamente al Gobierno de los Estados Unidos y á el Gobierno de España, los Estados Unidos y España han acordado formalmente los términos sobre los cuales las negociaciones para el establecimiento de la paz han de ser emprendidas. - Y como quiera que en dicho protocolo se convienen para su conclusión y firma sean suspendidas las hostilidades entre los dos paises, y el aviso á dicho efecto sea dado tan pronto como sea posible por cada Gobierno á los Comandantes de las Fuerzas de mar y tierra: es por lo que ahora yo, Willian Mac-Kinley, Presidente de los Estados Unidos de acuerdo con lo estipulado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 108 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en el protocolo declaro y proclamo por la parte de los Estados Unidos una suspensión de hostilidades, y por el presente ordeno que inmediatamente se den las órdenes por los conductos adecuados á los Jefes de las fuerzas de mar y tierra de los Estados Unidos para que se abstengan de todo acto contrario á esta proclamación.- En testimonio de lo cual, firmo y sello el presente en la ciudad de Washington á 12 de Agosto del año de nuestro Señor de 1898 y el 123 de la independencia de los Estados Unidos.- Firmado: Willian Mac-Kinley. - Por el Presidente.- Willian R.Day, Secretario de Estado - Cumplimentese - Por órden del Secretario de la guerra A.C.Corbin, Ayudante General. "&lt;br /&gt;¿ Quién no había de sentir profunda pena al leer este documento ?.&lt;br /&gt;La suspensión de hostilidades se había firmado el día 12 en Washington y por aquella célebre memada del cable debida al Gral. Augústin la noticia llegaba á Manila el día 16 de Agosto habiendo dado lugar á la capitulación de la ciudad el día 13, á la entrada de los americanos ese día y á toda la serie de complicaciones á que aquello conduciría en las futuras negociaciones de paz. Días después se supo por telegramas de el Gobierno español que de todos modos la ciudad de Manila, su puerto y bahía debían ser ocupados por las tropas americanas pues así se convenía también en dicho protocolo, pero ¡ cuanta diferencia había entre una y otra forma de ocupación !. Excuso decir la contrariedad que dicho telegrama llevó al ánimo del General Jaúdenes ya de por sí algo abatido después del sufrimiento físico y moral pasado en los pocos días de su desgraciado mando; tan grande fué que casi no pudo contestar al saludo de despedida que le hacía el Jefe de Estado Mayor americano, el cual se marchó dejándome copia que le pedí del trascrito despacho.&lt;br /&gt;Desde este día todo fué permitido para mí menos el descanso. Además de mí nuevo cargo en el Cuartel General, fuí nombrado para una comisión permanente compuesta de el Comisario D.Ricardo Garibaldi, el Comandante de Estado Mayor D.Jorge F. de Heredia y yo, comisión destinada á entenderse directamente con el Estado Mayor americano en nombre del Gobernador militar español General Rizzo, de todo lo concerniente á nuestras tropas acuarteladas; nosotros nos tuvimos que ocupar de el racionamiento diario de estas, de la construcción y arreglo de locales y letrinas para las mismas, pues Manila estaba á punto de ser víctima de una epidemia feroz por la acumulación y deficiencia de higiene; así mismo tuvimos que entender, en la alimentación de los hospitales, reclamaciones diversas de los distintos cuerpos referentes á las documentación y archivos que habían quedado en las diversas dependencias, en fín, un lio tan grande de cosas que no sé ni como nos entendíamos, y entre el dichoso Preboste y el General Tejeiro, y el General Merritt, y el General Rizzo era aquello una de cartas, objeciones, oficios y resoluciones que no pienso volver á ver maremagnum mayor en mí vida.&lt;br /&gt;Formaba parte también de otra comisión que presidia el Coronel D.Camilo Lasala&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 109 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;destinada á su vez á reclamar del General Merritt é interesar del Gobierno, sobre la situación de los prisioneros españoles en poder de los insurrectos, toda vez que los americanos habían sido los promovedores de aquel estado de cosas en la Isla de Luzon; también se llamaba la atención sobre la situación de los empleados civiles de Manila, sobre los que nada se había tratado en la capitulación, y en fín, además de algunos otros asuntos no menos importantes, también se indicaba algo sobre el abandono en que habían quedado las familias de los oficiales hechos prisioneros en Marianas; por cierto que este último extremo dió motivo á un incidente en el Fuerte de San Felipe en Cavite cuando fué leido en un periódico de Manila un suelto en que se hablaba de esta comisión de que yo formaba parte y de los distintos asuntos de que trataba, y allí salió un nuevo ingenioso hidalgo D.Quijote de la Mancha diciendo no había caballeros que supieran acompañar señoras más que él. ¡¡ Estúpido !!&lt;br /&gt;Por si estos trabajos oficiales no eran suficientes á mí cargo, no menos número de ellos me cayeron encima de carácter particular. Reclamaciones de este amigo á quién un soldado americano le había quitado el caballo, presentación de estotro en tal ó cual centro yankee para sus asuntos mercantiles y particulares, etc., etc. Uno de los que dió más que hacer y que no pude desatender por ser recomendación de la madre de mí amigo y compañero Valderrama fué &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;otra&lt;/span&gt; comisión de señoras que me fué presentada todas las cuales tenían deudos prisioneros de los insurrectos y deseaban que yo las presentara al General Merritt para recabar de éste su influencia con Aguinaldo, á fín de saber siquiera si vivían y donde estaban sus esposos, hermanos ó hijos y poderse comunicar con ellos enviándoles, ropas, dinero y lo que les hiciese falta; no tuve otro remedio que cumplir este acto de humanidad hablando al General americano sobre el asunto y ocupándome durante varios días de esto y obteniendo para ellas algo favorable.&lt;br /&gt;No poco me dió que hacer también el mismo Cuerpo de Sanidad, por desgracia, el Inspector y su Secretario no daban pié con bola, ni juntos ni separados y por cierto, que ya en esa época de mí &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;subida&lt;/span&gt; á las altas esferas sin que yo hubiera hecho otra cosa que cumplir con mí deber, cambiaron la frialdad é importancia que conmigo se dieron el primer día por la afabilidad y consideración más respetuosas, ¡ ahora estaba yo en la privanza !, todo era Romero por acá y Romero por allá, y deseando que á todas horas fuese por la Inspección. Mucho trabajé, repito, en lo referente á las relaciones de el Cuerpo de Sanidad con el Ejército americano; á ninguno se le había ocurrido trabajar en la organización de uno ó varios buques hospitales para la repatriacíón de algunos cientos de aquellos infelices que yacían en los hospitales desde varios meses antes y era tanto más censurable éste, que no podía llamarse olvido sino crimen verdadero, cuanto que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 110 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;dicha organización pudo y debió hacerse durante el mismo bloqueo pues la salida de un buque-hospital de Manila en nada hubiera afectado á las leyes de la guerra estando protegido por el Convenio de Ginebra ya citado. Por lo pronto, ya se comprenderá cuán grande impedimenta se hubiera quitado á la ciudad, cuantas bocas menos hubiese habido en ésta durante el sitio, y en fín, cuantas y cuantas vidas se hubieran salvado con tan humanitaria como imprescindible medida, y no permitir, como se había permitido, que allí se consumieran de hambre é infección. Pues no señor, yo no sé en qué habían estado pensando aquellos hombres para no dedicarse con todo el celo y todas sus fuerzas para obtener de la Superioridad dicho servicio; yo de mí sé decir que teniendo á mí cargo la dirección de los asuntos sanitarios y no se me atiende en tal extremo, evacuando de Manila para España, aquellos pobres infelices, me quito los entorchados y me voy á mí casa, por no ser cómplice de un verdadero crimen, que ni como Jefe, ni como médico, ni como hombre de conciencia podría aceptar.&lt;br /&gt;Pues bién, con motivo de un telegrama de el Gobierno de Madrid, por el que se autorizaba á el General Jaúdenes para tratar de este asunto, también trabajé por mí cuenta cerca de los americanos sobre el contrato de un buque-hospital y ver si conseguía proporcionar al General una solución buena á dicho fín. Y en efecto, me convencí, en las gestiones que hice, de que si antes hubiese habido iniciativa, aquel importantísimo servicio se hubiese llevado á cabo regularmente y con perfecta seguridad desde el principio de la campaña. Hablando de ello con el Jefe de Sanidad americano, el Teniente Coronel Dr. Henry Lippincott, me dijo que el General Merritt no podía cedernos ningún trasporte para buque-hospital por serles á él necesarios los pocos que ya tenía en bahía, pero que consideraba de urgencia y era excelente medida la que yo proponía respecto á la necesidad inmediata de la evacuación de heridos y enfermos, y desde luego podía tratarse de fletar buques extranjeros en Hong Kong con dicho objeto, para lo cual él daba todas las facilidades que fuesen necesarias. Tarde era ya para llevar á efecto todas estas medidas: el vapor mercante francés "Eridan" á quién se propuso el asunto quiso aprovecharse de la ocasión y pidió un precio exhorbitante por cada soldado enfermo á más de otras condiciones exageradas que en ningún modo podían ser aceptadas. Total, que hubo que renunciar al proyecto en cuestión dejando á los enfermos que continuaran muriéndose en los infames centros llamados con sarcasmo Hospitales de Manila y quedarnos reducidos á esperar que el Gobierno de Madrid dispusiera lo conveniente al asunto. ¡ Un escandalo !.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 111 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También recayó sobre mí el cuidado de buscar local para el establecimiento de un nuevo Hospital Militar, pues además de los 1.500 y tantos enfermos que teníamos en los locales antiguos que estaban ya atestados, había en los Cuerpos un gran contingente de enfermos que esperaban turno para ingresar cuando alguno salía curado, y era un cuadro verdaderamente lastimoso el ver tirados aquellos infelices por las baldosas de la Catedral y las otras Iglesias de Manila, afectados algunos de grave enfermedad, y allí mezclados con los sanos sirviendo de foco infectivo á los demás. Dos días enteros me llevé recorriendo Manila entera acompañado del médico mayor Dr. Samuel O. L. Potter, nombrado conmigo para dicho objeto sin que pudiéramos conseguir nada; hubo necesidad también de aplazar aquella instalación tan necesaria y recurrir al medio de dar de alta en los Hospitales á aquellos individuos de enfermedades menos graves y á los convalecientes para dar entrada á los más necesitados de cama y asistencia, todo ello por culpa precisamente de la falta de evacuación á su debido tiempo que ya he censurado no tan duramente como debía.&lt;br /&gt;Por los detalles que quedan expuestos, ligeramente podrá juzgarse de la situación de Manila á los 15 ó 20 días de la capitulación: Un desorden general en todo y para todo, abusos por parte de invasores y debilidades por los capitulados, perdido todo el prestigio material y moral de España y del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;castila &lt;/span&gt;para el indio y gente del país, los insurrectos paseando tranquilamente, de uniforme, por los sitios más céntricos de la ciudad, en los arrabales instalados sus cuarteles y banderas, un nuevo periódico que aparece en 1º de Septiembre "La Independencia" dirigido por el sinvergüenza farmaceútico Luna perdonado por España el año 97, y considerando ya Filipinas independiente,......... póngase á todo esto el marco de el abandono de el Gobierno de Madrid con su coletilla sacramental á las quejas y peticiones de Manila de "se proveerá" , el gobierno se preocupa de ello, etc.,etc. y se tendrá el cuadro acabado de la Isla de Luzon y de la Capital del Archipiélago en el mes de Septiembre del año actual .&lt;br /&gt;Imposible, absolutamente imposible, vuelva este país á poder de España en las mismas condiciones y estado de antes.&lt;br /&gt;De propio intento he dejado para lo último de el presente relato, hablar de mis particulares asuntos porque ellos pusieron fín á mí rápido pero ocupado paso por Manila. Antes de la capitulación no me ocupé de ellos porque desde luego era inútil emprender ninguna gestión para mí vuelta á Marianas á recoger mí familia abandonada, sin embargo, de tener hecho el propósito firme desde que salí de Agaña que de un modo ó de otro yo tenía que volver á este punto aunque para ello me quedase sin una peseta y aún sin carrera. Pero una vez capitulada la Plaza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 112 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ya fué otra cosa; como ya indiqué en páginas anteriores en la primera ocasión que tuve, y esta como se recordará no pudo ser más pronto, hablé con el General Merritt, el que conociendo lo justo de mis pretensiones me dió desde luego la seguridad de que por parte de las autoridades americanas no había de encontrar dificultades en mí salida de Manila.&lt;br /&gt;Adelantado este importante paso me quedaba la obtención de el permiso de el Capitán General español y el de mí Jefe en el Cuerpo respecto á los cuales tenía dudas al principio, quedando aplazada toda tentativa de ello, hasta saber definitivamente la salida de algún barco para Marianas.&lt;br /&gt;Yo tenía muchas esperanzas de que una vez capitulada la Plaza y entabladas como estaban ya las negociaciones de paz, los viajes de los barcos de la Compañía Marítima de Manila, suspendidos con motivo de la guerra, se reanudarían en breve plazo; á los pocos días de la capitulación me enteré por la Gaceta oficial americana, que dicho sea de paso, empezó á publicarse á los dos días de aquella acaecida, que había sido nombrado Capitán del Puerto de Manila, el Comandante de el "Charleston", mí antiguo conocido y aprehensor, Capitán Glass; me faltó tiempo para hacer una visita á este señor en la misma Capitanía donde me recibió con grandes muestras de satisfacción, y diciéndome, antes de que le hablase yo una palabra, que ya sabía el objeto de mí visita: la probable salida de algún barco para Marianas; en efecto, le indiqué que ese era mí deseo y quería informarme acerca del movimiento de vapores en el puerto, y después de preguntarme todo lo concerniente á los antiguos correos para Marianas, me dijo que, según tenía entendido, los buques de la Compañía Marítima se reanudarían en breve y terminó ofreciéndome que á la menor noticia que él tuviese de salida de barcos que pudieran interesarme, á cualquiera hora que fuese del día ó de la noche me enviaría un aviso á mí casa. Verdaderamente, no pudo el hombre estar más atento conmigo, y se lo agradecí.&lt;br /&gt;Con estas esperanzas transcurrieron varios días, siendo ya los últimos de Agosto sin que nada se resolviera, antes al contrario, parecía que el asunto de la paz iba para largo, toda vez que uno de los miembros del Congreso, que para el objeto, se celebraría en Paris, era el General Merritt el cual partió de Manila el día 29 y por lo tanto tardaría un mes por lo menos en su viaje á la capital francesa. En los primeros días de Septiembre, aprovechando ya la confianza que tenía con el General Tejeiro y las consideraciones de que yo era objeto por parte suya y de todo el Estado mayor, en virtud de los valiosos servicios que venía prestando, me atreví á hablar á aquel de mí asunto exponiéndole la necesidad que tenía de ir á Marianas en la primera ocasión que hubiera,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 113 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y en efecto, tuve la satisfacción de ver que el General no me puso el menor inconveniente, y antes al contrario, consideró justísima mí petición, manifestándoselo enseguida al General Jaúdenes que con no menor agrado me concedió el permiso.&lt;br /&gt;No me faltaba, pues, más que barco para el viaje. Transcurrieron otros días más durante los cuales me enteré de ciertos obstáculos que se decía, existían en la Compañía Marítima, y deseando enterarme bién de lo que hubiera, supliqué á Garcia Mercet me presentara al Director de aquella Mr. Macleod, amigo suyo, para tener una entrevista con él. Hice, en efecto, esta visita y dicho Sr. me estuvo enterando minuciosamente de todo cuanto se refería á las gestiones de la Marítima: Todavía no se había resuelto por ésta que sus buques, refugiados en los puertos extranjeros desde el principio de la guerra, volviesen á Manila para reanudar sus viajes, pues existían muchas y graves dificultades para esto; en primer término los Capitanes de los barcos no querían viajar con tripulaciones formadas como antes, de indios tagalos, por el fundado temor de correr la misma suerte que los de el vapor "Compañía de Filipinas" que ya he referido; por otra parte había el temor de que existiendo ya como existían algunos barcos piratas de los insurrectos perfectamente artillados, tuviera lugar un encuentro con estos y las desgracias consiguientes, y como la escuadra americana no garantizaba la navegación por el Archipiélago más que la de su bandera, la Compañía Marítima, dudaba de órdenar la salida de los buques con bandera española, estando en consulta con el Gobierno de Madrid si viajaba con bandera extranjera y cual había de ser esta. Y por último me dijo el Sr. Macleod - matando de un sólo golpe todas mis ilusiones - que supuesto el caso de salvar todas aquellas dificultades y reanudarse los viajes de los buques de la Marítima no sucedería esto con el vapor "Saturnus" para Marianas, puesto que suspendido por fuerza mayor el contrato con el Estado y la subvención de 9.000 duros que éste daba á la Compañía por cada viaje á Marianas, el "Saturnus" no podía ir en modo alguno á este punto donde ningún interés mercantíl se le ofrecía á la Marítima. En vista de esto, pedí al Sr.Macleod un consejo sobre la situación, y me dijo que la única manera como podía efectuarse aquel viaje era si el Gobierno fletaba el buque para el determinado asunto de recoger las familias de Agaña.&lt;br /&gt;Ya puede calcularse la malísima impresión que yo saqué de mí conferencia con Macleod, ¿ que hacer ?..... La única solución era conseguir del General Jaúdenes, si éste tenía autorización para ello, que fletase el buque, y si no que el Gobierno de Madrid se lo ordenara ó concediese. Por otra parte, yo pensaba que seguramente el General Jaúdenes no se atrevería á fletar el buque, ni el Gobierno lo concedería ahora que tenía otras cosas mas graves de que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 114 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ocuparse, ante la sola consideración de cuatro familias de oficiales abandonadas en la Isla de Guajam, pero recordando la situación de las Islas de Yap y Ponapé cuyas guarniciones peninsulares y familias de la colonia estaban incomunicados desde el mes de Abril, juzgué que si cuatro familias no eran motivo grande para llamar pronta atención, si lo eran 500 ó 600 españoles que en total había repartidos entre dichas dos islas, y si yo conseguía que el "Saturnus" fuese á Carolinas, el viaje de el buque á Marianas estaba también asegurado, pues tal era su antiguo itinerario.&lt;br /&gt;Con tales pensamientos visité al Almirante Montojo para que como Jefe de las guarniciones de Yap y Ponapé, influyese con el General Jaúdenes sobre el socorro inmediato de dichas islas, y por otra parte, yo, por mí cuenta me fuí á casa y escribí un articulejo para el periódico "El Comercio", el cual se quedó sin publicar, porque sucediendo esto el 7 de Septiembre y variando al día siguiente toda la situación, como luego diré, era inútil la publicación. Sin embargo lo trascribiré aqui como recuerdo de mis impresiones y malos ratos que pasé aquel día. Advertiré antes que el General Montojo no consiguió absolutamente nada de Jaúdenes, pues éste último no quería ni hablar con nadie, ni se atrevía á dar un paso por sencillo que fuese; la capitulación de la Plaza le tenía preocupadísimo.&lt;br /&gt;El articulejo en cuestión, que no firmaba, y encabezaba con el epígrafe "Es de urgencia", decía así: "Estamos en plena época de confusiones debidas en su mayor parte á la imprevisión y escaso sentido práctico que son la nota característica de nuestro modo de ser, desde algún tiempo á esta parte por no decir siempre. Nadie se ha ocupado hasta ahora de lo que habrá sido de las Carolinas y de que les habrá pasado á los quinientos ó seiscientos españoles que debe haber repartidos entre las dos islas de Yap y Ponapé, abandonados á sí mismos, á sus recursos, al esfuerzo personal de cada cual desde hace cuatro meses. ¿ Que habrá sido también á estas horas de los treinta ó cuarenta españoles que existían en Agaña, cabecera de las Marianas, que son en su mayoria señoras y niños de los oficiales prisioneros y que han quedado al igual que los de Carolinas, en el abandono más absoluto y lamentable desde que la bandera invasora ha sustituido en esa localidad á la nuestra ?. ¿ Es que ese medio millar de conciudadanos nuestros nadan en la abundancia ó tienen privilegio exclusivo de poder permanecer indiferentes ante la falta de recursos, de viveres y de comunicación con sus deudos de España, de Filipinas, y con el resto del mundo ?. Porque hacía &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tan sólo dos días &lt;/span&gt;que no se sabía á ciencia cierta si el elemento civil de esta capital percibiría ó nó los haberes de este mes con oportunidad,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 115 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;se han cruzado insistentes cablegramas con el gobierno de la metrópoli sobre el particular, y al parecer, la cuestión ha quedado zanjada . Decimos &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;al parecer&lt;/span&gt;, en atención á que no conociendo el texto literal de esos despachos, nada podemos asegurar en definitiva. El primero de esos cablegramas interesaba al gobierno sobre la situación del elemento oficial de Manila y por lo que sabemos del de Marianas. Se sabe que nuestro gobierno ha solucionado, siquiera sea en parte, la crítica situación del elemento civil de Manila, y en lo concerniente á Marianas y Carolinas no se sabe que haya dicho una palabra. Esa omisión es verdaderamente censurable. No parece sino que la situación de esos pobres españoles no sea mucho más crítica que la de estos de la capital filipina. Aquí hay barcos, hay cables telegráficos, hay víveres y medios de acción. Lo único que falta es dinero, y allí falta todo en absoluto, no hay más que la incomunicación absoluta con el resto del mundo y el abandono más completo desde el último viaje del vapor correo "Saturnus" á mediados de Abril próximo pasado. La situación moral de ánimo de nuestros compatriotas &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tan poco&lt;/span&gt; y no obstante &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;tan enorme&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;mente &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;distanciados de nosotros es horrible, es como si por un error judicial estuviesen confinados á juzgar injustamente terrible sentencia de deportación en el más apartado de los lugares y por si esto no fuera bastante, limitados á los recursos de esas Islas que son, sin exagerar, lo más mínimo, absolutamente nulos. Es imperiosa la situación de nuestros hermanos del Pacífico, situación más dura, sin género alguno de duda, de la que nosotros atravesamos. Ya que no ha podido hacerse hasta ahora, se impone urgentemente, - y nosotros lo pedimos en nombre de la justicia y de la humanidad, - que bién sea el gobierno general de Manila ó el de Madrid, haga establecer sin demora el servicio postal de la Compañía Marítima en Carolinas tan bruscamente interrumpido hace cuatro meses, ó por lo menos, se les lleve un auxilio de recursos, ya que , como sabemos, la citada Sociedad naviera reanudará en breve sus viajes. La isla de Yap es una de las más áridas del extenso archipiélago de las Carolinas, es árida á tal punto que á no ser por el vapor correo bimensual que llevaba los víveres de Manila á los españoles allí residentes, la vida de estos en la Isla es imposible; por otra parte, transcurren á veces años sin que por ella aparezca el más insignificante barquichuelo. Pues bién, ¿ que habrá sucedido desde el mes de Abril á ese núcleo de trescientos hombres desde el Gobernador al último soldado de una compañía completa de Infanteria de Marina allí destacada ? .... ¡ miedo dá el pensarlo !. La misma guarnición existe en Ponapé y en idénticas condiciones y por eso creemos que el asunto merece ser tenido en cuenta y no jugar con la vida de tantos seres desvalidos como hay allí. Reorganícese, pues, con presteza el valiosísimo servicio oficial de la Marítima,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 116 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;reanúdense las expediciones postales á Carolinas, ó por lo menos, una inmediata para el pronto auxilio, y, recojánse de Agaña las señoras, los niños y los empleados de nuestro gobierno que han quedado allí en el mayor de los desamparos. Lo repetimos, se imponen la justicia y la humanidad. Toda demora en esa gestión será acrecentar un mal que sin duda alguna pudiera transformarse en catástrofe."&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mis esperanzas casi en absoluto perdidas y algo enfermo de tanto trabajo y las contrariedades por mí vuelta á Marianas, que ya veía retrasado hasta Dios sabe cuando, me encontraba el día 8 de Septiembre en mí casa, cuando á eso de las once de la mañana entró buscándome un oficial americano diciendo que el General Otis sucesor de Merritt por la marcha de éste á París deseaba hablarme y me esperaba en el Ayuntamiento. Con muy mala gana pues suponía sería uno de los muchos líos que á diario había, fuí á ver que se le ofrecía á dicho Sr., y entrando en su despacho me alargó la mano y me hizo sentar á su lado, después me preguntó de sopetón "si quería ir á Marianas al día siguiente 9 de Septiembre en que salía el trasporte "Pennsylvania" para San Franciso de California, y si yo lo deseaba me llevaría á la Isla de Guajam "...... ¡¡ pataplum !!, un brinco terrible del corazón, cosquilleo general, sudor copioso y un si es ó no es de duda de que aquel hombre se estaba quedando conmigo.......&lt;br /&gt;Me contuve, disimulé, dudé un poco y contesté timidamente ......... lo que puede suponerse. Entonces me dijo que pasara á las oficinas del Estado Mayor donde me darían tres órdenes: una mí pasaporte según el cual se me abonaba también el viaje, otra órden para el Capitán del buque á fín de que me admitiera á bordo é hiciese escala en Guajam, y otra, en fín, para la lancha de vapor "Oeste" que á las dos de aquella misma tarde salía del muelle de la Capitanía del Puerto y debía llevarme á bordo del trasporte. Yo no se siquiera lo que le dije á aquel hombre, anciano ya, tan &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;simpático&lt;/span&gt; , para mí, con largas patillas blancas, sólo recuerdo que le pregunté á quién debía agradecer tan grande merced como se me hacia, y me contestó gravemente estrechándome la mano y despidiéndose: "To the American Goverment". Salí de allí, recogí aquellos tres valiosísimos papeles y bajé las escaleras de el Ayuntamiento pensando......, ¡ que se yo lo que pensaba, si hoy mismo es y todavía no me doy cuenta de ello....!. ¡ Un gran trasatlántico á mí disposición que iba á Marianas sólo para llevarme á mí !..... ¿ quién habría sido el que influyó con el General Otis para concederme tal beneficio ?.....&lt;br /&gt;¡ No podía ser aquello verdad !. Pero, si, yo leía aquellos papeles en inglés que llevaba en mí mano, el pasaporte, órden de llevarme á Guajam al Capitán Doxmed, órden para .... ¡ vamos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 117 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;una cosa de volverse loco de alegría !.&lt;br /&gt;Después de estar en la calle y serenarme un poco, y en vista de el escaso tiempo disponible pues eran ya las doce del día, corrí por aquellas calles de Manila y fuí á ver al General Montojo&lt;br /&gt;por si quería algo para la señora de Garcia Gutierrez, después á ver al General Tejeiro que enseguida me concedió la autorización para el viaje, luego al General Jaúdenes, que hizo lo propio, y en fín, al Inspector Sr.Casas de quién también me despedí contándole lo que había pasado.&lt;br /&gt;Llegué por fín á mí casa donde á escape escribí una carta á España dando la noticia de mí marcha á Marianas, tiré todos mis chismes en las maletas - no estaba el tiempo de arreglos - y me puse á comer un bocado para marchar enseguida al muelle. Estaba comiendo cuando tuve la alegría y la sorpresa consiguientes al ver entrar á mí compañero de Marianas el Capitán Duarte que acababa de llegar de Cavite y también fué casualidad en el mismo día y casi á la misma hora ellos llegaban y yo salía otra vez para nuestro antiguo sitio de destino. Según me dijo Duarte el motivo de su visita era que se habían decidido los prisioneros de San Felipe á firmar un documento al Capitán Glass en el que daban su palabra de honor de no hacer armas contra los Estados Unidos y no evadirse de Manila viviendo cada uno donde mejor les conviniera, me dijo también que habían venido todos los compañeros excepto Garcia Gutierrez que no había querido firmar el documento en cuestión. Sin duda el se quedó pensando que la España entera estaría en aquellos momentos preocupada pensando: ¡ "D. Paco no ha firmado" !.&lt;br /&gt;Me despedí del amigo Duarte que se quedó con el ánimo como puede suponerse; lo hice también de la familia Luengo sintiendo no poderlo hacer de mis buenos amigos y compañeros Blanco, Salazar, etc., y me fuí al muelle donde, en efecto, encontré enseguida la lancha "Oeste" que al poco rato me llevó á bordo de el "Pennsylvania". Allí fuí recibido por el 1º Oficial á quién entregué la órden de el General Otis y enseguida fuí instalado magníficamente en un hermosísimo camarote de todo lujo y donde iba yo solo. Dormí aquella noche á bordo y al día siguiente á las nueve de la mañana vino á despedirse el Teniente Coronel D.Juan Marina para entregarme notas y dinero para su familia, así como también otros encargos de Duarte, y á las 12 en punto el "Pennsylvania" levó anclas saliendo de la bahía con dirección á las bocas del Corregidor. Puedo asegurar firmemente, que hasta este preciso momento no llegué á tranquilizarme algo y no consideraba seguro mí viaje á Marianas: era tan grande la fortuna que había tenido, que temía á cada momento que algún obstáculo ó nueva contrariedad me hiciesen todavía perder aquella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- 118 -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún incidente digno de mención ocurrió durante el viaje. Así mismo creo también que no volveré á hacer ninguno en tan magníficas condiciones: perfectamente instalado como ya he dicho, un tiempo magnifico durante todo el trayecto, muy poco ó casi ningún pasaje y un servicio esmeradísimo por todos conceptos. En la cámara de 1ª no iban más pasajeros que un médico de el crucero de guerra "Baltimore" que regresaba á América con licencia, un 2º Teniente de Infanteria convaleciente de paludismo, Wiebert H.Hermand (Belvedere - Marin County - California ) y un estudiante de medicina que había venido de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;touriste&lt;/span&gt; en una de las expediciones y regresaba á su casa, Charles J.Boll - (393.4 Clay Street- San Francisco, California), los cuales constituian la pequeña tertulia de cubierta. Yo les acompañaba muchas veces pero, no podía remediarlo, era tal la impaciencia que me dominaba por llegar á Marianas que prefería pasear solo pensando que habría pasado en Agaña y sí no encontraría novedad en mí familia. Algo, me distraian también el Capitán Dorwod y el 1º Oficial Mr. Stonsland á quienes quedo agradecidísimo por su afectuoso trato y múltiples deferencias para mí. Este último me regaló este mismo cuaderno en que escribo.&lt;br /&gt;Por último, en la madrugada del día 17 de Septiembre ya pude distinguir la tan deseada Isla de Guajam. El Capitán me suplicó subiese con él al puente para indicarle cual era la punta de Orote de las que ya se distinguían en la Isla, y en fín á las ocho en punto de la mañana, el "Pennsylvania" echaba sus anclas próximamente en el mismo sítio en donde estuvo fondeado el "Charleston" aquellos tres memorables días 20, 21 y 22 de Junio. ¡ En que distintas condiciones me encontraba yo en aquel mismo sitio ahora !. Al poco tiempo me embarqué en el mismo bote del buque y media hora después abrazaba á mí familia que, por fortuna nada habían tenido que lamentar durante mí ausencia, sino la horrible pena de ésta, durante toda la cual no habían recibido noticia alguna ni de donde yo me encontraba. También tuve que presenciar con disgusto el dolor y la contrariedad de las otras familias de mis compañeros al verme llegar á mí solo, costándome gran trabajo convencerlas de que nada había pasado á aquellos. Hoy mismo, como he dicho antes que escribo estos renglones me parece un sueño todo lo que he pasado en esos tres meses de grandes impresiones y sobresaltos contínuos y no puedo menos de dar gracias á la Providencia por la suerte con que me ha favorecído. De Manila no he vuelto á saber nada hasta la fecha.&lt;br /&gt;Agaña á 21 de Octubre del año de 1898.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;                                HOJA DE SERVICIOS  (1892  - 1924)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;                              JOSÉ  ROMERO  AGUILAR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.892&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Admitido á oposiciones de ingreso en el Cuerpo de Sanidad Militar en 23 de Noviembre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.893&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nombrado Médico 2º del Cuerpo por R.O. de 23 de Marzo (D.O. nº 61) con la antiguedad de esta fecha.&lt;br /&gt;- Destinado al Hospital Militar de Zaragoza por R.O. de 29 de Marzo (D.O. nº 68), comunicado por el Director-Subinspector de Extremadura con fecha 31 del mismo mes.&lt;br /&gt;- Incorporado al Hospital Militar de Zaragoza á fines de Abril y prestando servicios en él hasta fines de Junio.&lt;br /&gt;- Destinado al Hospital Militar de Chafarinas por R.O. de 24 de Junio (D.O. nº 136).&lt;br /&gt;- Paso por Madrid y se me concedió una comisión del servicio para Zaragoza por un mes sin derecho a indemnización por R.O. de 13 de Julio.&lt;br /&gt;- Regreso á Zaragoza y viaje á Elorrio; vuelta á Zaragoza y Madrid.&lt;br /&gt;- Me fué concedida otra comisión del servicio para Madrid por un mes por R.O. de 31 de Agosto.&lt;br /&gt;- Destinado á Filipinas por R.O. á fines del mes de Septiembre (26 de Septiembre. D.O. nº 212).&lt;br /&gt;- Concedido un mes de prorroga de embarque por asuntos propios por R.O. de 29 de Noviembre (D.O. nº 267).&lt;br /&gt;- Concedida una comision de servicio por R.O. de 28 de Diciembre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.894&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Concedidos 15 días de prorroga en la comisión del servicio por R.O. de 24 de Enero.&lt;br /&gt;- Embarcado el día 2 de Marzo en Barcelona á bordo del vapor Sto.Domingo.&lt;br /&gt;- Desembarcado en Manila en 3 de Abril.&lt;br /&gt;- Destinado por la Capitanía General de Filipinas con fecha 21 de Abril á "Eventualidades del servicio en Manila y prestando servicio en el Hospital Militar de esta Plaza (Servicios de guardia y Salas de Medicina (Europeos). Dermatosis y viruela - Sala de Medicina Indígena - Vacunación).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.895&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;/span&gt;Destinado por la Capitanía General de Filipinas con fecha 1 de Febrero á la Enfermería Militar de Agaña.&lt;br /&gt;- Embarcado en Manila el 14 de Febrero á bordo del Vapor Vénus.&lt;br /&gt;- Desembarcado en Marianas el 24 del mismo mes. Servicios en la Enfermeria.&lt;br /&gt;- Puesto en posesión del empleo de Médico 1º de Ultramar por órden de la Capitanía General de Filipinas con fecha 21 de Mayo.&lt;br /&gt;- Declarado apto para el ascenso en la Península por R.O. de 11 de Junio (D.O. nº 160. Pág. 225).&lt;br /&gt;- Ascenso á Médico primero del Cuerpo por R.O. de 21 de Agosto (D.O. nº 185. Pág. 677), con antiguedad de 23 de Junio de 1895.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.896 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Continuo prestando servicio en la Enfermeria Militar de Marianas.&lt;br /&gt;- Destinado por la Capitanía General de Filipinas con fecha 29 de Febrero á la Estación sanitaria de Sungut. No me incorporé á este destino quedando como enfermo en Agaña.&lt;br /&gt;- Destinado por órden de 9 de Junio y en comisión á la Enfermería Militar de Agaña.&lt;br /&gt;- Destinado por órden superior en Agosto al Regimiento de Infantería de Línea nº 74. No me incorporé por falta de relevo. El Gobernador P.M. de Marianas ofició á la Capitanía General sobre este extremo reteniéndome en Agaña hasta que llegase el compañero encargado de sustituirme. Insurrección en Filipinas. Id. en los días 19 y 20 de Diciembre en Marianas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.897&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;- Continuo en tal situación prestando servicio en la Enfermeria Militar de Agaña, durante todo el presenta año.&lt;br /&gt;- Destinado por órden de la Capitanía General con fecha 13 de Diciembre á la Enfermeria Militar de Agaña, con destino efectivo en ésta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.898&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Continuo prestando servicio en la Enfermeria Militar de Agaña.&lt;br /&gt;- Destinado por órden de la Capitanía General de Filipinas con fecha 9 de Marzo á "Eventualidades" del servicio en Manila.&lt;br /&gt;- Concedida una Cruz roja de M.M. pensionada por R.O. de 4 de Febrero (D.O. nº 28. Pág. 613) por los sucesos de Marianas en Diciembre del 86.&lt;br /&gt;Mayo: Pasé revista en expectación de pasaporte no permitiéndome el Gobernador P.M. salir de Agaña sin que se hubiera presentado el Médico 1º encargado de relevarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Revista en la misma situación. Caí prisionero el día 21 y embarcado á bordo del Charleston saliendo de Marianas el día 22.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio:Llegué á Cavite el día 1º desembarcando el día 5 y trasladado como prisionero de guerra á la Real Fuerza de San Felipe. Puesto en libertad el día 29 en virtud del Convenio de Ginebra y llevado á Manila por el Cónsul de Bélgica.&lt;br /&gt;Presentado á el General Augústin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Destinado con fecha 1º á prestar mis servicios en el Hospital Militar de Malate, donde permanecí hasta el día 24, que fuí agregado al Cuartel General como intérprete y formando parte de la Comisión nombrada para facilitar cuanto se refería al Ejército español en sus relaciones con el Americano y solventar las dificultades de suministro, higiene y demás, permanecíendo en estos servicios hasta el día 8 de Septiembre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: Con fecha 8 de Septiembre á propuesta del General americano Mr. Otis y autorización de las autoridades españolas embarqué á bordo del vapor "Pennsylvania" con rumbo á Marianas. Llegado á este punto el día 17 del mismo mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre, Noviembre, Diciembre de 1898 y Enero de 1899:  Sin novedad en la Enfermeria de Agaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.899&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Embarcado en el crucero americano "Bermiyator" el día 14. Desembarcado en Manila el día 23 del mismo. Presentado al General Rios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Embarcado el día 13 á bordo del vapor "Alicante" con rumbo á España&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Desembarcado en Barcelona el día 14. Cobradas tres pagas de navegación correspondientes á los meses de Abril, Mayo y Junio. Paso por Madrid y llego á Badajoz el 24 del mismo mes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: En situación de excedente por disposición del General Subinspector de la 1ª Región, con fecha 23 de este mes, con residencia en Badajoz.&lt;br /&gt;- Destinado por R.O. de 26 de este mes (D.O. nº 115) al primer Batallón del Regimiento de Infantería de Ceuta nº 1 en plaza de plantilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Paso el mes en Badajoz, sin revista por tener cobrada la paga correspondiente que era una de las de navegación. No me ha sido expedido pasaporte para la incorporación á mí destino por causa de un error en la redacción de la R.O. en el D.O. que me consideraba como "excedente en la 7ª Región" en vez de en la 1ª. Reclamo verbalmente al Jefe de Estado Mayor del Gobierno Militar de Badajoz la rectificación de dicho error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Paso la revista en Badajoz "destinado al Regimiento de Infanteria de Ceuta nº 1" y en expectación de pasaporte enviando en su día oportuno los justificantes al Coronel de dicho Regimiento. Con fecha 24 y en vista de no habérseme expedido aún el pasaporte, lo reclamo de oficio al Gobierno Militar de Badajoz que á su vez lo hace de la Capitanía General de Madrid. El día 31 del mes me es entregado dicho pasaporte fechado en Madrid el día 28.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Paso la revista en Badajoz como "enfermo" y envío el justificante acompañado del oportuno certificado facultatívo al Coronel del Regimiento Ceuta nº 1.&lt;br /&gt;- Destinado al primer Batallón del Regimiento de Infanteria de Gravelinas por R.O. de 26 de Agosto (D.O. nº 189. Pág. 789 y 784) de fecha 29 de este mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: Día 1 incorporado al Regimiento. Servicio en el mismo durante el mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: Servicio de Plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: Sigo prestando servicio en el Regimiento citado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: Por disposición de la Capitanía General de Madrid, nombrado en comisión para los reconocimientos de reclutas en la Zona de Zafra. Desempeñada la comisión vuelvo al Regimiento el día 6 del citado mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año  1.900 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Continuo en el Regimiento de Gravelinas nº 41.&lt;br /&gt;Febrero, Marzo, y Abril: Lo mismo que el anterior&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Por disposición telegráfica del Capitán General, nombrado para actuar como Vocal interino en la Comisión mixta de Reclutamiento de Cáceres, saliendo para este punto el día 3 del mismo mes y desempeñando dicho cargo durante todo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Paso revista en la Comisión mixta hasta el día 17 del mismo mes en que terminada la citada comisión regreso á Badajoz en dicho día incorporándome al Regimiento y continuo mí servicio en el mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Continuo en el Regimiento. Servicio de plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Con fecha 7 salgo para Zafra en comisión con el Médico 2º Conde para actuar en un reconocimiento de un prófugo; desempeñada la comisión regreso á Badajoz el día 9 del mismo mes incorporándome al Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre: Continuo en el Regimiento. Servicio de plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.901&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Continuo en el Regimiento Gravelinas nº 41.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Lo  mismo que el anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Lo mismo que el anterior. Nombrado como oficial receptor para extraer dos reclutas con destino á la Brigada Sanitaria de la Zona de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Lo mismo que el anterior. Servicio de plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Con fecha 17 salgo para Cáceres en comisión para dirimir discordias en la C.MI. de aquel punto regresando el 19 al Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio, Julio, Agosto, Septiembre,Octubre,Noviembre y Diciembre: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.902&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Servicio todo el año en el Regimiento 41.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.903 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero, Febrero y Marzo: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Salgo el día 1 para Cáceres nombrado Vocal Médico de su Comisión Mixta permaneciendo allí hasta el 30 de Junio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio y Agosto: Servicio en el Regimiento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: Dos días en Cáceres á la Comisión Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: Dos días en Cáceres en la Comisión Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.904&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero Febrero y Marzo: Servicio en el Regimiento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Salgo el día 2 para Cáceres para actuar como Vocal de la Comisión Mixta, permaneciendo alí hasta el 30 de Junio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Tres días en Cáceres en la Comisión Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Tres días en Cáceres en la Comisión Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.905 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero, Febrero y Marzo: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril, Mayo y Junio: En Comisión en Cáceres como Vocal  de la Comisón Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Concesión de los 10 Años de efectividad en el empleo de Médico 1º.&lt;br /&gt;(atrasado -&gt; Con fecha 4 de Marzo recibo oficio del Jefe de Sanidad de Badajz trasladando otro de la Inspección en que se me comunica haberme sido anotado en la hoja de servicios que poseo el idioma inglés.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto, Septiembre, Octubre y Noviembre: Servicio en el Regimiento y varias Comisiones á Cáceres á la Mixta. Por R.O. de 24 de Noviembre del presente año (D.O. nº 263) fuí destinado al Regimiento de Cazadores de Villarrobledo 23 de Caballeria de guarnición en Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: Hecha mí presentación el día 1º en el Regimiento de Villarrobledo, comenzando mis servicios en el mismo hasta terminar el año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.906&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: En el Regimiento Villarrobledo.  Una Comisión á Cáceres el día 21. Otra id. en el día 30.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Servicio en el Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Lo mismo que el anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Marcho el día 1º á Cáceres, como Vocal de la Comisión Mixta durante todo el mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: En Cáceres lo mismo que el anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: En Cáceres lo mismo que el anterior, regresando el día 30 para incorporación al Regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Ascendido á Médico mayor por R.O. de 1 de Julio del presente con efectividad de 30 de Junio último (D.O. nº 142. Pág. 71).&lt;br /&gt;- Día 10: por disposición del Jefe de Sanidad de la Plaza, me hago cargo interinamente de la Clínica de Medicina de este Hospital y además sigo prestando servicio con el Regimiento de Villarrobledo.&lt;br /&gt;- Día 22: Destinado por R.O. de 20 de Julio de 1906 (D.O. nº 154. Pág.193) al Hospital Militar de Badajoz. (Sigo interinado la Clínica de Medicina y en el Regimiento de Villarrobledo hasta fín de mes).&lt;br /&gt;- Día 27: Marcho á Cáceres en comisión del servicio á reconocer un sargento de la G.C. procesado, regresando el 29.&lt;br /&gt;- Día 30: Me hago cargo definitivamente y en propiedad de la Clínica de Medicina del Hospital de Badajoz, é interinamente de la Jefatura de servicios y de la Clínica de Comprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Continuo con los mismos servicios en el Hospital de Badajoz: Clínica de Medicina y Comprobación, entregando la Jefatura de servicios el día 31 al Médico Mayor Sr. Peralta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: De servicio en el Hospital Militar de Badajoz, Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: El mismo servicio. Marcho á Cáceres en comisión de servicio, á reconocimientos ante la Comisión Mixta el día 8 volviendo el 9 (tres días).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: Servicio en el Hospital Militar de Badajoz. Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: El mismo servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.907&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero, Febrero, Marzo y Abril: Servicio Hospital Militar de Badajoz. Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Lo mismo. Comisión á Cáceres á dirimir discordias ente la Comisión Mixta. Salida el día 8 y regreso el 11, cuatro días. Nueva comisión á Cáceres á dirimir discordias ante la Comisión Mixta. Salida el día 30 y regreso el 1 de Junio, tres días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Día 2: Presentación al General Inspector, para pasar la revista de Inspección. Reclamé y me fué anotado en la Hoja de servicios poseer el idioma inglés, que no tenía consignado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Servicio en el Hospital Militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Lo mismo. Comisión á Olivenza á reconocer un soldado de Villarrobledo. Salida el 24 y regreso el 25, dos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre: Servicio en el Hospital Militar.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.908&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;De Enero á Diciembre, año completo: Servicio en el Hospital Militar de Badajoz.Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.909 &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero y Febrero:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hospital Militar de Badajoz.Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: día 20: Nombrado para Observación de útiles condicionales ante la Comisión Mixta de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Servicio en el Hospital como siempre y además la observación de útiles condicionales.&lt;br /&gt;- Día 27: Instancia á S.M. y presentación de mí obra "La Higiene Profiláctica en el Ejército".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo, Junio y Julio: Servicio de Hospital y observación de útiles condicionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Destinado por R.O. del día 11 de este mes, en comisión y sin perder el actual destino, al Hospital Militar de Córdoba. Salida de Badajoz el 14. Presentación en Córdoba el 15. Destino Salas de Medicina en dicho Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre: Servicio en el Hospital Militar de Córdoba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año 1.910&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Continuo en comisión en el Hospital Militar de Córdoba. Por R.O. de 28 de Enero (D.O. nº 22) ceso en la comisión y se ordena la incorporación á mí destino de plantilla. Finalizo el mes en expectación de pasaporte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Revista en Córdoba en expectación de pasaporte. Salida de Córdoba el 6. Presentación en Badajoz el 7. Servicio en el Hospital desde el 8, sala de Cirugía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Servicio Hospital de Badajoz. Nombramiento por el Capitán General, fecha 16, de Vocal Médico de la Comisión Mixta de Reclutamiento de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Servicio Hospital Militar de Badajoz. Clínicas de Cirugía y Venº. Comisión mixta todo el mes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Termino la Comisión Mixta el día 4. Día 5 paso al servicio en la Clínica de Medicina en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio y Julio: Servicio en la Clínica de Medicina del Hospital.&lt;br /&gt;Por R.O. del presente mes (D.O.nº 167. Pág.377 y siguientes) se me concede la Cruz Blanca de 2ª clase del m.m. pensionada con el 10 por 100 del sueldo.&lt;br /&gt;Incluyo copia de la citada R.O.&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;Excmo. Sr: El Rey (q.D.g) de conformidad con el informe emitido por la Inspección general de los establecimientos de Instrucción é Industria militar, que á continuación se inserta, ha tenido á bién conceder al médico mayor de Sanidad Militar D. José Romero Aguilar, la cruz de segunda clase del Mérito Militar con distintivo blanco, pensionada con el 10 por 100 del sueldo de su actual empleo, hasta su ascenso al inmediato, como comprendido en las disposiciones que en el referido informe se mencionan.&lt;br /&gt;De real órden lo digo etc. Madrid 31 de Julio de 1910. Aznar.&lt;br /&gt;Informe que se cita:&lt;br /&gt;Hay un membrete que dice: "Inspección General de los Establecimientos de Instrucción é Industria militar." - Excmo. Sr: - De real órden fecha 2 del mes anterior, se remitió á informe de esta Inspección General la instancia que eleva el médico mayor de Sanidad Militar, D.José Romero Aguilar, en súplica de recompensa por la obra de que es autor, titulada "La Higiene profiláctica en el Ejército", acompañándose un ejemplar de la misma, escrito del Capitán General de la Primera Región, informe emitido por un médico nombrado por el Inspector de Sanidad de la misma, otro de la Junta facultativa del Cuerpo y copias de las hojas de servicios y de hechos del interesado. - Al cursar la instancia el referido Inspector, y al márgen de la misma, dice, que de acuerdo con lo expuesto en el informe emitido de su órden, considera el trabajo de mérito científico, y por tanto comprendido en el Art. 3º del Reglamento de recompensas en tiempos de paz. - El libro consta de VII y mil tres cuartillas mecanografiadas dedicadas las siete primeras al prefacio é índice, y las dos últimas á bibliografia. Se divide en 25 capítulos en los que se ocupa de un modo claro y sencillo de las materias siguientes, todas ellas dignas de estudio. - Fiebre tifoidea. Paludismo. Disenteria, diarreas. Cólera. Peste. Tuberculosis. Difteria, anginas no diftéricas, y fiebres eruptivas. Grippe, bronquitis y pneumonía. Venereo y sífilis. Agua potable. Análisis de aguas potables, especialmente en campaña. Purificación de las mismas. Aire. Alimentación del soldado. Substancias alimentícias en el Ejército. Vestuario y equipo. Alojamientos. Educación física del soldado. Higiene personal. Marchas. Campamentos. La higiene en los mismos. La desinfección: El servicio médico en tiempo de paz, y los servicios de higiene en campaña. - En el informe del médico mayor Urrutia y Castro, se hace un detenido exámen de todos y cada uno de los capítulos mencionados, mereciendo transcribir de él lo siguiente: - "Entendemos viene á llenar un vacio en la literatura médico - militar española, principalmente, pues si bién distinguidos compañeros le han precedido en algunas de las cuestiones que en su trabajo expone, tiene éste una labor de recopilación muy útil para el médico militar, pues en una obra relativamente sucinta, se encuentra todo lo más nuevo y provechoso que en materia de profilaxis es conveniente saber para la conservación de la salud del soldado, lo mismo en paz que en campaña, y hasta tal punto es así, que bién se la podría considerar como una obra didáctica, con síntesis de clara exposición y práctica ordinaria, en los capítulos que la integran, para redactar y dotar á cada soldado de una especie de cartilla higiénica que facilmente le ilustrara en relación con su vulgar cultura" , y termina diciendo, refiriéndose á lo que podría y debía hacerse en asuntos de higiene para las tropas en campaña: "De las razones expuestas deduce el autor la necesidad de que en el Cuartel General de todo ejército en funciones de campaña, operaciones, etc.,etc., se destinen algún jefe y oficial del cuerpo, de reconocida competencia en las cuestiones de laboratorio y bacteriología, cuya única misión sea la de prácticar los análisis de todo aquello que pueda calificarse de sospechoso, patologicamente hablando; servicios son estos, que tienen su dotación en otros ejércitos, como el inglés y el aleman, siendo de esperar se apliquen en el nuestro." - La Junta facultativa de Sanidad Militar, al informar, hace extensas consideraciones relativas á la importancia grandísima que tienen todos los asuntos higiénicos tratados por el autor, pues plantea el fundamental problema biológico de sostener y aumentar, en lo posible, las energías orgánicas del hombre, en la constante lucha con los medios que le rodean, para lo cual, es de la mayor utilidad el concurso que le prestan todos los adelantos profilácticos conquistados por la ciencia, terminando con los laudatorios juicios que á continuación se copian: " En resúmen, el libro del médico mayor Sr.Romero Aguilar es de una utilidad indiscutible, por recopilar, prévia una inteligente selección y exposición como de quién conoce á fondo los asuntos que trata, todas las cuestiones de profilaxia, de importancia inmensa para la salud de las tropas; y de tanto más mérito é interés, cuanto que puede considerarse como la única obra española, actualmente existente, que agrupe y estudie, bajo el punto de vista de aplicación al Ejército, los grandes problemas de profilaxia colectiva é individual" , por todo lo cual estima al autor digno de recompensa. - De su historial, resulta que cuenta más de 16 años de efectivos servicios, con muy buena conceptuación; que ha desempeñado, entre otras comisiones, la de agregado al Estado Mayor del General Jaúdenes, en Filipinas, como médico é intérprete, y la de higiene y relaciones con el Gobernador americano del la Plaza de Manila, para resolver en todos los asuntos que se suscitaran entre los dos gobiernos y que está en posesión de una cruz de 1ª clase del Mérito Militar con distintivo rojo, pensionada.- Poco se puede agregar para poner de manifiesto que se trata de un jefe distinguido, que la obra de que es autor es un modelo en su género, pues abarca todo lo que hoy se encuentra repartido en múltiples volúmenes, tanto nacionales como extranjeros, y que tan extraordinario trabajo ha necesitado años de constante aplicación y estudio, demostrando una laboriosidad grande, acreedora, por todos conceptos, de distinguido premio, por la utilidad que ha de reportar á los que, estudiando los adelantos de tan principal ramo de la medicina, los apliquen al bién del soldado, sano ó enfermo, á fín de curar ó evitar las infinitas causas de morbosidad con que constantemente está en lucha; y del mismo modo que se ha podido reducir la mortalidad en nuestro Ejército debe procurarse disminuir el crecido número de enfermos que ingresan en nuestros hospitales con enfermedades de las llamadas evitables y que son las que mayor gasto ocasionan al Estado, por el tiempo que se tarda en su curación. Llegar á este resultado es lo que se ha propuesto el autor, al escribir tan instructivo libro, y en virtud de cuanto queda dicho, la Junta de esta Inspección general apreciando de igual modo que en los anteriores informes los laudables y beneficiosos méritos del trabajo, lo considera dentro del caso 10º del Art. 19 del vigente reglamento de recompensas en tiempo de paz, y por unanimidad estima que el Médico mayor de Sanidad Militar D. José Romero Aguilar se ha hecho acreedor á la concesión de una cruz de segunda clase del Mérito militar con distintivo blanco, pensionada con el 10 por 100 del sueldo de su actual empleo hasta su ascenso al inmediato. - V.E., no obstante, resolverá lo que estime más acertado. - Madrid 27 de diciembre de 1909. - El Coronel de E.M. secretario, José Villar. - Rubricado. - Vº Bº - P.A. - El General de Brigada, Gumersindo de Sierra. - Rubricado.- Hay un sello que dice: - "Inspección General de los Establecimientos de Instrucción é Industrias militares".&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto, Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre : Servicio en el Hospital Militar de Badajoz. Clínica de Medicina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Año de 1.911 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero:Servicio en el Hospital Militar de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero:- Día 4: Comisión á Madrid, nombrado por el Capitán General de la Región, á propuesta del Gobernador Militar de Badajoz, según R.O. de 5 de Enero, para estudiar las prácticas del 606. Permaneciendo en Madrid hasta el 22 por la noche. Llegada á Badajoz el 23. 20 días de indemnización.&lt;br /&gt;- En la Inspección me entregan comunicación del Excmo. Sr.Comisario Regio, Presidente de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española, de fecha 26 de Enero de 1911, por la que se me concede la Medalla de Oro de dicho Instituto, por mis servicios en Córdoba durante la campaña de Melilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo:- Día 2: Nombrado por el Director del Hospital para el reconocimiento de reclutas en la Caja de Badajoz. Efectuado dicho servicio.&lt;br /&gt;-Día 7: Instancia el Rey solicitando el uso sobre uniforme de la Medalla de Oro de la Cruz Roja.&lt;br /&gt;-Día 28: Nombrado por R.O. telegráfica del 23 del natural, Vocal de la Comisión Mixta de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Abril á Diciembre de 1911 : Servicio en el Hospital y Comisión Mixta.&lt;br /&gt;En Agosto de 1911 por R.O. comunicada por el Capitán General de la Región se me concede el uso, sobre el uniforme, de la Medalla de Oro de la Cruz Roja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año de 1.912 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Servicio en el Hospital Militar de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Lo mismo y reconocimento reclutas caja de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Nombrado Vocal Médico de la Comisión Mixta de Reclutamiento de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Servicio en el Hospital y Comisión Mixta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Lo mismo que el anterior (terminada la C.M. el día 31).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Junio á Diciembre de 1912: Servicio en Hospital Militar de Badajoz.&lt;br /&gt;Recibida cartera de identidad  Nº 22.556 ( 27-11-912).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año de 1.913&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Servicio en Hospital Militar de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Lo mismo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Lo mismo ( Día 23 : 20 años de servicio)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Lo mismo y Comisión Mixta de Reclutamiento, continuando en ésta con el mismo nombramiento del año anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Lo mismo y Comisión Mixta (terminó ésta el día 9).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Junio á Diciembre de 1913: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servicio en Hospital Militar de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.914&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: - Día 10: Servicio en el Hospital. Nombrado para el reconocimiento de reclutas en la Caja de Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Hospital. Paso á la Jefatura de Servicios y Clínica de Comprobación por ascenso de D. Fernº. P. de la Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Servicio en el Hospital. R.O. de día 28 destinándome á la Comprobación de útiles condicionales en la Comisión Mixta de Cáceres. Día 31: entrego los inventarios y la Jefatura de Servicios del Hospital de Badajoz al Médico Militar D.Cándido Navarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Día 1: Revista en Badajoz y salgo por la tarde para Cáceres. Presentando en ésta: Servicio de Observación de útiles condicionales durante todo el mes con D.Ambrosio V.Sagra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Continúo en la citada Comisión en Cáceres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Continua lo mismo. Terminada el día 30 y regreso á Badajoz por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: - Día 1. Presentación oficial, y con esta fecha me hago cargo de la Jefatura de servicios del Hospital y de la Dirección accidental del mismo, más la Jefatura de Sanidad de la Plaza, por cese y ascenso de le Subinspector D.Indalecio Blanco. Servicio de la Clínica y la de Comprobación.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- Día 20. Entrego la Dirección y Jefatura de Sanidad al Subinspector de 2ª. D.Jerónimo Peralta, siguiendo en la Jefatura de servicios, Medicina y Comprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Agosto á Diciembre: Servicio en el Hospital:  Jefatura de servicios, Clínica de Medicina, oficiales y Comprobación.&lt;br /&gt;(En el mes de Diciembre me conceden las indemnizaciones de mí pasada comisión en Cáceres.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.915&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Servicio en el Hospital. Salas Medicina y Comprobación. R.O. 13 de Enero (D.O. nº 10. Pág.95)&lt;br /&gt;"Vista la memoria presentada por el médico mayor de Sanidad Militar D. José Romero Aguilar, dando cuenta del resultado de sus trabajos en el año 1912 como Vocal de la Comisión Mixta de reclutamiento de la provincia de Badajoz, el Rey (q.D.g) de acuerdo con lo propuesto por la Junta de Secretaría de este Ministerio, y por resolución de 7 del actual, ha tenido á bién conceder al citado jefe mención honorífica, como comprendido en el art. 16 del reglamento de recompensas en tiempos de paz. De R.O. lo digo á V.E. para su conocimiento y demás efectos. Dios, etc. Madrid 13 de Enero de 1915: Echagüe : Señor Capitán General de la 1ª Región."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Febrero á Agosto: Servicio Hospital: Medicina y Comprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: Ascendido á Subinspector Médico de 2ª por R.O. del 3 de este mes (D.O. nº 197. Pág. 785), con efectividad de 14 de Agosto.&lt;br /&gt;- Día 20: Hago entrega de la Jefatura de servicios Clínica de Medicina y Clínica de Comprobación del Hospital de Badajoz al Médico Mayor D.Joaquin Aspiroz.&lt;br /&gt;- Día 25: Destinado por R.O. de 22 de Septiembre (D.O. nº 213. Pág. 991) , á la asistencia del personal de plana mayor de la Capitanía general de la sexta Región y Subinspección (Burgos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: - Día 1: Paso revista de Comisario en expectación de pasaporte enviando justificante á Burgos.&lt;br /&gt;- Día 16: Instancia al Rey solicitando ser admitido al concurso anunciado en R.O. de 12 actual (D.O. nº 230) para Profesor de Higiene en la Escuela Superior de Guerra. Acompaña á la instancia una copia legalizada de la R.O. de mí Cruz pensionada; y envio estos documentos oficialmente, para su curso á la Inpección de Burgos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: - Día 3. Revista de Comisario por enfermo, enviando justificante á Burgos acompañado certificado de enfermo que me fué expedido en el Hospital de Badajoz el 29 de Octubre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre - Día 1: Revista de Comisario 2º mes por enfermo, enviando justificante y certificado á la Inpección de Burgos.&lt;br /&gt;- Día 8: Destinado por R.O. de 7 de este mes (D.O. nº 276. Pág. 736), al Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;- Día 14: Con esta fecha solicito de oficio al Gobernador Militar de Badajoz nuevo pasaporte para mí incorporación á Málaga, devolviendo el que me fué entregado para Burgos.&lt;br /&gt;- Día 27: Con esta fecha recibo del Gobierno Militar de esta Plaza pasaporte para mí incorporación á Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.916&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: - Día 1: No paso revista en Badajoz, esperando hacerlo en Málaga el día 20. (Dejo firmado, sin embrago, un justificante á Móner, en marcha, por si en Málaga hubiera dificultades.&lt;br /&gt;- Día 10: Salgo de Badajoz para Málaga. Llegada 11 tarde.&lt;br /&gt;- Día 12: Presentaciones oficiales: Gobernador Militar, Marina y Hospital. Me hago cargo de la Jefatura de Servicios.&lt;br /&gt;- Día 20: Revista de Enero como presente en Málaga por justificante de el Hospital.&lt;br /&gt;- Día 21: Instancia al Capitán General de la 1ª Región pidiendo pasaporte para mí familia de Badajoz á Málaga, y cursada por la dirección del Hospital.&lt;br /&gt;- Día 25: Solicito permiso (de oficio, lo hace el Director del Hospital) para recoger la familia en Badajoz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Revista el día 1 presente en el Hospital Militar.&lt;br /&gt;- Diá 16: Salida de Málaga para Badajoz con 10 días de permiso concedido por el Capitán General de la Región.&lt;br /&gt;- Día 26: Llegada á Málaga desde Badajoz, con la familia, presentación el 27 y cargo de la Jefatura de Servicios en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Servicios en el Hospital (23 años de servicio)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Abril á Septiembre: Servicios en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: - Día 1: Recibido telegrama del Jefe de la Sección que dice "Sus especiales condiciones me hacen pensar su designación para cargo de honor delicada Comisión indemnizable Alemania. No precisa conocer idioma. Conteste urge aceptación en la que confio". Contestaría aceptación en el mismo día.&lt;br /&gt;- Día 3: Orden para que remita á Madrid con toda urgencia dos retratos tamaño de la cartera militar.&lt;br /&gt;- Día 11: Recibida comunicación del Director del Hospital que dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;" El Excmo. Sr. General Gobernador Militar de esta Plaza en escrito nº 9171 fecha de ayer me dice lo siguiente: Excmo. Señor: Por el ministerio de la Guerra sección de Sanidad en 6 del actual se os comunica la R.O. siguiente: Excmo. Sr: El Rey (q.D.g) ha tenido á bién conceder una comisión del servicio para Alemania, por tiempo indeterminado, al Subinspector Médico de 2ª clase de Sanidad Militar D.José Romero Aguilar, con destino en el Hospital de Málaga, el cual marchará á Berlín con toda urgencia á cooperar á las órdenes del Embajador de S.M. en dicha Capital en la misión de protección de los prisioneros de guerra. Es asimismo la voluntad de S.M. que dicho Jefe Médico disfrute durante el tiempo que dure esta comisión además de los devengos que por su situación y destino actual le corresponden, la gratificación anual de 22.500 pesetas, haciendo el viaje hasta la frontera por cuenta del Estado y abonándole los viáticos reglamentarios desde esta á Berlín, todo ello con cargo al art. y Capítulo correspondiente del presupuesto vigente: De R.O. lo digo á V.E. para su conocimiento y demás efectos. Lo traslado á V.S. con inclusión del pasaporte á los fines que se ordenan dándome cuenta de la marcha. Y yo á V. con inclusión del pasaporte y á los efectos expresados, se servirá hacer entrega de la Jefatura de Servicios al Médico Mayor D.Juan Planelles Ripoll al que por Reglamento le corresponde. Dios, etc. Málaga 11 Octubre 1916 - El Director - Eduardo Anistoy".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 12 y 13: Hago entrega de la Jefatura de Servicios del Hospital al Médico Mayor D.Juan Planelles.&lt;br /&gt;- Día 23:Detenido hasta esta fecha, hasta la remisión de fondos por el Habilitado. Salida de Málaga en este día.&lt;br /&gt;- Día 24: Llegada á Madrid. Presentaciones y refrendo de pasaporte militar. Recibido pasaporte diplomático del Ministerio de Estado.&lt;br /&gt;- Día 28: Salida de Madrid. Paso de la frontera francesa por Hendaya el día 29. Llegada á París el 30. Presentaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: - Día 1: Revista en París. Salida el día 2 noche. Paso de la frontera suiza por Pontarlier el día 3. Llegada á Berna.&lt;br /&gt;- Día 7: Salida de Berna : Vía &lt;/span&gt; &lt;em&gt;Zurück&lt;/em&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; - Schaffhausen - Stuttgart - Berlín. Llegada á Berlín el día 8. Presentaciones. Permanencia en Berlín en expectación de permisos del Gobierno aleman para visitar campamentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre. En Berlín. Lo mismo que el anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.917 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Berlín. - Día 8: Visita del Campamento de Oficiales de &lt;/span&gt; &lt;em&gt;Blankenburg.&lt;br /&gt;- Día 11: Visita del Campamento de tropa de Münchenberg.&lt;br /&gt;- Día 15: Visita del Campamento de tropa de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Döberitz.&lt;br /&gt;- Día 29: Visita del Campamento de tropa de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Wittenberg.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: - Día 7: Recibida órden y permisos para ir destinado á la zona de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Frankfurt afM.&lt;br /&gt;- Día 22: Salida de Berlín. Llegada á &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Frankfurt el día 23: Presentaciones Consulado y General Konmand del XVIII Cuerpo. Inspección Gral. Prisioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: - Día 1: Visita del Campamento Oficiales de Mainz.&lt;br /&gt;- Día 2: Visita Campamento tropa y Lazareto de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Darmstadt.&lt;br /&gt;- Día 3: Visita Campamento tropa (rusos) de Worms.&lt;br /&gt;- Día 14: Visita Campamento Oficiales de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Friedberg.&lt;br /&gt;- Día 15: Visita Campamento tropa y Lazareto de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Giessen.&lt;br /&gt;- Día 16: Visita Campamento Oficiales de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Weilburg.&lt;br /&gt;- Día 17: Visita Campamento tropa y Lazareto de &lt;/em&gt; &lt;em&gt;Meschede.&lt;br /&gt;- Día 23: (24 años de servicios día por día)&lt;br /&gt;- Día 24: Permiso particular para Berlín. Estancia en Berlín hasta 12 de Abril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: - Día 13. Regreso á &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Frankfurt&lt;/em&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;.&lt;br /&gt;- Día 19: Visita Campamento Oficiales de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Würzburg.&lt;br /&gt;- Día 21: Visita Campamento tropa de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Würzburg.&lt;br /&gt;- Día 24: Visita Campamento tropa de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Hammelburg.&lt;br /&gt;- Día 28: Visita Campamento tropa de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Aschaffenburg.&lt;br /&gt;- Día 30: Recibida órden telegráfica trasladarme á Berlín con residencia fija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo 2: Salida &lt;/em&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;em&gt;Frankfurt&lt;/em&gt;&lt;em&gt;. Llegada Berlín el 3; presentaciones. Recibido oficio nombramiento Jefe de la Cancillería de la Oficina de prisioneros de guerra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Embajada de España en Berlín. Comisión Militar. El Excmo. Sr. Embajador en comunicación fecha 1 del actual recibida en el día de hoy me dice lo que sigue: Muy Señor mío: Por convenir así al mejor servicio ruego á V.S. se sirva encargar al Sr. Subinspector de Sanidad Militar de 2ª clase Don José Romero Aguilar, de la dirección de la Cancillería de la Oficina de prisioneros de guerra en colaboración con V.S. como Jefe de la Comisión Militar de Inspección de campamentos. : Lo que tengo &lt;/em&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;el gusto de trasladar á V.S. para su conocimiento y fines consiguientes como confirmación de la órden verbal que en 1º de este mes le trasmití por encargo de la Embajada. Dios guarde á V.S. muchos años. Berlín 24 de Mayo de 1917. Juan G. Gupi. Sr. D. José Romero Aguilar, Subinspector Médico de 2ª de Sanidad Militar, en esta Comisión."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toma de posesión de dicho cargo, Büro &lt;/span&gt;&lt;em&gt;Lützowstr  31.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio: Servicio en la citada Jefatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio y hasta fin de año, lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.918&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero y Febrero: Lo mismo que el anterior&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: 25 años de servicio, día por día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril á fín de año, lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: R.O. de 18 de este mes (D.O. nº 287), concediéndome la Cruz de San Hermenegildo, con la antiguedad de 7 de Marzo de 1918.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.919&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Lo mismo que el anterior&lt;br /&gt;- Día 31: Oficio de despedida del Sr. Embajador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Embajada de España en Berlín: Muy Señor mío: Al cesar en el cargo de Embajador de S.M. en Alemania y encargar de la Gerencia de la Embajada al Ministro Residente en Comisión en Berlín, Señor Don José Gil Delgado, me es sensible ver terminar nuestras relaciones oficiales, y grato manifestar á V.S. y á los empleados á sus órdenes mí satisfacción por el celo, inteligencia y actividad que ha demostrado en el desempeño de su cargo especialmente en las circunstancias difíciles que hemos atravesado en estos últimos años. Dios guarde á V.S. muchos años. Berlín 31 de Enero de 1919. Polo. Señor Teniente Coronel Médico Don José Romero".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Disolución del &lt;/em&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Büro &lt;/span&gt;&lt;em&gt;Lützowstr 31, y entrega de Cuentas del mismo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Recibido pasaporte para España. Solicitud de la Misión militar francesa é inglesa paso directo á Francia.&lt;br /&gt;- Día 23: 26 años de servicio, sin abonos.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;- Día 24: Salida de Barlín.&lt;br /&gt;- Día 25: Llegada y estancia en Colonia.&lt;br /&gt;- Día 26: Salida. Trier y Metz&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;- Día 27: Llegada á Paris. Estancia hasta el 31.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: - Día 1: En viaje, Hendaya - Irún.&lt;br /&gt;- Día 2: Llegada Madrid. Presentaciones y pasaportes, estancia hasta el día 5.&lt;br /&gt;- Día 6: Llegada á Málaga; presentaciones el día 7 y toma de posesión de mí antiguo destino en la Jefatura de servicios del Hospital Militar.&lt;br /&gt;- Día 25: Recibida carta del Secretario particular de S.M. el Rey, remitiendo credencial de: "Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica con reducción de gastos, como testimonio de su Real aprecio y en atención á los servicios por Vd. prestados á las órdenes de la Embajada en Berlín para la visita de Campamentos de prisioneros. Fecha de la concesión de 8 de Marzo de 1919. "&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril, Mayo y Junio: Servicio en el Hospital de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio: Recibida comunicación en día 11 que dice:&lt;br /&gt;"El Excmo. Sr. Inspector de Sanidad Militar de la Segunda Región en oficio nº 1860 de fecha 8 de los corrientes me dice lo que sigue:&lt;/em&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; El Excmo. Capitán General de esta Región en oficio Negociado 1º fecha de ayer me dice lo que sigue: Excmo. Sr. Por le Ministerio de la Guerra Subsecretaría 3º Negociado en 23 del anterior se me comunica la R.O. siguiente. - Excmo. Señor. - El Rey (q.D.g) por resolución nº 18 del mes actual (Junio) ha tenido á bién conceder la Cruz de 2ª clase del Mérito Militar con distintivo blanco al Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar, y la de 1ª clase de igual órden y distintivo al Capitán de Artillería Don José Carranza Gomez por los extraordinarios servicios prestados formando parte de las Comisiónes de Inspección de los Campamentos de prisioneros en Alemania, considerándolos comprendidos en el artículo 23 en relación con el 19 del Reglamento de recompensas en tiempo de paz. De Real Orden lo digo á V.E. para su conocimiento y efectos por lo que respecta al Teniente Coronel Médico D. José Romero Aguilar. Lo que traslado á V.S. para su conocimiento y del interesado. Y yo lo hago á V. para su conocimiento y satisfacción. - Dios guarde á V. muchos años. - Málaga 11 de Julio de 1919. El Director: Felicísimo Cadenas: Señor Teniente Coronel Médico D. José Romero Aguilar."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: - Día 4: Recibida comunicación que dice:&lt;br /&gt;"El Excmo. Señor Inspector de Sanidad Militar de esta Región en escrito 2082 de 2 del actual me dice: El Excmo. Señor Capitán General de esta Región en oficio Negociado 1º de 20 de Julio último dice á esta Inspección lo que sigue. - Excmo. Sr: Por el Ministerio de la Guerra Sección de Sanidad en 22 del actual se me comunica la R.O. siguiente. - Excmo. Sr. : En R.O. del Ministerio de Estado de 10 de Febrero último se dice á éste de Guerra lo siguiente. - Excmo. Señor.: El Embajador de S.M. que ha sido en Berlín Don Luis Polo de Bernabé, en despacho que dirige á este Ministerio con fecha 31 de Enero último, dice lo que sigue: En cuanto al personal militar, debo manifestar que ha cumplido satisfactoriamente su penoso cometido bajo la acertada Jefatura, primero del Coronel y ahora General , Don Juan Gonzalez Gupi, y actualmente del Comandante Don Benito Sarta, habiéndose distinguido especialmente en el servicio de visitas por su actividad y celo el Teniente Coronel Médico Romero, los Comandantes Buez, Requena, Adrados, los Médicos Mayores de la Armada Gutierrez y el del Ejército Delcito, Capitanes Médicos Ferratger y Murillo, Capitán de Caballería Ordorán, Teniente Auditor Samso y Teniente de Artillería Carranza. Lo que de R.O. comunicada por el Excmo. Sr. Ministro de la Guerra lo traslado á V.E. para su conocimiento y anotación en la hoja de servicios del Teniente Coronel Médico D. José Romero Aguilar que tiene su destino en el Hospital Militar de Málaga. Lo traslado á V.E. para su conocimiento y demás efectos: Lo que tengo el honor de transmitir á V.S. para su conocimiento y efectos consiguientes: Y yo lo hago á V. para su conocimiento y satisfacción con lo que respecta á su actividad y celo desempeñado en sus distinguidos servicios en Berlín. Dios guarde á V. muchos años. Málaga 4 Agosto de 1919: El Jefe de Sanidad: Felicísimo Cadenas: Señor Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 5: Con motivo de ausencia oficial del Coronel Director del Hospital, me hago cargo hoy fecha de la Dirección accidental del Hospital y Jefatura de Sanidad de la Plaza, cesando en los mismos cargos el día 28 del corriente por regreso del referido Jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: día 12: Nombrado por órden telegráfica de el Capitán General de la Región, encargado dela Observación de los mozos. Comisión Mixta de esta Provincia. Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre Noviembre y Diciembre : Lo mismo. En Diciembre ceso en la citada Observación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.920&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero y Febrero: Servicio en el Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: - Día 19: Firmé la hoja anual de hechos; me anotan en ella el idioma aleman.&lt;br /&gt;- Día 23: Cumplo 27 años de servicios día por día y 8 de carrera: 35 años completos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril, Mayo y Junio: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servicio en el Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Julio: Preguntado por la Inspección &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;las fechas de mí aptitud para el ascenso en los distintos empleos. Contestado de oficio con las fechas siguientes:&lt;br /&gt;Para ascenso á Médico 1º R.O. 11 Julio 1895 (D.O. 160)&lt;br /&gt;Para ascenso á Médico Mayor 10 Noviembre 1902 (D.O. 252)&lt;br /&gt;Para ascenso á Subinspector 2ª 16 Junio 1909 (D.O. 132)&lt;br /&gt;Para ascenso á Subinspector 1ª 16 Abril 1918 (D.O. 85)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: Servicio en el Hospital. Formé parte de la Comisión para elección de terrenos para la construcción de de un Cuartel de Infanteria en Malaga.&lt;br /&gt;Por R.O. de 24 de este mes (D.O. nº 190) me es concedido un quinquenio (500 pts) de antiguedad en el empleo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre, Octubre y Noviembre: Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;El 26 de Noviembre por retiro forzoso del Coronel Médico D.Felicísimo Cadenas, me hago cargo con fecha 27 de la Dirección del Hospital y Jefatura de Sanidad de la Plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre:Lo mismo. Desempeño durante todo el mes la Jefatura de servicios y la Dirección interina y Jefatura de Sanidad de la Plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.921&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Servicio en el Hospital Militar de Málaga. Jefatura de Servicios y Dirección interina hasta el día 20 en que hago entrega de la Dirección del Hospital y Jefatura de Sanidad de la Plaza al Coronel Médico D.Victor Garcia Iparraguirre nombrado por R.O. en Diciembre de 1920, é incorporado en dicha fecha de 20 de Enero de 1921.&lt;br /&gt;- Día 25: Recibida comunicación que dice:&lt;br /&gt;"El Excmo. Señor General Gobernador Militar de esta Plaza en escrito nº 1.071 de fecha de ayer me dice: El Excmo. Señor Capitán General de la Región en fecha 20 del actual dice: Excmo. Señor: Por el Ministerio de la Guerra, Subsecretaría tercer Negociado en 31 de Diciembre se me comunica la R.O. siguiente: Excmo. Señor: De Real Orden comunicada por el Señor Ministro de la Guerra y á fín de que se haga llegar á poder de los agraciados, remito á V.E. diploma é insignias de la medalla del Reconocimiento Francés que se les ha concedido á los Oficiales que se expresan en la adjunta relación que empieza con el Capitán de Caballeria Don José Carranza y termina con el Capitán Médico Don Antonio Vallejo. Y figurando en dicha relación el Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar, lo traslado á V.E. con inclusión de la Medalla y Diploma correspondiente para entrega al interesado que tiene su destino en el Hospital Militar de esa Plaza. Y yo lo hago á V.S. con inclusión de los citados documentos á los propios fines . Lo que tengo á gusto de trasladar á V. para su conocimiento y satisfacción con inclusión de Medalla y Diploma de referencia. Dios guarde á V. muchos años. Málaga 21 de Enero de 1921. El Director.: Victor G. Iparraguirre. - Rubricado - : Señor Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar. "&lt;br /&gt;Con el presente oficio recibida carta del Excmo. Sr. Don Emilio Mª de Torres Secretario particular de S.M. y con la nota adjunta, caja con la medalla de referencia. La carta dice:&lt;br /&gt;"Palacio Real de Madrid 10 de Diciembre de 1920.&lt;br /&gt;Señor Don José Romero y Aguilar.: Mí querido amigo: Su Majestad el Rey nuestro Señor (Dios lo guarde), se ha dignado ordenarme remita á Vd. en su Real nombre la adjunta Medalla y Diploma de la Reconnaissance Française que el Gobierno de la República Francesa ha concedido á Vd. como recompensa por sus servicios al desempeñar la misión que le fué confiada por el Gobierno de Su Majestad Católica como Visitador de Campamentos de prisioneros de guerra franceses, de Campos de concentración y de Hospitales en Alemania. Me ordena igualmente Su Majestad que con este motivo trasmita á Vd. Sus felicitaciones por esta merecida y preciadísima distinción que acaba de recibir. Al dar cumplimiento al Regio mandato me es grato reiterarme de Vd. afectísimo amigo y s.s. q. b. s.m.: E. Mª de Torres: Rubricado."&lt;br /&gt;(Nota: No habiendo recibido más que la Medalla de que se trata, pero no el Diploma á que hacen referencia tanto el oficio del Capitán General como la carta del Secretario de S.M., con fecha 27 oficio al Director del Hospital acusando recibo de la Medalla pero no del Diploma, por si este documento hubiera sufrido pérdida ó extravio.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;- Día 3: Recibido oficialmente el Diploma correspondiente á la Medalla de la "Reconnaissance".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLqvZC44eaI/AAAAAAAAAEs/3hMvaYYZf5I/s1600-h/DIPLOMARECON.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLqvZC44eaI/AAAAAAAAAEs/3hMvaYYZf5I/s320/DIPLOMARECON.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240693961206036898" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;- Día 10: Recibida órden y pasaporte para marchar á Antequera al objeto de reconocer al Presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla, residente accidentalmente en aquella Villa, á los efectos de jubilación por imposibilidad física. (Marcha el día 11 por la mañana, cumplimentando el servicio el mismo día en Antequera, regresando á Málaga el día 12 por la tarde). (Hº 100p) (Don Francisco Guerrero Delgado).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;- Día 7: Tres años de antiguedad en la Cruz de San Hermenegildo.&lt;br /&gt;- Día 23: Cumplidos 28 años de servicios día por día; 36 con abono de carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril, Mayo, Junio, Julio y Agosto:  &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;- Día 10 de Agosto: Recibida comunicación del Gobierno Militar de Málaga que dice:&lt;br /&gt;"El Serenísimo Señor Capitán General de la Región me dice lo siguiente: Excmo. Sr. Por el Ministerio de la Guerra, Subsecretaría, 3º Negociado en 19 del actual se me comunica la R.O. siguiente: Excmo. Sr. Por el Ministerio de Estado en R.O. de 14 del mes próximo pasado se dice á éste de la Guerra lo siguiente; De R.O. comunicada por el Sr. Ministro de Estado, y á instancia del Sr. Embajador de los Estados Unidos tengo la honra de remitir á V.E. los adjuntos testimonios de agradecimiento que el Gobierno Americano dedica á los Jefes y Oficiales del Ejército Español cuyos nombres figuran en la adjunta relación: Dew R.O. lo traslado á V.A.R. para su conocimiento, siendo adjuntos los correspondientes al Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar y Capitán de Artillería D. José Carranza Gomez: Lo que traslado á V.E. con inclusión del testimonio correspndiente al Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar, á sus efectos, sirviéndose acusarme recibo: Y yo lo hago á V.S. con iguales fines: Dios Guarde á V.S. muchos años. Málaga 9 de Agosto de 1921. Manuel Montero. Sr. Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar."&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El testimonio dice:&lt;br /&gt;"February 9,1921. Colonel: - It affords me great pleasure to express and officially to record the high appretiation of the War Department of the Goverment of the United States for the valuable services wich you rendered with the consent of your Goverment during the years of 1917 and 1918, in caring for the interest of American prisoners of War in Germany and in the alleviation of their condition. These good offices were always performed with a fidelity wich left nothing to be desired and with a humanitarian interest wich not only exemplified your benevolence but also was in keeping with the high and chivalrie tradition of your army. I desire to take this opportunity personally to express to you my own appretiation and to extend to you my own sincers thanks. Cordially yours (firma ilegible) . Lieutenant Colonel José Romero Aguilar. Medical Corps Spanish Army. Madrid."&lt;br /&gt;La traducción del anterior documento es:&lt;br /&gt;"Coronel: Es para mí un gran placer expresar de un modo oficial y hacer constar la alta apreciación del Ministerio de la Guerra de el Gobierno de los Estados Unidos por los valiosos servicios que con la autorización de vuestro Gobierno prestasteis durante los años 1917 y 1918, al tomar á vuestro cargo los intereses de los prisioneros de guerra americanos en Alemania y el alivio de su condición. Estos buenos oficios fueron siempre ejecutados con una fidelidad que nada dejó que desear, y con un interés humanitario que no sólo dió muestra ejemplar de vuestra personal benevolencia, sino también el mantener del modo más elevado las caballerescas tradiciones de vuestro Ejército. Yo quiero aprovechar esta oportunidad para&lt;br /&gt;expresaros mí propia estimación y haceros extensivo mí propio agradecimiento. Vuestro cordialmente (firma). Teniente Coronel José Romero Aguilar, Cuerpo de Sanidad del Ejército Español. Madrid".&lt;br /&gt;- Día 9 de Agosto en adelante: Presto servicio en la Jefatura del Hospital Militar. Clínicas de la Cruz Roja y Parque Sanitario, y Clínicas del Hospital Civil, á cargo de Sanidad Militar, que albergan heridos y enfermos evacuados de Melilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: - Día 1: Servicio Hospital Militar. Cruz Roja y Parque Sanitario, Hospital Moble, servicio heridos y enfermos.&lt;br /&gt;- Día 17: Recibido R. Lª. de Subinspector de 2ª del Cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: - Día 1: El mismo servicio que el anterior.&lt;br /&gt;- Día 18: Recibido oficio del Jefe de Sanidad Militar que dice:&lt;br /&gt;"El Excmo. Señor General Gobernador Militar de esta Plaza en oficio nº 9836 de 15 del actual mes dice lo que sigue: El Serenisimo Señor Capitán General de la Región en escrito de fecha 11 del actual dice: Excmo. Señor: Por el Ministerio de la Guerra, Subsecretaría tercer Negociado en 30 del anterior se me comunica la R.O. siguiente: Srmo. Señor: De R.O. remite á V.A.R. adjuntos títulos é insignias de la Orden de la Corona con que han sido agraciados por el Gobierno de Bélgica el Teniente Coronel Médico Don José Romero Aguilar y el Capitán de Artillería Don José Carranza Gomez para su entrega á los mismos debiendo estos remitir directamente al Ministerio de Negocios Extranjeros el recibo de dichos títulos é insignias una vez cumplidas las formalidades que en él se exigen: Lo que traslado á V.E. con inclusión de título é insignias que se citan correspondientes al Teniente Coronel Médico D.José Romero Aguilar en cumplimiento á los fines que se previenen. - Lo traslado á V.S para su conocimiento con inclusión de los títulos y cruz, sirviéndose acusarme recibo. Y yo lo hago á V. para su satisfacción, con inclusión de el título y cruz referidas. Dios guarde....... etc. Málaga 18 Octubre de 1921.  El Jefe de Sanidad. Victor G. Iparraguirre. - Rubricado - Sr. Teniente Coronel Médico d. José Romero Aguilar."&lt;br /&gt;Recibida con la comunicación anterior la carta que á continuación se copia:&lt;br /&gt;"Ministère des Affaires Etrangéres. Direction O. nº 3292. 3 anexes. Burxelles le 29 Juillet 1921 . Monsieur le Lieutenant Colonel. Il a plu au Roi, mon Auguste Souverain, de vous conferer, sur la propositión de Monsieur le Ministre de la Défense Nationale et sur la mienne, la croix D'Officier de l'Ordre de la Couronne. J'ai l'honneur de vous faire parvenir sous le pli, les insignes de l'Ordre, une copie authentique de l'arreté royal en date du 17 Mars 1921 qui vous accorde cette distinction, ainsi qu'un récipissé que je vous prie de vouloir bien me restituer complété et signé. Agréez, Monsieur, avec mes felicitations, l'assurance de ma consideration trés distinguée. Pour le Ministre. Le Directeur Général. A.de. Riddez. Monsieur José Romero Aguilar, Medicin Lieutenant-Colonel de l'armee espagnole."&lt;br /&gt;Acompaña á esta carta el título y la cruz que se menciona y el recibo que firmado devuelvo directamente por correo certificado al Director General Riddez en Bruselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: Servicio Hospital Militar y  Demon. Centro de campaña en Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: Lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.922&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero: Servicio Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Lo mismo. (29 años día por día).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: Lo mismo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: Lo mismo.  Día 20: Presento instancia al Rey, para que en analogía de los casos resueltos á favor de otros Jefes y Oficiales Médicos por RR.OO de 9 de Julio de 1919 (D.O. nº 153), 18 Enero 1921 (D.O. nº 16)  y 14 de Octubre 1921 (D.O. nº 231), se me conceda el cómputo de tiempo servido en Alemania para extinguir el plazo forzoso en los destinos de Africa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Junio á Octubre: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servicio Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: - Día 6: Recibido oficio siguiente:&lt;br /&gt;"Hospital Militar de Málaga. Dirección Nº 4.158. El Excmo. Señor Inspector de Sanidad Militar de la segunda Región en escrito nº 4183 de fecha 4 del corriente, me dice lo siguiente: El Excmo. Señor Capitán General de esta Región en escrito, Sección de Estado Mayor Negociado 1º de fecha 3 del actual me dice: Excmo. Señor: Por el Ministerio de la Guerra, Sección de Sanidad Militar en 27 de Octubre último se me comunica la R.O. siguiente.:  Srmo. Sr. Vista la instancia  cursada por V.A.R. á este Ministerio en 12 de Junio último promovida por el Teniente Coronel Médico D.José Romero Aguilar, en súplica de que el tiempo que permaneció en Alemania formando parte de la Comisión Inspectiva de Campamentos y protección de prisioneros de guerra, según R.O. comunicada de 6 de Octubre de 1916, se le computa para extinguir el plazo forzoso de permanencia, cuando le corresponda destino en Africa, teniendo en cuenta los señalados servicios prestados por el recurrente en la referida Nación, los riesgos y privaciones sufridos y la analogía con el caso resuelto por R.O. de 4 del actual (D.O. nº 225) para el Comandante Médico Don Alberto Blanco Rodriguez, el Rey (q.D.g) ha tenido á bién acceder á lo solicitado por el recurrente. De R.O. lo digo á V.A.R. para su conocimiento y demás efectos. Lo que traslado á V.E. para los efectos correspondientes, consecuentes á su escrito del 9 del pasado Junio. Lo que traslado á V.S. para su conocimiento y satisfacción del interesado. Y yo lo hago á V. para el suyo y fines consiguientes. Dios guarde á V. muchos años. Málaga á 6 de Noviembre de 1922. El Coronel Médico Director. Victor.G. Iparraguirre. - Rubricado - Señor Teniente Coronel Médico, Jefe de Servicios de este Hospital Militar, D.José Romero Aguilar. ".&lt;br /&gt;Con esta fecha, 6 de Noviembre,  presento papeleta de petición de destino para mí próximo ascenso y ocasión de vacante; pidiendo sólo &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Hospital Militar de Málaga&lt;/span&gt;, conservando el recibo de la papeleta.&lt;br /&gt;- Día 22: El el D.O. nº 263, y con esta fecha, aparece un R.D. que abona la tercera parte del tiempo á los encargados de la vista de inspección de campamentos de prisioneros de guerra, á contar desde la fecha de incorporación hasta fines de Febrero de 1919, y ordenado se anote dicho abono en las respectivas hojas de servicio. Siendo la fecha de mí incorporación en 8 de Noviembre de 1916, hasta Febrero de 1919, me corresponden 27 meses y 20 días, ó sea 9 meses y 7 días de abonos de campaña (Con esta misma fecha escribo particularmente al Secretario de la Inspección D.Bernabé Cornejo, solicitando se me anote el citado abono en mí hoja anual del presente año).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: Servicio en el Hospital.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.923&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Enero: - Día 14: Recibido oficio de la Inspección S.M. de la 2ª Región para que remita relación jurada del tiempo servido en Comisión en Alemania, que remito con fecha 15.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: Servicio en el Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: Lo mismo. 5 años de antiguedad en la Cruz de San Hermenegildo.&lt;br /&gt;- Día 14: Firmada la hoja anual de 1922 en la que estan anotadas las RR.OO de cómputo de tiempo para servicio forzoso en Africa y abono de la 3ª parte de tiempo servido en Comisión en Alemania (No se indica el nº de meses y días).&lt;br /&gt;- Diá 23: Cumplo 30 años de servicio día por día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abril: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servicio en el Hospital Militar de Málaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 9: Ascendido á Coronel por R.O. de 6 de Abril de 1923 (D.O. nº 76), con antiguedad de 14 de Marzo anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 10: Con esta fecha hago entrega de la Jefatura de servicios al Comandante Médico D.Eduardo Ramos Ordoñez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 21: Recibida carta reservada del Inspector Jefe de la Sección, Sr. Perez Minguez preguntándome si me conviene el destino de la Dirección del Instituto de Higiene y ofreciéndome favorecer mí candidatura. Contestado telegráficamente aceptado el ofrecimiento, y escribo por correo confirmando el telegrama exponiendo mis débiles conocimientos para desempeñar cumplidamente, á mí juicio, dicho cargo. Recibida segunda carta del Inspector en la que me dice suspende por el momento toda gestión de dicho destino para resolverlo más adelante. Siguió correspondencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Día 27: Por R.O. de esta fecha (D.O. nº 94) paso destinado á la situación de disponible en la segunda Región.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayo: - Día 1: Revista en Málaga como disponible. Enviado justificante (en pliego oficial por el Hospital) al Jefe de la Pagaduria militar de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junio:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;/span&gt;- &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Día 1: Revista en Málaga como disponible.&lt;br /&gt;- Día 18: Recibido escrito particular del Secretario de la Inspección de la 2ª Región, indicándome debo enviar mí partida de casamiento legalizada para subsanar esta omisión que existe en mí hoja de servicios, lo cual hago el día 19 enviando oficialmente dicho documento por conducto de la Jefatura de Sanidad Militar de la Plaza.&lt;br /&gt;- Día 26: Recibida nota oficiosa de la Secretaría de la Inspección de la 2ª Región, comunicándome que con fecha 23 y escrito nº 1799 se ha cursado al Consejo Supremo de Guerra y Marina mí partida de casamiento, cuyo Alto Cuerpo deberá acusar recibo á la Capitanía General de la 2ª Región donde actualmente, por mí destino de disponible radica hoy mí documentación. De todos modos, tengo que esperar á leer mí hoja anual del presente año 1923 y fijarme si está consignado dicho dato en la 1ª subdivisión y en la 5ª mí condición de casado. Si no lo estuviera reclamar verbalmente al Jefe oportuno que envie la hoja anual, que lo hará á la Oficina de procedencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agosto: - Día 1: Revista en Málaga como disponible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Septiembre: - Día 1:  &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Revista en Málaga como disponible.&lt;br /&gt;- Día 30: Destinado al Hospital Militar de Granada como Director (Art.5) R.O. de 28 de Septiembre de 1923 (D.O. nº 216).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Octubre: - Día 1: Revista en Málaga en expectación de pasaporte; remitido justificante á Sevilla en pliego oficial de Málaga.&lt;br /&gt;- Día 8: Recibido pasaporte de fecha 6 en Sevilla.&lt;br /&gt;-Día 11: Salida Málaga, llegada Granada por la tarde.&lt;br /&gt;- Día 12: Presentación en el Gobierno Militar.&lt;br /&gt;- Día 13: Orden del la Plaza hacioéndome  &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;cargo del destino y dando cuenta de ello á la Superioridad. El mismo día recibido oficio del Inspector de la 2ª Región, trasladando el del Capitán General, que me dice:&lt;br /&gt;"Excmo. Sr. según me particípa el Excmo. Sr. General Secretario del Consejo Supremo de Guerra y Marina en comunicación del 27 del anterior se ha recibido y archivado en el mismo, certificado de inscripción en el Registro Civil de casamiento canónico celebrado entre Don José Romero Aguilar, Coronel Médico y Doña Maria Isabel Abarrategui Pontes.  Lo que ... etc. etc..&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;9 Octubre en Sevilla ".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noviembre: - Día 1: Revista Hospital Militar de Granada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diciembre: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; - Día 1: Revista Hospital Militar de Granada.&lt;br /&gt;- Día 7: Caigo gravemente enfermo y me doy de baja para el servicio oficialmente el día 22 del actual, solicitando del General Gobernador de la Plaza reconocimiento facultativo para licencia. Hecho éste y solicitado licencia del Capitán General, dos meses para Málaga. (En esta situación finalizo al año; la instª, pasivamente informada según noticias particulares salió de la Inspección el día 30. El día 9 de Enero y previo permiso del Gral.Gobr. y E.M. de Granada, emprendo la marcha á Málaga, donde esperaré la licencia oficial y oficiaré á Sevilla y demás que empiezo á hacer uso de la misma).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Año 1.924 &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enero:&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;- &lt;/span&gt;Día 1: Situación: Presente en mí destino de Granada y dado de baja oficial para el servicio. El día 9 emprendo la marcha á Málaga, empezando á hacer uso de la licencia particularmente con autorización del Gobierno Militar de Granada.&lt;br /&gt;- Día 15: Recibido un oficio suplicado de la Dirección acctal. de Granada con esta fecha en la que se me comunica que con fecha 10 del actual me han sido conferidas por el Excmo. Sr. Capitán General los dos meses de licencia solicitados. Contesto oficialmente anunciando, para los fines consiguientes, que el día 25 del actual empezaré á hacer uso oficialmente de la licencia.&lt;br /&gt;- Día 25: Oficios á la Dirección de Granada que empiezo á hacer uso de licencia, y día 26 oficio á Jefatura de Sanidad de Málaga diciendo he llegado á esta Plaza con dos meses de licencia por enfermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Febrero: - Día 1: Revista en Málaga. Dos meses de licencia por enfermo. Paga cobrada en Granada; gratificación abonada al T.Coronel D.Domingo Casna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marzo: - Día 1: Revista en Málaga con licencia por enfermo (2 meses). Cobrada paga en Granada, igual mes anterior.&lt;br /&gt;- Día 22: Oficio al Gobernador Militar de Málaga solicitando reconocimiento para prórroga de licencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí finaliza la hoja de servicios de mí abuelo, la gravedad de su enfermedad le impidió continuar sus detalladas anotaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Falleció el 19 de Junio de 1.924 á la edad de 57 años.&lt;br /&gt;( 12 de Septiembre de 1.866 - 19 de Junio de 1.924).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLrkaJVMZlI/AAAAAAAAAFE/7ordnkI_NZo/s1600-h/Scan17.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLrkaJVMZlI/AAAAAAAAAFE/7ordnkI_NZo/s320/Scan17.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240752254231537234" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;                                                        &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mi abuelo:  José  Romero  Aguilar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLrlAdffNyI/AAAAAAAAAFM/uJ1t8NcntqI/s1600-h/Scan19.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RBSv7JdGG5g/SLrlAdffNyI/AAAAAAAAAFM/uJ1t8NcntqI/s320/Scan19.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240752912478451490" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mi abuela: María Isabel Abarrategui  Pontes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/445530617821665582-8291285868231264496?l=federico-romero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://federico-romero.blogspot.com/feeds/8291285868231264496/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=445530617821665582&amp;postID=8291285868231264496' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/8291285868231264496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/445530617821665582/posts/default/8291285868231264496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://federico-romero.blogspot.com/2008/07/84.html' title='RENDICION MARIANAS'/><author><name>federico</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00037866427259958103</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_RBSv7JdGG5g/SHpLNg9g7_I/AAAAAAAAAA8/ulJ82LFaZCM/s72-c/FILIPINAS002.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
